El puente de “El Cueche”

Por: Pablo Emilio Obando Acosta

Para Jesús Aurelio Jojoa, citado en la biblioteca virtual “Luis Ángel Arango”, -Tomo IV – Vol. 1 Geografía Humana de Colombia-   “El cueche es el mismo arco iris, hay dos, el blanco y el colorado, el cueche blanco permanece en el solo en la luna cuando está en ocho de luna, entonces es peligroso, lo envuelve ese cueche y le llena de granos el cuerpo, hay que saber curar eso. Cuando comienza a paramear se dice que es peligroso, está miando el cueche”. En la mitología nariñense, como lo expresa este campesino de la región andina, El Cueche es el mismo Arco Iris, que se presenta, según las circunstancias, para brindar alivio y seguridad o, por el contrario, para producir males y enfermedades. Según los pueblos,  las culturas y las mismas regiones “el cueche o Arco Iris, cuando está bien formado y al mismo tiempo está lloviznando, se dice que el cueche está “miando” y si una persona se hace dar de esa llovizna se enferma, especialmente los niños no deben salir en ese momento, cuando eso se les ocurre aparecen con brotes en el cuerpo y rasquiña que solo se curan con plantas medicinales. Es mucho más grave si la persona por casualidad o sin darse cuenta ha pisado el lugar donde nace El Cueche muy pronto el cuerpo y principalmente los pies se llenan de llagas hasta que el enfermo muere”.  En contraposición, el “Cueche Blanco” es generoso, amigable, divertido y desprendido al extremo de entregar a quien él considere un tesoro invaluable que nace en el preciso lugar donde nace el Arco Iris.

El Cueche es un referente geográfico, cultural y mitológico en muchas poblaciones del departamento de Nariño.  Es muy común escuchar a nuestros campesinos referirse al Arco Iris como El Cueche y he visto en algunas partes de nuestra geografía a niños y ancianos perseguir con su mirada y en la distancia el lugar donde, para ellos, se esconde un rico tesoro custodiado por este personaje en espera de alguna señal que les permita apoderarse del rico contenido de una olla de barro repleta de oro, joyas y diademas de toda clase.  No falta el testimonio de aquellos que afirman haber sido engañados por este simpático personaje que después de hacerlos bailar, cantar, aplaudir y reír les entrega una simple vasija de barro llena de excrementos de animales.  O la guapa campesina que embelesada en sus cantos y canciones se deja seducir para luego perder la calma y el juicio y únicamente recuperarlos en presencia de este mítico personaje.

Es mucho lo que se puede escribir y decir de El Cueche y, como un homenaje a su presencia en nuestra historia y en relatos regionales, sería interesante rendirle un tributo  en uno de los sitios más visibles de Pasto como el puente de San Vicente, malquerido por unos, ignorado por la mayoría de pastenses  y punto de obligada referencia cuando  se trata de designar una obra no apreciada. A tal punto que se le buscan remoquetes que a punta de repetirse nos lo vuelven feo, hosco y poco convencional.  Pero la realidad es que no es un puente feo, al contrario, su estructura nos permite pensar que puede convertirse en un punto de referencia regional tan solo con pintar su estructura con los colores del Arco Iris y designarse con el nombre de “El Cueche”, Se constituiría en un libro abierto para propios y extraños que mirarían en sus colores al mismo Cueche custodiando a la ciudad de Pasto bajo la mirada tutelar del Volcán Galeras.

Es necesario recuperar en el sentido sicológico y urbanístico este puente y cambiar ese imaginario popular y colectivo que nos genera rechazo y sensaciones poco agradables que inciden notoriamente en la sicología colectiva de nuestro pueblo.  Esperamos el pronunciamiento de la administración municipal, de los colectivos culturales, de la ciudadanía, de los medios de comunicación, pero principalmente, de nuestra Secretaría de Cultura Municipal.  Espacios como estos deben aprovecharse brindando la posibilidad de difundir de una manera original y novedosa la cultura y la mitología de nuestros pueblos.  Así, no solo educamos, al mismo tiempo cambiamos ese imaginario popular que se alimenta diariamente de odios y rechazos que para nada contribuyen con los verdaderos deseos de un cambio cultural.

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