¿El reencauche de las convivir?

Por: Tirso Benavides Benavides

En los últimos días han venido sucediendo una serie de acontecimientos que en apariencia parecen aislados, pero que si son analizados en conjunto y en el contexto actual, son una preocupante señal de que el país está volviendo al pasado, a sus tiempos más oscuros, tiempos de las Convivir. Y es que estos hechos confluyen conformando un marco ideal para revivir esta figura que en nombre de la seguridad organizó y armó a civiles y que fue el origen del paramilitarismo con toda su estela de crímenes.

Primero salieron a la luz pública los pronunciamientos del senador del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, en una reunión sostenida con miembros de su partido en la costa Atlántica. En dicho encuentro el expresidente se mostró a favor de una mayor “flexibilidad” en el acceso a permisos para el porte de armas y afirmó: “hay un gran reclamo ciudadano. La gente del Cesar, y anoche me lo dijeron en privado, ya amenazó con armarse ilegalmente”. Por otra parte manifestó que “sin cooperantes no hay política de seguridad” sin ocultar su añoranza por esas redes de civiles que él impulsó desde la Gobernación de Antioquia.

Días después, el 5 de febrero, el Gobierno radicó ante el Congreso las bases del Plan Nacional de Desarrollo en donde el objetivo 12 del componente  “Seguridad, autoridad y orden para la libertad: Defensa Nacional, seguridad ciudadana y colaboración ciudadana”, habla de una Red de Participación Cívica con el fin de garantizar los derechos de las personas y las comunidades, prevenir el delito y fortalecer la respuesta del Estado.

Cito el texto: “Con el liderazgo del Gobierno nacional, y con el concurso activo de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, se impulsará la creación de una Red de Participación Cívica, como una red viva, un canal de comunicación permanente entre ciudadanos y autoridades. Dicha Red será multipropósito. Si bien será útil para enfrentar a la delincuencia, su objetivo comprende acciones de diversa índole como la prevención y atención de desastres, la movilización solidaria ante circunstancias que se requieran, la alerta temprana ante situaciones que los ciudadanos consideren potencialmente peligrosas.”

Resalto algunos aspectos claves. En primer lugar que su organización estará a cargo de la Fuerza Pública, y que a pesar de definirse ambiguamente como multipropósito su fin principal es la seguridad. Así se confirma a renglón seguido en el mismo Plan que asegura que esta Red será un mecanismo para conocer en tiempo real las preocupaciones de los ciudadanos en asuntos de seguridad.

Una Red de Participación Cívica, basada en la solidaridad ciudadana para combatir el delito y contribuir con el Estado en temas de seguridad suena bien en el papel, al igual que las Convivir, pero ya sabemos que esa historia no tuvo un final feliz.

En la situación actual, con un Gobierno que anunció desde elecciones que volvería trizas los acuerdos de paz y que ha arreciado su discurso guerrerista de mano fuerte a raíz del ataque perpetrado por el ELN a la Escuela de Policía en Bogotá, estos hechos no dejan de ser preocupantes y se convierten en una señal de alerta para que la ciudadanía cierre filas en contra de esta iniciativa que constituye un retroceso desde todo punto de vista, especialmente en lo que toca a la legitimidad del Estado y el respeto de los derechos humanos.

La defensa, la seguridad y el monopolio de las armas son funciones y facultades que deben estar en cabeza del Estado, el cederlas a los particulares debilita la institucionalidad, muestra la incapacidad estatal para cumplir sus fines y lo peor de todo genera poderes alternativos, sin controles efectivos, que son proclives a abusar y a vulnerar los derechos de quienes piensan distinto, mucho más si su accionar está respaldado por armas.

Dicen que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, y eso parece ser lo que sucede en este asunto. Aunque creo que en el caso de Colombia, más que un desconocimiento del pasado reciente, existe un sector de la sociedad en el que prefieren hacerse los ciegos ante la realidad y justificar toda clase de abusos en nombre de una seguridad que nunca llegará por la vía del conflicto.

Amanecerá y veremos.

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