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El sector Turístico en el pacífico y el posconflicto.

El pacífico en el posconflicto se convierte en una zona atractiva para impulsar el sector turístico. Sin embargo, existen situaciones que se deben resolver.

Siempre cuando se habla de turismo se hace referencia a la benevolencia de este sector frente al desarrollo del país, por lo general se toca el tema de forma superficial y se concluye que el turismo es una buena alternativa.  Sin embargo, se puede observar que genera muchas tensiones profundas entre desarrollo y protección, mercantilización y vida cultural, territorialización y ocupación, poder hegemónico y resistencia indígena/afro, y entre estado y nación. Temas que no se han resultado y complejiza la adopción del turismo. Igualmente, el turismo puede ser perverso como el que se promociona en Medellín para conocer la historia de Pablo Escobar, o el Turismo Sexual o de drogas en la hermosa Cartagena.

En el pacífico el análisis es más interesante, teniendo en cuenta que en los últimos años se recrudeció la violencia  y los actores armados ilegales siguen luchando territorialmente por intereses económicos y políticos. Además existen dificultades de conectividad y comunicación con muchos sitios turísticos,  debido al olvido estatal,  y también es evidente la ausencia de inversión pública suficiente para garantizar los bienes públicos mínimos. Igualmente, existe una debilidad institucional y técnica para la gestión y ejecución de proyectos. Finalmente, cómo en todo el país, se han presentado hechos de corrupción local y regional que en un contexto de escases de recursos públicos se agrava el daño para las comunidades que habitan esta zona.

Luego del acuerdo de paz con las FARC, lo cual se promocionaba como la concreción y  confirmación de la posibilidad de acceder a todas las regiones, en algunos municipios como  Tumaco las cosas son distintas. En plena época turística de Semana Santa se vivió una confrontación  con cultivadores de coca que no permitió el libre tránsito hacia el puerto. Además la guerra entre  actores ilegales por el espacio dejado por las FARC, que el Estado no ha podido ocupar, han dejado más de 70 homicidios en lo corrido del año, lo cual ha generado una crisis de seguridad e impacto negativo en la apuesta en este sector. A pesar de esto, existe un grupo de hoteleros y empresarios que han persistido y han exigido medidas para solucionar estos problemas. Además han asumido los costos económicos por estos hechos.

En este sentido, el discurso de la paz y tranquilidad expresado en posibilidades turísticas a nivel país, es diferente en algunas regiones, de hecho es todo lo contrario, la violencia sigue persistiendo entre agentes al servicio del narcotráfico y  asesinatos selectivos a líderes sociales. El reto aquí es cómo generar un turismo que permita brindar la transición de la guerra a la paz y que permita su apropiación desde las comunidades. Cómo comunidades se convierten en actores de desarrollo pasando de lo ilegal a lo legal. El desafío es gigante porque exige al estado unas acciones concretas y efectivas. En estas zonas periféricas, el turismo puede convertirse en una posibilidad que permita la construcción de paz territorial.

Aquí se debe demostrar que la riqueza cultural, social y natural de esta zona puede generar escenarios de construcción de nación y estado.  Si bien los problemas sobrepasan las capacidades locales y regionales, es desde estas instancias que se debe promover, promocionar y proponer políticas, en este caso turísticas, con el apoyo del gobierno nacional, con el fin de incidir e impactar en estos territorios. Finalmente, un turismo con procesos participativos e incluyentes, con reglas claras y aprobadas por las comunidades de base, vendría a prosperar y convertirse en una alternativa a la ilegalidad.

 

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