El teléfono roto

La burocracia

La estructura organizacional de cualquier ente público o privado está sostenida en dos pilares: jerarquía y comunicación. La perfección de esta estructura se logra cuando se crea la burocracia, ya que con ella se definen los reglamentos, especifican las tareas a cumplir, y establecen los procesos.

Un sociólogo alemán afirmó que “la burocracia es la más grande invención social del hombre”. En los países desarrollados han obtenido grandes éxitos y quizás las perspectivas de cambiarla se demoren en muchos años, pero, en el medio colombiano, burocracia es sinónimo de papeleo, ineficiencia, demora, interés político, es decir, no hemos sabido interpretar ni aplicar de manera correcta el verdadero significado.

En nuestro ámbito nacional y regional es obvio que están dadas las condiciones para que funcione la burocracia, por lo menos en el papel. En la burocracia pública el problema se presenta cuando se deshumaniza a las personas de la organización, y los convierten en seres anodinos con funciones: llevar y traer el documento; revisar; poner el sello; controlar, y  ordenar. Algunos interpretan la orden de manera literal; otros la adaptan a su conveniencia, y muchos hacen con ella lo que les da la bendita gana.

Problemas de comunicación

Hay ejemplos históricos que demuestran  cómo la gente cumple con la orden a su manera: La sumisión de la India como colonia inglesa en 1756, se debió a la interpretación literal de un subalterno a la orden de su jefe Hindú, quien solicitó que “encarcelaran” a 146 ingleses capturados. Como el único lugar disponible era un calabozo con espacio para 10 personas, el subordinado hizo cumplir el mandato, sin medir las consecuencias de la asfixia colectiva. La respuesta de Gran Bretaña fue invadir y tomar el poder en dicho país.

La matanza en My Lai en Vietnam por parte de las tropas de los Estados Unidos en 1968, fue ocasionada por el radioteléfono roto de la comunicación. La primer orden del Cuartel General gringo fue: “Por ningún motivo deben incendiarse los caseríos”. La Brigada retransmitió por radioteléfono al Batallón: “No quemar ningún caserío a menos que estén absolutamente convencidos que están ocupados por el Vietcong”. El Batallón informó por radioteléfono a la Compañía de Infantería que se encontraba en el lugar de la operación:”Si se cree que hay algún guerrillero del Vietcong en el caserío, quémenlo” .Finalmente, el comandante de la Compañía de Infantería impartió la orden a su tropa: “Quemen ese caserío”.

En 1972, el Episcopado colombiano llamó a juicio de responsabilidades al obispo de Buenaventura, Monseñor Gerardo Valencia Cano, a quien la iglesia colombiana lo apodaba el Obispo Rojo, por seguir la línea reformista que predicaba el obispo Helder Cámara de Brasil. Fiel a su manera de ser, Monseñor Valencia Cano obedeció al llamado del Episcopado en Bogotá, viajó y les desarmó todas las acusaciones en contra. No obstante, la consigna era sacarlo a la brava de Buenaventura, pero, “El Hermano Mayor” no acató la orden, y tomó una avioneta que lo trasladara a su sitio donde estaban los feligreses que tanto lo querían. En el vuelo de regreso, el avión se estrelló contra una montaña del Pacifico, y Gerardo Valencia Cano perdió la vida.

La contraorden en el Pacifico sur

La historia narra que hubo un sinnúmero de órdenes de trabajo que fueron cambiadas en nuestra región sin medir las consecuencias:

En Buenaventura, en el año 1939, fue construido el edificio del Palacio Nacional de la Registraduria que había sido diseñado para las instalaciones en Tunja. Nadie sabe quién cambió los planos arquitectónicos para que se edificara en el caluroso clima del puerto, y desde entonces los funcionarios sudan copiosamente.

      En 1941, en el parque principal de Buenaventura, los honores al general Simón Bolívar se los ganaba el general Santander, porque las placas distintivas de sus estatuas estuvieron trastocadas mucho tiempo, debido a la pugna interna de los concejales del puerto. Para dirimir el conflicto algún político ordenó retirar la de Bolívar, y dejaron la Santander, quien todavía permanece detrás del Concejo municipal pero sin su espada, que presuntamente fue vendida en una chatarrería local.

En 1947, a raíz del pavoroso incendio que azotó a Tumaco, el gobierno nacional en cabeza del presidente Mariano Ospina Pérez elaboró la Ley 48 del 47 que denominaron “La reconstrucción de Tumaco”, la cual incluía entre las innumerables obras civiles a ejecutar la del terminal marítimo y el acueducto. Unos meses atrás había sido diseñado para que operara el terminal en la zona aledaña al sector del antiguo Tranco o Bavaria, en donde la bahía siempre ha tenido un buen canal navegable, y se alcanzaron a instalar pilotes para el muelle. Pero, el político de turno, influyó en el gobierno central y se dio una contraorden.

Entonces, el terminal marítimo fue construido en la isla del Morro, en donde el canal navegable se seca debido a que esa zona del mar desembocan algunos brazos de los ríos que vienen de la selva, y que con sus sedimentos impiden navegar barcos de cierto calado.

En 1976, en la región del Rio Naya, para complacer al jefe político de ese entonces que quería congraciarse con la población, se construyó en pleno parque central una fuente luminosa de agua. Lo insólito fue que si se cumplió la orden del político, pero, no se percataron de la falta de  acueducto y energía.

Muchos años después, en 1988, en Tumaco construyeron tres tanques elevados para almacenar el agua y dar presión a la conducida por el acueducto. En represalia porque el puerto llevaba 24 días sin agua potable incendiaron el edificio de la Alcaldía Municipal que se llamaba “El Vaticano”. Fue entonces cuando tomaron la insólita decisión de hacer funcionar la administración municipal desde uno de los tanques de agua ubicado en la cancha de futbol de San Judas.

La organización ideal

No obstante, la burocracia sigue siendo el primer modelo de estructura organizacional, a pesar de haber ensayado en la China Socialista de Mao Tse-Tung que se podía trabajar con la anti burocracia: Uniformes y símbolos iguales para todos los trabajadores y empleados; nada de jefe sino camarada; las decisiones eran compartidas, y no había diferencias de clases ni de sexos para los colegios y universidades. Durante un tiempo funcionó este tipo de administración compartida, pero el desarrollo tecnológico y el auge de la economía mundial hizo que China olvidara este sistema operativo y, hoy es un régimen capitalista con todas las fallas que este conlleva.

Cualquier tipo de organización estará burocratizada debido a que siempre habrá quien ordene, quienes deben cumplir, y existirá un conducto regular para ejecutarlas. En nuestro país es muy difícil aplicar la burocracia estatal ideal porque somos indisciplinados, holgazanes, mamadores de gallo; heredamos de los castellanos el arte de la venia y la antesala, y por su parte los indígenas y los negros optaron por la desobediencia a la voz del “mandamás”.

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