Escritor tumaqueño, Oscar Seidel Morales, es El personaje 10 del día.

No conozco personalmente a Oscar Seidel, nuestra amistad deviene de nuestro interés común por el Pacífico; él, desde sus entrañas, ya que por cuna y sangre viene de ancestros tumaqueños, lo cual se avizora con sus sentidos escritos a través de las redes sociales y con sus libros; por mi parte, mi experiencia por casi dos años viviendo en el Pacífico nariñense, recorriendo los 12 municipios que lo conforman, me indujeron a escribir una serie de relatos y unas notas tratando de visibilizar lo oculto y de contextualizar lo que los parcializados medios de comunicación muestran al común de los colombianos. El Pacifico nos une, e hijos de nuestro tiempo, las redes sociales nos han acercado para forjar una amistad desde la palabra y el sentimiento social por un territorio ancestralmente olvidado.

Oscar nació en Tumaco en 1952. Terminó sus estudios de Ingeniero Industrial en la Universidad Tecnológica de Pereira. Se graduó de Especialista en Finanzas en la Universidad EAFIT de Medellín. Se inició como columnista de El País y Occidente de Cali, El Puerto y La Batalla de Buenaventura. Ha sido colaborador de El Magazín El Espectador de Bogotá, de la Tarde y el Diario del Otún.

¿Hasta cuándo me persigues? (2019) La economía es una de las virtudes de Oscar Seidel, esto recuerda la sentencia de la parafraseología popular: lo bueno, si breve, dos veces bueno, ya que el autor desarrolla 44 capítulos en 100 páginas, de tal manera que esa brevedad atrapa al lector de manera inmediata, queriendo seguir la lectura hasta encontrar el desenlace. La novela nos transporta a una ciudad, a un lugar y a unos hechos que no nos son indiferentes: la Cali en tiempos del Cartel. La trama transcurre en un hospital, con un médico que debe enfrentar las infiltraciones de la mafia a su sitio de trabajo, lo cual repercute en su vida privada y, finalmente, en su salud, ya que termina por enloquecer. Los personajes tienen una secuencia maravillosamente lógica y una psicología que termina por singularizarlos, cosa algo difícil en el campo de las letras, sobre todo cuando vemos que la novelística es una incursión reciente en Oscar Seidel.

Es una novela que rompe con los prototipos a los que nos tienen acostumbrados la mala televisión colombiana cuando se trata de llevar obras de la literatura a este importante y abusado medio de des-información; aquí el narcotráfico se vuelve un actor más, siendo las consecuencias las que se relatan en los capítulos, sobre todo la angustia del protagonista, quien termina por volver fantasmas a esas circunstancias, que van más allá de sus propios miedos; ahí ese protagonista subyacente se camufla como parte de la cotidianidad, sus actos son tenidos como comunes, como parte de la vida diaria. Un gran análisis y un aporte literario importante sobre un punto de vista ético respecto al amarillismo y al barroquismo, tan usados en este tipo de narraciones sobre nuestra realidad nacional.

El libro presenta un gran inconveniente: la mala edición con que fue tratado. Entendemos que le corresponde al editor revisar la maquetación de la tripa, es decir revisar si los párrafos quedan en armonía con el libro como conjunto, en este caso los párrafos entrecortados son muchísimos, lo que afecta la lectura y afea el texto de por sí. Encuentro un solo error de estilo, que debió hacer también a su tiempo el respectivo corrector, y es que en el capítulo 12 se repite la descripción de la Enfermera Jefe Elena Cardona; de igual manera, sería bueno revisar el uso de la coma (,) antes de la conjunción “y”, ya que según mi punto de vista se abusa de ella.

En la página 37, renglón 14, debe leerse “hay que trabajar”; en la página 51, último renglón hay que leerse “me va a ocurrir”; en la página 77, el título debe ser “Ciudad Central”; en la página 80, renglón 7, debe leerse “Ciudad Central – dijo el articulista”; en la página 109, renglón 8, debe leerse “larga de enumerar”.

El dulce olor de Puerto Perla (2018). Su primera novela, inaugura el estilo en el uso de la economía de la palabra que emplea su autor, atrapando al lector de manera inmediata en la lectura del texto. La trama transcurre en el puerto de Tumaco, conocida también como “La Perla del Pacífico”, lugar donde la ficción toma cuerpo enmarcado dentro de un clásico de la literatura universal, “La náusea” de Sartre, utilizada más como una antinomia, ya que en Puerto Perla todos tienen conciencia de ese mal olor que termina por ahuyentar a todos sus habitantes, contrario a los burgueses descritos por Sartre, ya que estos terminan por no advertir la realidad que los circunda; al igual que en La Peste de Camus, el autor en la trama pone de relieve la carencia de una moral universal, manifiesta en los politicastros que terminan por desconocer el origen del mal olor, desviando recursos, robando lo poco que hay en los erarios públicos, cuando la verdad la pestilencia emana de sus propios cuerpos, una metáfora de la corruptela que ha acompañado a la mayoría de políticos de Tumaco, de Nariño y de Colombia, por no ir más lejos.

El aislamiento también cobra cuerpo dentro de la esencia de la trama de la novela de Seidel, como una actitud autoimpuesta en primer lugar, quizá una crítica a la endogamia de las castas politiqueras de la región Pacífica nariñense, una actitud que luego se extiende y se impone de afuera, por parte de los gobiernos centrales, una crítica también al mal manejo político que se ha hecho con la región desde Pasto y desde Bogotá; esto, no impide acusar a los habitantes de Puerto Perla, cuya culpabilidad la buscan dentro de los mismos habitantes, especialmente de los pordioseros y menesterosos, cuando la peste finalmente la tienen todos, sin excepción alguna.

La realidad y la ficción se entrecruzan en el detenido y austero relato que hace su autor, no es difícil imaginar las críticas que van y vienen detrás de los escenario y los personajes que Seidel maneja con atinado acierto, no en vano en uno de los capítulos se señala que las tres catástrofes que ha padecido Puerta Perla son los incendios, el tsunami y el actual Personero, tres verdades manifiestas dentro del historial para quienes husmeamos y curioseamos los anaqueles del pasado del territorio narrado, donde convergen comerciantes usureros, guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes, sin que se excluyan entre sí, para finalmente quedar las islas desiertas, esperanzados con que la briza marina termine por eliminar la pestilencia de los seres humanos.

Es un libro bellamente editado, muy bien cuidado, entendiendo que el libro como objeto tiene que decirle también algo al lector. Este libro logra un total equilibrio entre forma y contenido, que realmente da gusto leerlo y releerlo.

Max Seidel. El pedagogo alemán (2017). Aquí Oscar Seidel actúa como compilador de una serie de artículos de diferentes autores y una recopilación de datos tomados de entrevistas y de testimonios de quienes conocieron al profesor Max Seidel. Lo anterior da pie para que el texto no tenga una linealidad en su conjunto, la intensidad fluctúa mucho y la lectura toma diferentes matices. Considero que hubiese sido mucho mejor tomar todos esos textos y agruparlos desde un solo relato o una sola crónica bajo la óptica y la pluma de su autor, que ha dado muestras de originalidad en los temas, pulcritud en el lenguaje y tino en las descripciones.

José María Obando Garrido escribe el texto titulado El pedagogo alemán, donde se hace una descripción de la vida del profesor Max y del territorio que lo acogió; el lenguaje es un tanto anquilosado, con un barroquismo que a veces cuesta digerir y con el uso del conservadurismo del lenguaje que parece desatinado para estos tiempos. Hay un párrafo que se presta a equívocos, dice en la página 14: “Tumaco en la independencia entregó la vida de dos héroes al altar de la Patria: Rosa Zarate de Peña y Nicolás de la Peña”, es necesario aclarar que estos dos patriotas, fusilados en Tumaco el 4 de julio de 1813, son de origen quiteño, y que habían huido de ahí perseguidos por Toribio Montes, acusados de favorecer la llamada Revolución de los Marqueses y de formar parte de los conjurados a favor de la Independencia de España. Sus cabezas fueron cercenadas, conducidas a Quito y sus cuerpos enterrados en la Iglesia de Tumaco, donde suponemos aún deben reposar.

De José Rivera Posada se toman dos largos fragmentos de la novela Pelea de tiburones (2010). Contrario al estilo de Oscar Seidel, breve y diciente, estos textos son largos y algo tediosos, sobre todo el segundo, donde se narra el idilio que surge entre el pedagogo alemán y quien sería luego su esposa, Emma Márquez; se utilizan los clichés propios del romanticismo empleados por un adolescente enamorado, las mismas figuras y las mismas pantomimas que podemos encontrar en cualquier texto de este matiz.

Álvaro León Benítez Acevedo aporta con el texto Educador Ejemplar. Se dice lo ya dicho, el origen del profesor Seidel y las circunstancias de su llegada al puerto nariñense.

Moro Manzi Benítez contribuye con los textos: Estudiamos frente al mar y Comentario de un liceísta; y el poema Seidel. Los dos textos pudieron unificarse, darle una unidad y conservar el sentido que se emplea para ambos. Se describe bellamente el escenario donde profesó su labor el pedagogo Seidel, la escuela, tan bien relatada que nos transporta a las aulas y a los patios del Liceo por él fundado, así como los aportes pedagógicos que innovaron la educación del territorio. Dos textos cortos y muy agradables.

El poema de Manzi, junto con el de Helena Jiménez, aportan desde un ángulo diferente al sentimiento que despierta Max Seidel sobre sus agradecidos alumnos y habitantes del puerto. Igual percepción tenemos de las anécdotas, que humanizan a lo que a veces se endiosa y diviniza lo que a veces se toma por trivial.

De lo que si estamos seguros es que el libro cierra con broche de oro, el texto Mi corazón solo pertenece a esta bandera y a este suelo, del reconocido escritor santandereano Víctor Bustamante. La relación que hay con Max Seidel es la nacionalidad, prusiana, de quien narra el texto en primera persona, quien debe huir y vagar por los acontecimientos que desata la Segunda Guerra Mundial. El hermoso texto describe el sentido cosmopolita de quien encuentra su patria y su bandera en el lugar que lo recibe, tal y como debió sentirlo Max Seidel, a tal punto que retorna a Tumaco después de su periplo por Europa durante la Primera Guerra mundial, en donde fungió de profesor de sus compañeros presos en una pequeña ciudad inglesa. Aquí los sentimientos encontrados relatan la psiquis del paria, de quien retorna pero ya no encuentra lo suyo, donde todo le es ajeno. Prusia, la Alemania oriental y la Alemania occidental, la Alemania unificada, en fin, saberse ajeno y ciudadano del mundo a la vez. En conclusión, un texto escrito con la pulcritud de quien ha tomado el oficio con la conciencia de saberse un creador.

En la página 65, línea 13, debe leerse: “tenía que ver”; página 69, línea 10: “y por qué no, dejarnos llevar por la tarde”; en la página 96, al final del segundo párrafo e inicio del último párrafo, hay quizá un salto del texto o un faltante, ya que se pierde el sentido de lo que se viene narrando.

¿Hasta cuándo me persigues? Ibagué: Caza de Libros, 2019. 114 p.

El dulce olor de Puerto Perla. Madrid: Sial / Casa de África, 2018. 94 p.

Max Seidel. El pedagogo alemán. (Compilador). Cali: Grainart, 2017. 172 p.

Comentarios

Comentarios