Escritora tumaqueña, Jenny Tenorio Caicedo, es El Personaje 10

Entre el olvido y la esperanza.

Cali: Editorial Grainart, 2019, 132 p.

El Pacífico nariñense, y en general todo este litoral colombiano, ha sido tradicionalmente un lugar olvidado, ubicado en las periferias no únicamente geográficas, sino también en el entramado del desarrollo de una nación como conjunto, desconocido por el centro, que se replica también a nivel departamental, que desconoce las alteridades y funda patria bajo los preceptos enmarcados dentro de lo heredado colonial: blanco, católico, europeo; el resto fue y sigue siendo tildado como bárbaro o exótico, y no hablo de los cronistas extranjeros que recorrieron el país en el siglo XIX buscando riquezas para explotar y enriquecer a otros países, sino que hablo de lo que aún se sigue presentando en la sociedad colombiana de la segunda década del siglo XXI.

Jenny Tenorio Caicedo es una mujer tumaqueña que ha debido enfrentar la dura realidad de ser negra y ser mujer en un país que, pese a todos los fundamentos teóricos y salvaguardas legales, no deja de ser aún racista, clasista y machista. Fácil es comprobarlo, ojeando simplemente las noticias diarias de los feminicidios que acontecen o de los atropellos permanentes por causa del color, el lugar de origen o de residencia. Jenny Tenorio Caicedo es hija de ese Pacífico, el cuál debió abandonar para poder alcanzar sus sueños, por lo menos los de la educación, afianzarse en su propio ser y fundar su realidad en Bogotá, sin desconocer nunca ese legado negro que habita desde lo más profundo de sus entrañas, hasta llegar a la epidermis de su cotidianidad.

Prefiero en este caso no hablar de las ontologías de machos o hembras, de hombres o mujeres, como se hace en un breve ensayo introductorio en el libro, ya que lo fundante de la humanidad radica en el reconocimiento de las diferencias sin desconocer las otredades, ya que como la historia lo ha demostrado, por la imposición de los derechos de unos, se desconocen los derechos de otros, cuando el llamado es a contemplarnos y a reconocernos en lo humano como tales; claro que también históricamente se comprueba como unos se han impuesto sobre otros, como los relatos y mitos están fundados desde los preceptos de unos pocos; pero también las reivindicaciones permiten entrever la capacidad del ser humano para superarse a sí mismo en sus carencias y flaquezas.

Jenny Tenorio Caicedo hace una denuncia de como este sector de la geografía colombiana, pero aún más como el negro del Pacifico, ha sido desconocido como sujeto de derechos en el plano de la justicia y la equidad; ahí entonces toma cabida el ser mujer, porque la sociedad las exalta en lo banal y las pauperiza en lo fundamental, como paridoras del lenguaje y fundadoras de la cultura; por eso su poesía es una radiografía histórica del abandono, no únicamente estatal sino social, al que se ha visto sometido gran parte de la población colombiana, especialmente los negros y las mujeres. En cada verso sobresalen la rabia y la frustración por la usencia de una justicia y una equidad reales para algunos sectores de esta, a veces fallida, sociedad. En su palabra también está presente la hipocresía y la falsedad que se experimentan a diario en nuestro país, que se exalta en lo efímero hasta el punto de alcanzar el frenesí, pero que olvida la cruda realidad que se vive cruzando las fronteras de las grandes ciudades, inclusive desconociendo los horrores que se pasean por sus propias calles y avenidas, donde se tapa lo podrido con el perfume fino que sale de los grandes locales comerciales que se riegan por toda la ciudad.

El libro está dividido en dos partes: poesías y relatos; lo antes dicho, lo encuentro más en la poesía, ahí Jenny Tenorio Caicedo es más ella, en esos versos veo más a la mujer con la que me tomé un tinto en Chapinero, la que me contó sus realidades y sus quimeras, la tumaqueña a raca mandaca que exalta su origen con un orgullo que contagia; en la poesía está más esa voz cadenciosa, casi serena, pero firme y segura cuando habla de sí misma, de lo suyo, del Pacífico que pareciera ser ella misma. Algunos relatos me parecen algo artificiosos, parecen son ejercicios académicos que buscaron acomodo en el libro, que quizá lleguen a madurar en otro libro que espero no mezcle la poesía y la crónica como géneros separados, quizá esa mixtura logre verterse en la originalidad de su canto como una buena simbiosis.

De todas formas, Jenny Tenorio Caicedo, muestra una unidad en el libro, ahí lo negro está presente en la exaltación de la cultura y la denuncia por lo que significa serlo en este país de miedos y de barbaries, sobre todo contra la mujer, doblemente victimizada en su condición y como genitora de vida, con todo lo que ello implica; el olvido tratado como algo impuesto desde afuera, pero también asimilado en ocasiones por los propios negros, como una consecuencia más de ese terrible transe histórico al que han sido sometidos; y la esperanza, en su voz, en su canto, en sus sueños, en esas quimeras que buscan volar desde Bogotá y llegar a ese Tumaco, a ese Pacífico que también hemos hecho nuestro.

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