Excombatiente de la Guerra de Corea, Carlos Arteaga Chamorro, es El Personaje 10.

Carlos Arteaga Chamorro: Un General de la vida y con honores; 89 años de historia sobre sus hombros.

Por Nina Portacio.

Nació en Pupiales (Nariño) el 10 de Marzo de 1931 y se identifica con la Cédula de Ciudadanía 2’438.459 expedida en Cali (Valle). Él es una de esas personas que podría darnos cátedra a todos sobre historia en carne viva y tendríamos que escuchar en un silencio rotundo, todo lo que nos contaría. Ha luchado guerras propias e incluso guerras ajenas sin un atisbo de desaliento o de queja y, lo que es aún mejor, ha vivido sin hacer alarde alguno, de toda esa peripecia bélica que tuvo que sortear. Porque pertenece a esas generaciones de hierro que han luchado por ellos, por otros y por su familia con coraje y sin miedo.

Carlos Arteaga es un excombatiente (1952- 1953) vivo de la Guerra de Corea. A él nadie le contó como fueron los hechos en combate, porque fue parte de los mismos; a sus 20 años partió desde Cartagena, con el último grupo -de 245 soldados- que envió el Presidente Laureano Gómez a luchar una guerra extranjera como si fuera propia. Zarpó el 10 de Junio de 1952 a bordo del U.S. Naval Ship Sylvester Antolak y 15 días después de navegar el Océano Pacífico desembarcaron en el puerto de Inchon. En la Península de Corea luchó en el Frente – Batallón Colombia que estuvo al mando del Coronel Jaime Polaina Puyo. Por esto, tiene el Carnet Número 051 de la Asociación Colombiana de Veteranos (ASCOVE) – Servicio en Guerra Internacional, que lo identifica como Socio Activo. Y es pensionado del Ministerio de Defensa de Colombia, por la única Guerra Internacional (1950 -1953), de la que ha formado parte nuestro país. De eso ya hace 70 años.

Por esta participación en ejercicio de su deber como patriota recibió varias condecoraciones en Colombia: Estrella de Bronce, Medalla de las Naciones Unidas e Insignia de Combatientes; cada una por un motivo distinto que indican valor y servicio. En la pared de su casa exhibe un diploma de la República de Corea que le agradece a Colombia y a él, por el apoyo en las cruzadas a sangre y fuego que tuvieron que librar en esa batalla.

En ese conflicto que buscaba evitar la extensión del comunismo y conseguir la libertad de la República de Corea (Corea del Sur), apoyados por fuerzas armadas de diferentes países comandados por EE.UU., para enfrentar a la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte), respaldada por La República Popular China y la Unión Sovietica; muchos soldados de Colombia que fueron enviados, no lograron sobrevivir o se perdieron en el campo de batalla, fueron heridos o prisioneros: Fue una guerra sangrienta que constituyó uno de los primeros episodios de la Guerra Fría. Y varios soldados que regresaron vivos al país, se quedaron con su mente sumida en esa tragedia y terminaron hundidos por la misma. El Señor Carlos Arteaga, en cambio, conserva la lucidez de quién recuerda cada detalle y, por lo mismo, es lógico que prefiera no pensar en el conjunto, aunque no tiene inconveniente en hablar de ello. Él no sólo sobrevivió a estos hechos irreparables en pérdidas humanas, sino que salió adelante con la fortaleza interior que caracteriza a un valiente y prefirió luchar por otras causas más profundas, que perderse entre recuerdos sombríos.

Digamos más bien, que es un General de su propia historia y toda su desendencia lo sabe y saben también, que tienen el deber de levantarlo en hombros para rendirle honores; para hacer por él, todo lo que él ha hecho por ellos durante tanto tiempo. Porque en esa época que se recuerda en sepia, regresó de luchar por otros y se dedicó a lo que mejor sabía hacer: ¡Luchar, pero esta vez por su familia, al lado de Doña Lidia y explotar el arte de trabajar la madera!

Lo visité más de una vez en su taller cuando estaba en la escuela, para que me hiciera algún farol de madera para la noche de las velitas y, ahí estuvo siempre, con su sombrero inclinado hacia la izquierda y el lápiz en la oreja, listo a cepillar la madera con sus propias manos con el fin de hacer alguna obra con ella. Lleva el arte en sus venas y muchos de sus hijos, sus nietos y bisnietos heredaron esa forma artística de convertir cualquier cosa en una pieza útil o decorativa. En la actualidad, se sienta a observar como trabajan dos de sus hijos, Juan y Carlos. Puedo asegurar que he visto el potencial creativo que existe en muchos integrantes de esa familia.

Como si esto fuera poco, a sus 89 años, le ha tocado vivir otra batalla diferente: La pandemia del 2020 por un virus que se originó en China. Pero ahí está, cumpliendo el aislamiento como un buen guerrero y sumando más historias a su vida.

¡Un saludo especial para casi un General del Municipio de Pupiales! Porque hay medallas que van más allá de un rango, de una lucha o de un decreto o de ser reconocido. Él con su entera discreción ha sabido conservar el honor de ser un combatiente estóico de la vida, del que muy pocos en Colombia han escrito.

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