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Fariseos y chantajistas

Por: Iván Antonio Jurado Cortés

 

No puede existir escena tan indignante contra las comunidades vulnerables que la de estos personajillos llamados congresistas de la República, fariseos y timadores que entorpecen de mala fe los procedimientos legislativos contra un pueblo exigente de justicia, tranquilidad y desarrollo. Son tan sínicos ante quienes los eligieron, siempre se muestran como defensores de las causas sociales, pero en su proceder simplemente defienden como hienas sus intereses particulares.

Aprovechándose de un gobierno raquítico y embustero, estos legisladores o mejor llamados ‘carroñeros’ atacan sin piedad con  el propósito de asegurar su ‘tajada’, tal como se ha concebido en el código granuja colombiano. Son contados los congresistas que desempeñan sus funciones de acuerdo a la constitución y la ley, para ellos mi reconocimiento y admiración. Los demás, unos sinvergüenzas que no han entendido que lo único sensato de la administración Santos, es el proceso de paz,  y que gracias al maldito desentendimiento atraviesa la etapa más crítica, y lo digo con preocupación, dada a la actitud de estos mezquinos que se la dan de analistas de un articulado, muy bien conocido desde su concepción.

En un país tan complejo en su propia ideología, donde los más estropeados en sus derechos defienden hasta con la propia vida a políticos que cada vez les aprietan el cuello sin contemplación alguna, nunca se esperaría algo distinto a la sumisión y empobrecimiento socioeconómico. Patria de esclavos felices con sus amos, quienes repiten como robots fríamente programados: ‘más vale ladrón conocido que bandido por conocer’, suficiente para brindar seguridad a los patronos dueños de la vida de desventurados.

Aunque no exista ética ni autoridad de parte del ejecutivo para exigir respeto y defender posturas favorables a los intereses populares, es deber de los ‘padres de la patria’ proceder pensando en mejor futuro para los representados, hecho que nunca se ha visto reflejado en sus quehaceres. Lo que vive Colombia por estos días es histórico y definitivo desde cualquier punto de vista, permitiéndole a los desamparados una luz de esperanza en el conflictivo panorama. El proceso de paz así Uribe Vélez y sus secuaces digan que es camino al ‘castrochavismo’, es la mejor decisión tomada por un gobernante desde la creación de la figura republicana.

Fariseos e irresponsables son las palabras perfectas para referirse a estos enmermelados chantajistas, que no miden ni les importa las consecuencias a que pueda llevar su desidia y conspiración, siempre actuando contra el clamor comunitario. Ante el mundo el proceder del congreso es abyecto y delincuencial, porque ponen por encima sus voraces apetitos burocráticos. Claro está que mientras Juan Manuel Santos, no les complazca en las ilegales peticiones a estos politiqueros, la Justicia Especial para la Paz no avanzara como se pretende, y por lo tanto, lo más seguro es que la exguerrilla vuelva a su accionar con mayor firmeza que antes.

Ahora resulta que medio centenar de congresistas se declararon impedidos para proceder a votar la reglamentación de la JEP; eso solo pasa en la tierra del ‘Corazón de Jesús’, donde los pájaros le tiran a las escopetas. De verdad que en esta país se perdió el raciocinio y eso es demasiado peligroso porque pone en riesgo lo poco que queda de la institucionalidad. Estos bribones no saben que inventar para presionar al gobierno y cumplir con el adjetivo de ‘honorables saqueadores’. Hace décadas en Colombia se perdió el rumbo de la gobernanza; la mafia ha atrapado las ramas del poder y ahora arroja las consecuencias, nocivas al pueblo.

No se puede perder de vista que la JEP es el esqueleto del acuerdo de paz, hecho que obliga a los legisladores tomar el tema con seriedad y responsabilidad, ya que de esto depende el avance en la implementación, de lo contrario se habría perdido el tiempo y recursos, porque los exguerrilleros no son tan imbéciles para entregarse en bandeja a quienes desde el inicio andan en su casería.

 El congreso sería tan responsable como el gobierno de no cumplir con un mandato social que por años se viene implorando, conllevando a una degradación de la sociedad peor de la que se tiene. En conclusión, nadie cree en un régimen como este que sobrepone sus mezquinos intereses a los de millones de compatriotas que afrontan las peores necesidades. Finalmente los fariseos pasarían a la historia como tal, como unos canallas que no correspondieron a una demanda popular, dejando a un país en ruina y sin esperanza.

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