Gestor cultural, Miguel Garzón Arteaga, es «El Personaje 10 del día»

Sería en mis vacaciones de 1989 cuando por primera vez me acerqué a Diario del Sur, en Pasto, con todas las angustias y las prevenciones del “escritor” que ha comenzado sus escarceos literarios. Hacía diez años vivía en Medellín y acababa de ganar un par de premios literarios nacionales, uno en poesía y otro en cuento. Llegaba con unos inmensos deseos de escribir algo que me exorcizara del fariseísmo que había generado un hecho natural: el volcán Galeras se había reactivado. La ceniza, los temblores y los rugidos –decía la prensa- eran el pan diario. Desde el centro del país, no sólo el indiferente gobierno sino quienes manejan el poder político y económico comenzaron la hipócrita letanía de la conmiseración hacia mi región, al tiempo que quitaban la ayuda económica. Se cortaron los créditos comerciales y la financiación de los bancos. De ahí en adelante, los negocios se harían al contado, fue la consigna.

De un país europeo llegó una donación de bolsas plásticas negras no recuerdo si al hospital o a la iglesia de Sandoná, nuestro pueblo. Una institución de beneficencia, también internacional, se hizo sentir con otra dádiva de medallas con el fin de buscar el apaciguamiento lanzándolas por el cráter. Todo esto había despertado mi ira. Por esa razón me presenté con mi maletín de expectativas a la dirección de Diario del Sur. Después de esperar por breves momentos se me hizo pasar. Al otro lado de la mesa se encontraba un señor de más o menos 40 o 45 años. Siempre mantenía prendido un cigarrillo Président junto a una taza de tinto y escuchaba noticias desde una inmensa grabadora a bajísimo volumen.

Vinieron las presentaciones de rigor. Me contó que en el magazine dominical –Reto- se habían publicado mis obras ganadoras. Yo le agradecí y le manifesté mi solicitud.  Deseaba escribir una columna para el periódico, por estas y estas razones. Me manifestó su aceptación. Me dio unas pocas hojas y me dijo “desde aquí hasta aquí”, señalándome con el dedo el tamaño de cada artículo. Qué condiciones hay para escribir esta columna, le pregunté, no creyéndomela que ya “era” columnista. Yo me refería a algunas condiciones profesionales periodísticas, porque para esos días había unas normas sobre ello y yo no era periodista graduado. “Aquí la única es no hablar mal del dueño”, me respondió. Yo no sabía aún cómo se llamaba el propietario. Todavía sin salir de mi perplejidad me preguntó, “cómo se va llamar su columna”. No había pensado en ningún nombre; Nod, le respondí. Es el territorio de Caín, personaje bíblico a quien admiro, le expliqué. No hizo comentario y nos despedimos.

Ipiales su ciudad, Pasto y los nariñenses en general le debemos mucho a este hombre que toda su vida la ha dedicado al fomento de la cultura y del periodismo. Varios amigos escritores de mi edad, o un poco más jóvenes, me cuentan similar historia que la que me sucedió a mí en el impulso recibieron desde las páginas de Diario del Sur y desde  el lamentablemente desaparecido Reto, su magazín, levantado con su pulso. A las alcaldías de Pasto e Ipiales, a la gobernación de Nariño, a Diario del Sur, al resto de sus colegas periodistas y, ante todo, a la ciudadanía nariñense, que tanto ha recibido de su trabajo humano y humanístico, propongo un homenaje de reconocimiento a este sociólogo de la Nacional de los setenta.

Muchas otras cosas habría por contar de este “Hombre bueno” -en el pleno sentido que de la palabra de “Bueno” da don Antonio Machado- nacido de la entraña popular de la liberal clase media ipialeña, refugio del escritor Juan Montalvo, pero dejemos aquí. Vaya Desde Nod mi abrazo de agradecimiento y amistad para don Miguel Garzón Arteaga.

Los personajes 10 del día son ciudadanas y ciudadanos que trabajan por un mejor Nariño, desde diferentes sectores de la sociedad. Con esto se quiere reconocer su esfuerzo, compromiso, dedicación y sentido de pertenencia con la región.

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