¡Gracias por el café!

Por: Fabio Arévalo Rosero MD*

Las conocidas historias de vida podrían repetirse ya que lo que uno siembra lo cosecha. La siguiente puede no ser exacta, pero es cierta. Un buen día una mujer bien vestida se para frente a un indigente. Este desconfía y la rechaza. La mujer lo toma del brazo dándole apoyo, mientras se acerca un policía. “¿Hay algún  problema?” -preguntó el oficial. La mujer contestó: “Estoy ayudándole para que se ponga de pie, voy a llevarlo a comer”. La mujer y el policía llevaron al viejo Juan a una cafetería.

El gerente del lugar se acercó preocupado al ver al hombre sucio en tan elegante lugar y comentó: “Tener una persona como él aquí es malo para mi negocio” La mujer se dirigió al gerente: “Señor, ¿Conoce a Gutiérrez y asociados? firma que está a dos cuadras?” “Por supuesto”, respondió, “Ellos tienen reuniones en mi sala de banquetes, y eso qué importa?” La mujer replica: “Yo, soy Ana Gutiérrez presidenta de la compañía”. “Perdón”, dijo el gerente quien giró como recibiendo una orden. –“Voy a traer un café de inmediato”.

La mujer se sienta frente a su invitado y mirándolo fijamente le pregunta: “Juan ¿te acuerdas de mí?” Juan miró su rostro, “Se me hace familiar”. “Mírame bien, cuando tu trabajabas aquí hace muchos años vine, por esa misma puerta, muerta de hambre y frío”. “Acababa de graduarme de la universidad, había llegado en busca de trabajo, pero no pude  encontrar nada. Cuando me quedaban mis últimos centavos vi este lugar. Entré con poca posibilidad de que podría conseguir algo de comer. Me recibiste con una sonrisa”.

“Ya recuerdo”, dijo Juan. “Yo estaba detrás  del mostrador. Se acercó y me preguntó si podría trabajar por algo de comer”. “Si, y me dijiste que estaba en contra de la política de la empresa”. Continuó la mujer. “Entonces, tú  me hiciste un enorme sándwich de carne, me diste una taza de café y me fui a un rincón a disfrutar de mi comida. Tenía miedo de que te metiera en problemas. Luego, cuando miré y te vi poner el precio de la comida en la caja registradora, supe que todo iba a estar bien”.

“¿Usted comenzó su propio negocio?” preguntó el viejo. “Si encontré un trabajo esa misma tarde. Trabajé duro y me fue bien”. Ella abrió su bolso y sacó una tarjeta. “Cuando termines aquí, quiero que vayas a hacer una visita al señor Martínez, director de personal de mi empresa. Encontrará algo para tí. Podría darte un adelanto para que puedas comprar algo de ropa y conseguir un lugar para vivir. Si alguna vez necesitas algo, mi puerta está siempre abierta para ti.” Hubo lágrimas en los ojos del anciano. “¿Cómo voy a agradecer?”, preguntó. “No me des las gracias”, respondió la mujer. “Dios me trajo a ti”

Fuera de la cafetería, el oficial y la mujer se detuvieron. “Gracias por su ayuda, oficial”, dijo la Dra. Gutiérrez. “Al contrario”, dijo el  oficial, “Gracias a Ud. Vi un milagro hoy, algo que nunca voy a olvidar. .. Y gracias por el café”…

Apostilla: Nunca olvidemos que cuando tiramos el pan sobre las aguas, no sabemos cuándo nos será devuelto. Los maestros o guías espirituales también enseñan que si Dios nos lleva al borde de un abismo, debemos confiar en Él plenamente y dejarnos llevar. Con sabiduría afirman que solo una de dos cosas sucederán: o Él nos sostiene si nos caemos, o nos va a ¡enseñar a volar!

*Autor del libro “Café para el alma – historias para ser feliz”, volumen II.

fabio121@gmail.com

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