Guardiana del bosque, Yolanda del Socorro Díaz, es “La personaje 10 del día”

Por: PNUD Colombia

Un bosque de niebla

Así amanece Chambú, Ricaurte en el piedemonte pacífico del departamento de Nariño: las nubes bajan en las mañanas trayendo el rocío para los anturios. Estas flores solo viven en el trópico, en medio de un ambiente húmedo. Por eso, la niebla es su mejor regalo en la mañana.

Estos bosques de niebla protegen especies únicas de fauna y flora, entre las que destaca una gran diversidad de orquídeas, 243 especies de aves, el Oso Andino, único oso de Suramérica, así como los anturios de colores.

Paisaje del Piedmonte Nariñense, un corredor entre Los Andes y el Pacífico. Foto: Mauricio Enríquez. PNUD.

Mi vida con las flores

Yolanda del Socorro Díaz trabaja desde las 6 a.m. Recorre el cultivo y con suavidad revisa una a una las flores brillantes. Ella hace parte de las 10 familias campesinas que encontraron su sustento en los anturios, erradicando los cultivos de uso ilícito de sus vidas. Empezaron con dos lotes y ahora tienen once.

“El proyecto de las flores inició con un pequeño jardín en la casa y luego miramos que era un incentivo para nuestros hijos porque ellos me ayudaban a arreglar las flores, y poco a poco lo fuimos agrandando. A la casa llegaban a comprar las flores, y esa fue la motivación para tener el cultivo bien cuidado. Ahora es nuestra fuente de sustento”.

El negocio que les cambió la vida

Con apoyo de Sur Sostenible, una alianza entre el Programa de Pequeñas Donaciones del GEF, implementado por el PNUD y la Gobernación de Nariño, mejoraron sus cultivos, aprendieron la técnica de siembra, mantenimiento y transporte de las flores, y fortalecieron su capacidad contable y financiera.

Hoy reciben ganancias entre 700 mil y 1.5 millones de pesos mensuales gracias a la venta de sus anturios rojos, blancos, rosados y lisos en Pasto, Ipiales y Cali.

Foto: Mauricio Enríquez. PNUD.

La apuesta por el bosque

Esta zona de Ricaute en Nariño es tan biodiversa como compleja. Durante años fue paso de actores armados en su camino hacia la costa pacífica, dejando muertes, desplazamiento, cultivos ilícitos y miedo. Muchas familias dejaron sus hogares. Ahora, el bosque y sus flores brindan la oportunidad para regresar.

“Como madre les he enseñado a mis hijos que la naturaleza es primordial para la vida humana. Esta flor, por ejemplo, nos dio la oportunidad de mejorar la vida y darle educación a los hijos. Ahora me dedico a mi jardín de anturios, aquí en la vereda Guaduales, de donde una vez salí escapando a los enfrentamientos”.

Foto: Mauricio Enríquez. PNUD.

Un sueño de independencia

En tiempos de paz, mujeres como Yolanda y sus compañeras recorren sus veredas sin miedo. Ellas convirtieron sus fincas en jardines de colores y hoy Anturios del Pazcífico, como llaman a su negocio, es el recordatorio de las oportunidades que el bosque da a quienes lo conservan.

Grupo de mujeres de Anturios Pazcífico. Fotos: Mauricio Enríquez. PNUD.

Un sueño de independencia

En tiempos de paz, mujeres como Yolanda y sus compañeras recorren sus veredas sin miedo. Ellas convirtieron sus fincas en jardines de colores y hoy Anturios del Pazcífico, como llaman a su negocio, es el recordatorio de las oportunidades que el bosque da a quienes lo conservan.

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