Gulupa y otras frutas exóticas se pueden mejorar para exportación

Seguir pautas en nutrición mineral, mejorar el material de siembra, conocer y controlar las plagas y aplicar buenas prácticas agrícolas son algunas de las acciones que deben adelantar los productores de gulupa, aguacate, tomate de árbol y curuba para optimizar sus cultivos.

Estas son algunas de las recomendaciones reunidas por la profesora Luz Marina Melgarejo, del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en el libro Gulupa, curuba, aguacate y tomate de árbol, innovaciones, como una forma de acercar a las poblaciones interesadas en el resultado de las investigaciones sobre estos cultivos adelantadas por años en la Institución.

El municipio de Pasca (Cundinamarca), donde se llevaron a cabo muchos de los estudios, es privilegiado por poseer diversidad de pisos térmicos que permiten producir todas estos frutos, algunos de los cuales se dan en el frío –como la curuba y el tomate de árbol–, mientras otros –como la gulupa y el aguacate– se benefician por climas más cálidos.

Tal atractivo llevó a investigadores de la UNAL –y de otras instituciones de la Red Nacional para la Bioprospección de Frutas Tropicales– a esta región, donde recibieron el apoyo de los agricultores para desarrollar diferentes investigaciones sobre estos cultivos, con el préstamo de sus predios, la aplicación de las pautas para mejorar los frutos y el posterior seguimiento para analizar los resultados.

De dichos estudios se produjo conocimiento importante para ser retribuido a la comunidad como una forma de agradecimiento, que es el objetivo de la publicación realizada, en la que también participaron las universidades de Cundinamarca y de Nariño. En esta obra se reúnen contenidos relacionados con aspectos como la germinación de las semillas para convertirse en plantas, uno de los principales problemas que enfrenta el cultivo de pasifloras como la curuba y la gulupa.

Estas plantas, según explica la profesora Melgarejo, requieren de material de siembra preferiblemente certificado y libre de patógenos (microorganismos que lo puedan afectar); este debe estar disponible en los viveros para que los cultivadores lo puedan comprar y en el libro se muestran además metodologías y pruebas de germinación para que, si lo desean, también puedan obtener sus propias semillas.

En la parte de nutrición mineral –que se refiere a los compuestos presentes en la tierra que pueden favorecer o no a los cultivos– el libro es un referente para los ingenieros agrónomos sobre las condiciones especiales que hay en el país para estos cultivos, la sintomatología de las plantas ante el aumento o la reducción de ciertos componentes y otros datos que permitirán hacer correctivos pertinentes para obtener plantas y frutos de buena calidad.

No todos los insectos son malos

El libro incluye un capítulo que aborda nuevas alternativas de manejo de los cultivos. Este surgió a partir de los estudios realizados sobre las plagas que afectan las plantas estudiadas, y en general los insectos asociados con el cultivo, en especial la curuba, sobre la que se centra este apartado.

“En la naturaleza muchos de esos insectos plaga pueden ser controlados por lo que yo llamo insectos benéficos, entonces esa es una alternativa que sirve de línea base para el manejo del cultivo”, comenta la profesora Melgarejo, quien también señala el potencial que tienen para el manejo del cultivo los microorganismos que las habitan, conocidos como hongos endófitos.

Este aspecto se trabajó especialmente con la gulupa, en la que se encontraron aislamientos de estos hongos con alto potencial para el control de enfermedades que suelen atacar a este cultivo y que pueden ayudar al crecimiento y desarrollo de la planta, entre otros beneficios que siguen en estudio.

“Por ejemplo, en aguacate, el grupo del Departamento de Química evaluó el potencial que tienen las lauráceas para controlar enfermedades; esto muestra que a partir de otras plantas también podemos controlar otras enfermedades en estas especies de importancia económica”, detalla la docente.

Por el interés que han despertado estas frutas en los mercados internacionales –por ejemplo en 2018 se exportaron 24.799 toneladas de gulupa y 15.874 de aguacate Hass–, en el libro también se integran recomendaciones de buenas practicas agrícolas, requerimientos para certificar los predios y cumplir con estándares de calidad.

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