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Humor y crítica en el cine de Chaplin y Fincher

Por: Daniela Díaz y Daniela Santacruz,*

 

Entrevista a Julio César Goyes Narváez. Poeta, realizador audiovisual y analista del film. Profesor asociado del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura –IECO– de la Universidad Nacional de Colombia, coordinador de la maestría en Comunicación y Medios y  del grupo de investigación en Comunicación visual.

P/ ¿Cuál, cree usted,  ha sido la influencia o el impacto del trabajo de Chaplin en el cine actual?

La parodia y la farsa son géneros que el cine de Chaplin supo llevar a su explendor. En Latinoamérica, Cantinflas siguió esas narrativas. El humor bien elaborado, crítico, reflexivo, a veces sacástico de Chaplin, hizo reir pero también pensar, creo que ese es su legado más actual; pensemos en un humorista colombiano cuya imagen sobrevive en la memoria de los colombianos, me refiero a Jaime Garzón. Si pongo este ejemplo, es con el fin de mostrar el alcance en todos los estamentos artísticos y culturales de la cinematografía de Charles Chaplin. Aunque en la sociedad posmoderna de los hipermerados en el poder, del consumo y de lo light, la crítica se solapa para dar paso a la pura diversión, la pura acción, la pulsión escópica y el placer sin medida pero que no dice nada. Chaplin no dejó jamás de ser un clásico, es decir contó siempre historias donde retrató a los desprotegidos, desposeídos y humillados, por eso involucró personajes cuyos gestos y cuya potensia simbólica hizo que miles de espectadores en todo el mundo se identificarán, se conmovieran al tiempo que se divertían.

Gran Dictador (1940)

P/ ¿Qué elementos de este director ve usted vigentes hoy en día?

Me parece una pregunta derivada de la anterior. No obstante, agreguemos que Charles Chaplin supo de la dignidad, de la superación, de la inteligencia y del talento al servicio de la cultura mundial. Un aspecto interesante que quizá se desarrolló en el cine independiente de muchos paises, es que él  pudo demostrar que era un artisita completo, que podía y debía controlarlo todo: actor cómico, director y productor, cuando no guionista. Era perfeccionista, a veces obsesivo y al extremo, con tal de que sus imágenes fueran disifrutadas y como dije, pensadas por un imenso público.

P/ Con respecto al desarrollo de los personajes, ¿qué nos muestra Chaplin a través de estos en sus películas?

P/ Los personajes de Chaplin siempre evolucionan o se transforman, jamás son seres que se quedan en la caricatura. Tan reales y de carne y hueso, como el mismo actor que los interpreta. En un momento te ríes y al siguiente estás emocionado, finalmente puedes llorar. Los personajes de Chaplin son conmovedores, profundamente humanos, cometen errores pero salen de ellos por que alguien los ayuda dado que siempre demuestra su inocencia, o por una casualidad donde los demás se confunden, o una farsa, o una suplantación. Los personajes de Chaplin alcanzan todavía la categoría de héroes –el viejo Cantinflas estira este gesto–, no son cobardes ni sádicos, tampoco asesinos brillantes como el doctor Hannibal Lecter en El silencio de los corderos (1991) de Jonathan Demme; los héroes aunque humildes hacen algo por el otro o los otros, sin esperar recompensa. Un relato clásico, sin duda, ya no está en taquilla, quizá el último mojicano en esa dirección sea Clint Eastwood (Río místico, Gran Torino, Millon dóllar Baby, entre otras).

El silencio de los corderos (1991) de Jhonathan Demme

Gran Torino (2008), de Clint Easwood

Mystic River (Río mistico, 2003), de Clint Easwood

Millon dólar baby (2009), de Clint Easwood

P/ ¿Reconoce que el trabajo de David Fincher en la película del Club de La Pelea es acertado en el sentido en que reúne características significativas de lo que es el cine actual?

Eso de “acertado” no me parece un buen término para el arte. David Fincher logró con está película sintetizar varias de las características del cine más actual, sin duda, pero además, retrató una época, toda una generación que está todavía respirando. El film El club de la pelea ( Fight Club, 1999) hace resonancia del cine de Andrei Tarkovski (Solaris, El espejo, Stalker, Sacrificio), es una mezcla de ficción y documental, de sarcasmo y burla, también de poesía realista (tan realista que se vuelve surreal, es decir increíble como en el cine del ruso). Es una gran película, logra suturar muchos ambientes y transformaciones brutales de los jóvenes en las economías de mercado. Jesús González Requena escribió un libro ejemplar sobre esta película, donde hace un análisis textual del film que pone al descubierto La apoteósis del psicópata (2008). Pues este es el procedimiento existencial más actual para describirse a sí mismo y dar una idea de quién es el espectador, el otro convulsionado que mira la pantalla. Estos son procedimientos de las vanguardias y posvanguardias que no cesan de reflejarse y autoeditarse; incluso eso es lo que dice el narrador: destrucción e irreverencia a la tradición, al arte clásico, a la cultura burguesa, al modo de vida industrializado y consumista. Los jóvenes de úlltmas hora parece que no saben si viven o no, pues estan en una sociedad de las drogas, el consumo, el control tecnológico, el desenfreno sexual, la crisis de la familia, el abandono del padre, el amor excesivo de la madre, las leyes de las tribus urbanas y de la complicidad sin límite de los amigos. De allí que están descontentos intentando ser subversivos, no domables, todo el tiempo incoherentes, nada acaban, todo les parece mal; cabe también la posibilidad de que estén locos, esquisos, como el protagonista que desea sentir los golpes en la piel viva para saberse existiendo. Lo curioso de todo esto es que parece que los personajes hablarán normal, fueran coherentes con sus actos, como si no les pasara nada. Pero no, están locos, destruyendo los espacios en los que todavía es posible alguna relación humana y construyendo lugares disidentes pero imposibles, inventando imágenes vacias, personajes huecos, discursos fanáticos, acciones de exclusión y guetos. Hay creatividad, sin duda, pero no está controlada por la imaginación del sujeto de carne y hueso que sufre y se desgarra, prolongando el acto y afecto humano. La creatividad que nos muestra Fincher es igual a la de las máquinas, una espepcie de combinación y selección repetitiva; haga clic aquí. Suicidio, terrorismo, miedo.

Gran Dictador (1940)

P/ Tomando como referencia las características más visibles de cada personaje, como sus aspectos estándar y su desarrollo y función a lo largo de la película, ¿Que aspectos de los personajes dan a entender una relación de contraposición  o similitud con respecto al otro?, ¿el  Barbero/Hynkel? ¿Narrador/ Tyler?

Ninguna. No veo ninguna. A no ser por contraposición y diferencia. El barbero está en una parodia, es un personaje simbólico que representa la parte aplastada por el poder, por el nazismo, fascismo, el antisemistismo, en clara alusión a Hitler que tenía sangre judia y al mismo Chaplin cuyo origen judio jamás ocultó, como en El Gran Dictador (1940).  Tyler, en cambio, es la creación de un esquiso, la parte tempestuosa de un hombre que se ha vuelto loco por no poder dormir, dada la vida desenfrenada que llevaba. Si en el uno hay dimensión simbólica de una comunidad, una etnia o un grupo cultural, en el otro hay afloramiento de lo real (caos) de un individuo egoísta y narcisista que ya no puede con la sociedad en la que vive. En Chaplin se crea el ideal de la esperanza, el final del Gran Dictador es ese; en cambio en El club de la pelea (1999), el final es la explosión de un edificio y del cerebro en plena analogía del brote de la esquisofrenia; el terrosimo, la soledad, el vacío. Si en Chaplin hay filosofía y poesía; en el Fincher hay nihilismo, desovediencia y desesperanza.

El club de la pelea (1999)

P/ En el caso de que exista cualquiera de las dos posiciones (contraposición y/o similitud), ¿hay algún factor externo que usted considere importante en el encuentro de los personajes gracias a sus semejanzas? ¿En su alejamiento gracias a sus diferencias? ¿Entre el Barbero y Hynkel? ¿Entre el narrador y Tyler?

Quizá falta decir que por diferencia hay que tener en cuenta las épocas, por ejemplo, en el caso de El Gran Dictador, la guerra fría, la movilización de ideologías socialistas y la búsqueda de futuro para los pueblos que habían padecido la guerra, las injusticias y el desalojo de sus valores materiales y espírituales. En el caso de El club de la pelea, la época es la de aquellos que ya no se cuestionan esos valores, nómadas de ciudad, viven en los hiermercados, la industrialización tecnológica y el poder de los medios de comunicación e información. No habitantes de ciudad y comunidad, sino habitantes de redes y flujos de información. Una edad para individuos alienados, consumistas, narcisistas y ególatras. ¿Qué contacto puede haber entre estos dos filmes? A no ser porque los directores que a través de sus obras representan en espejo o en creatividad libre los avatares y las condiciones de los tiempos y espacios en los cuales le tocó vivir. Como todos los grandes artistas, ese también es su compromiso. Eso veo en los dos filmes, para mi son muy estratégicos.

El club de la pelea (1999)

P/ ¿Cree usted que haya una intención en Chaplin al hacer que los dos personajes principales sean mostrados a la audiencia interpretados por el mismo actor, mientras que Fincher muestra un mismo personaje separándolo en dos caras diferentes?

Sin duda. Pero aclaremos que Chaplin era al mismo tiempo actor de sus propias películas. Para convencer estéticamente en el género de humor tenía que actuar haciendo los dos papeles. No obstante, creó un personaje mitad dictador, mitad víctima; quizá ese es el hombre en todos los tiempos, tan lleno de ambición como de solidaridad. Aunque se podía controlar el primero con la ética, la moral, incluso el arte y la religón detenían la pulsión de destrucción. Lo dicen los propios judios en la película, no queremos ser como ellos, no deseamos matar como el führer y sus soldados. Entonces un sólo actor para dos actantes, eso quiere decir que saldrá adelante uno, el barbero que representa la cultura destruida pero tanpotoente que puede regenerarse. En el relato clásico, éste evoluciona hasta un final lo más posible feliz. En Fincher el hombre está escindido, pero de otro forma quiere ser lo uno y al tiempo lo otro, pues no hay nada que detenga el caos de lo real que sale de su propio interior. En El club de la pelea, el personaje no puede detenerse, no hay nada que lo límite, está fuera de borda y triunfan (negativamente, claro) ambos personajes, por ello se necesita a dos actores, como en El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Stevenson (1886); disociación, quiebre de la identidad. Las dos personalidades son reales, pulsionales, habitan el individuo hasta enloquecerlo y arruinarlo. En Chaplin no hay disociación de identidad, hay doble actuación, doble historia, son dos personajes unidos en un actor como valencia simbólica, ética, moral. Si no hubiera hecho la parodia del final que termina convenciendo a las fuerzas represivas y oscuras  en que crean  en la democracia, la libertad y la esperanza, lo hubieran fusilado; el barbero es un héroe, la parte del actor que triunfo venciendo a la parte malvada, narcisista y monstruosa. En Fincher solo una parte tiene nombre, Tyler (el doble), el otro no, ¿en últimas quién es real? ¿acaso importa? Desde el principio sabemos que ganará Tyler porque se impone sobre el narrador apabullado, desintegrado. Gana el caos producido por la división de los dos personajes que se disputan el mundo, esa angustia partida en dos es tan real como imaginaria, pero jamás es simbólica. A lo real, como la guerra que padece el barbero, sólo se le hace frente con la dimensión simbólica. Lo real es un caos, una explosión como en la escena final de la increíble película de Fincher que, entre otras cosas –como lo señaló lúcidamente Jesús González Requena en su libro La apoteosis del psicópata (2008)–, es la premonición del terrorismo de septiembre de 2001, cuando se borra del mapa el World Trade Center de New York.

El club de la pelea (1999)

 

*Colegio Abraham Lincoln, Bogotá.

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