In memoriam: Ramiro Egas Villota

Ahora viajas libre de ataduras, abres tus brazos al viento cósmico que te recibe en su lecho eterno. Escucho tu voz resonante por estas calles que fueron fiel testigo de tu andar. Mientras tú ríes glorioso, nosotros sentimos que el corazón se nos desgaja como una pera madura. La vida ya no será igual sin tu vivacidad. Nos preguntamos a cuánta gente le serviste tan amablemente, quién no se preciaba de ser tu amigo. Definitivamente, esas bondades no se alcanzan en lustros. Si hacemos memoria no sabríamos en qué lugar nos conocimos, porque tú hacías presencia donde había la oportunidad de servir en las causas sociales. Nos hará tanta falta tu humor simple, la sonrisa de niño y tu acostumbrado “Hola, ‘Cuechecito’”, como era tu costumbre en llamarme.

Tu trasegar estaba libre de vanidades o de buscar reconocimientos, además porque no te hacía falta, ya lo tenías ganado con el aprecio de gente que te admira. Ahora tu imagen se nos viene a la mente de manera recurrente; intento situarte en uno de los escenarios de los cuales hacías presencia, pero es difícil saber en cuál lo hacías con mayor propiedad, porque algunos te reconocen como periodista, otros como líder cívico, luchador popular, defensor de los derechos humanos, líder comunal, político, gestor cultural. No lo sé. Lo que sí tengo claro es que toda una serie de virtudes se agrupaban detrás de un nombre: Ramiro Egas Villota.

Cómo quisiera volver a recorrer esos pasos por diferentes lugares que había de reunirse y escuchar un elocuente discurso de Ramiro; no lo hacía de manera perfecta, lo hacía con fogosidad, entusiasmo y, sobre todo, con convicción. Granjeó el aprecio de los universitarios, los maestros, sindicalistas, lectores y oyentes.

Siendo periodista ejercía su profesión con actitud crítica e irreverente; combatió las injusticias de los poderes estatales desde el micrófono o con la pluma. Su expresión inteligente y espontánea le permitía expresar unas editoriales que motivaban a la reflexión y a la acción ciudadana.

Retrotrayéndonos en el tiempo, recuerdo que Ramiro, siendo director del periódico local, lideró la creación de un sindicato, con la denominación de Sintradisur. El resultado de estas acciones sería el despido de las personas que conformaban dicho movimiento. Como consecuencia, Ramiro, junto con otros compañeros, se declara en huelga de hambre en el pórtico de lo que se conocía la sala de teatro Bertolt Brecht.

Los estudiantes marchamos desde Torobajo hasta el lugar para respaldar a los huelguistas; con las calles colmadas de universitarios, Ramiro Egas empuñó un megáfono y a través de las rejas se despachó con un enérgico discurso que era interrumpido por consignas y vivas de la multitud.

En otra oportunidad estuvo al frente de la dirección del Carnaval de Negros y Blancos, para lo cual me invitó a ser su colaborador en la organización del festival de música andina que se efectuó en la Concha Acústica Agustín Agualongo, el 3 de enero. Ramiro conocía de mi experiencia en la promoción de esta música a través de un colectivo que le denominamos Taller Cultural El Cueche. La experiencia fue maravillosa con un aforo total que ocupó hasta las banderas.

También se dejó seducir por la política, participando como candidato al Concejo de Pasto por el Partido Liberal. Su lema rezaba: Ramiro Egas, por los barrios surorientales. Al parecer, la gente le dio mala interpretación y no le brindó el suficiente acompañamiento. El número de votos de lejos no se asemejaba con su popularidad, y menos con los votantes de un sector tan popular como el barrio Lorenzo de Aldana, donde la familia Egas goza de tanto aprecio.

Ramiro contaba que había sido contratado como presentador de espectáculos de la Cárcel Judicial de Pasto por los hermanos Campuzano Cendales, quienes purgaban una condena por el conocido robo del siglo, efectuado al Banco de la República. Al interior de la cárcel se instalaba una plaza de toros portátil, allí tuvo la oportunidad de presentar a artistas como Oscar Agudelo.

Era un hombre infatigable, editaba periódicos, revistas, entrevistaba, hablaba, se movía por un lado y por otro. Deja un legado enorme. Su memoria será registrada en letras doradas con amplio lustre, en lo más profundo de nuestros corazones, cuya rúbrica dirá: Ramiro Egas Villota por siempre.

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