Indoamericanto: 25 años en la gran minga por la vida

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Versiones sobre su origen

No existe unidad de criterios en cuanto al surgimiento de Indoamericanto. Siendo una colectividad, cada uno puede manejar su versión, y todos contribuyen a enriquecer sus orígenes. Muchos querrán ser padres o madres de una propuesta escénica que cambió la historia del Carnaval. De los antecedentes podríamos mencionar los programas radiales encabezados por Milton Portilla en la emisora Ondas del Mayo, con la realización en especial del programa Rompiendo Fronteras, tomando el mismo nombre con la realización del gran concierto conmemorativo de los 500 años de la invasión española a nuestro continente, llevado a escena en la concha acústica Agustín Agualongo.

Desfile magno, el seis de enero de 1999. Aníbal Arévalo y Milton Portilla forman parte de lo que en ese entonces se denominaba la murga Indoamericanto.

De allí surgió la propuesta inicial del primer colectivo que se denominó “500 años de inspiración”, siendo el año 1993 la primera oportunidad, ante la reciente conmemoración, con el que se hacía homenaje a una estirpe ancestral a propósito de la campaña de Autodescubrimiento de América, liderada por las comunidades indígenas y populares de todo el continente.

Integrantes de Indoamericanto antes de inciarse el desfile magno, en el Parque Santiago.

Sus promotores

En esta iniciativa se constituyen como motor figuras visibles de las expresiones artísticas, como Hernán Coral Enríquez, músico y director de la agrupación Raíces Andinas; el maestro en artes plásticas y escritor Luis Felipe Benavides; el abogado y poeta Álvaro Martínez Betancur, director regional de Sayco. Cada uno aportó su esfuerzo en el diseño del primer atuendo, la dirección musical y el patrocinio, respectivamente; lo que se conjugó en una experiencia, que sin mayores pretensiones, es de los más grandes atractivos del  Carnaval.

En el año 1994 no participó la murga, como se le llamaba, pero para el 95 hubo una mejor disposición en la parte organizativa como en el número de músicos. La idea era integrar a todos los grupos de música andina existentes por la época, entre ellos recordamos a Dama Wha, Raíces Andinas, Tierra Mestiza y Solsticio. Para poder financiar los atuendos se tuvo que establecer una mejor organización, asumiendo como representante legal Milton Portilla Rodríguez y el empleo de las instalaciones de la Obra Social El Carmen como sede oficial.

Sólo para músicos

En un principio se quería un colectivo exclusivamente musical, porque a muchos músicos no les llamaba la atención las danzas. No obstante, la denominación de colectivo coreográfico enfatiza en las danzas. Es como surgen algunas críticas de parte de algunos columnistas, como el profesor Jorge Arturo Bravo, que señaló que se pretendía peruanizar el Carnaval de Negros y Blancos por la interpretación de ritmos de ese país. Fue por esto que se pretendió en los años siguientes negarle la participación a lo que pasó a llamarse Indoamericanto.

Honores a la Indo América

De esta manera nació una nueva expresión artística en el Carnaval. El nombre fue inspirado en una ponencia del escritor peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, quien consideraba que la mejor denominación para la tierra ancestral es la Indo América.

Invitaciones

Ante la gran acogida vinieron las invitaciones. La primera fue una invitación a la Feria de las Flores y las Frutas en Ambato, Ecuador. En esa oportunidad fueron el mayor atractivo de dichas festividades, tanto así que se hicieron merecedores de doble estatuilla del santo patrono de las fiestas, San Miguel Arcángel, la euforia fue tan grande que se decidió adoptar a la imagen religiosa como el santo patrono de Indoamericanto. Luego, las invitaciones a la Feria de Cali, el encuentro de carnavales de Bogotá, a las fiestas de Ibarra, Ecuador, y muchos lugares, reemplazando las invitaciones que antes se hacían a la carroza ganadora.

Con el paso de los años se fueron sumando más y más músicos y danzantes. Lo que en una primera versión fue de 70 personas, que era de gran impacto porque en Pasto nunca había desfilado una ‘murga’ tan grande, pasó a 200 y 350 artistas en los años subsiguientes, hasta llegar a 960 personas en la inauguración de los Juegos Nacionales, que tuvieron sede los departamentos de Nariño y Boyacá, en el año 2000. Posteriormente, en cuanto al número se ha hecho una reglamentación específica con un tope de 200 integrantes por colectivo.

Y la semilla dio sus frutos

Esto conllevó a que de Indoamericanto se desprendieran muchos colectivos similares, algunos desaparecieron pero también otros se fusionaron. En la actualidad hay 16 coreográficos que concursaron para que 11 de ellos sean seleccionados por un jurado para desfilar en el Canto a la Tierra, que se lleva a cabo cada 3 de enero en el marco del Carnaval. Este nuevo día de Carnaval con desfile artístico surgió a partir del año 2003, y desde ahí tiene un impulso que hace que muchos, propios y visitantes, se desplacen en búsqueda de los colectivos.

Indoamericanto, y todos los colectivos coreográficos le rinden un homenaje a nuestra ‘pacha mama’ a una cultura ancestral, a un folklore, al rostro del indígena y el campesino que cultiva el maíz que se madura con los rayos de sol, al quechua, a Viracocha, al Tahuantinsuyo, al inti raymi, a una raza mestiza que surgió de la conquista, pero que reconoce su sangre ancestral.

Reconocimiento a los cultores

Es más que merecido hacer un reconocimiento a quienes se pusieron al frente de este fenómeno musical y dancístico, entre otros, con gran mérito al maestro de la música Hernán Coral Enríquez, director durante 10 años; maestro Luis Felipe Benavides (qepd) por el concepto de los atuendos y los textos que sustentaron sus motivos; pero también a Álvaro Gutiérrez, Myriam Benavides, Arnulfo Pedreros, Gladis Izquierdo.

De igual manera, aquellos que siendo de Indoamericanto surgieron con otros colectivos, como Fernanda Chaves y Pablo Hernández con Amaru, José Fernando Erazo con De la misma tierra, José Luis Rodríguez en el Colegio Ciudad de Pasto, Oscar Juajinoy con Raza y libertad, El maestro Luis Antonio Eraso en el Cesmag con danzantes del Cerrillo.

Colectivos coreográficos

A aquellos que los mencionamos en estas líneas nuestra gratitud, pero también a todos los cultores que de manera anónima trabajan para engrandecer nuestro Carnaval. No estaría por demás presentar nuestras excusas por aquellos que hacen todos los méritos pero nuestra mente, por su fragilidad, no los ha incluido por esta vez.

Ya son 25 años en esta gran minga por la vida.

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