Jóvenes sin futuro; la guerra contra los pobres.

Por: Felipe Peña

Finalizando junio dos noticias conmocionaron al país: el asesinato de un niño de 15 años con un disparo en la garganta por parte del ESMAD en medio de un desalojo en el sur de Bogotá, y la violación de una niña embera por parte de más de 7 militares. Un mes y medio después, iniciando la segunda semana de agosto conocíamos la historia de Cristian y Maicol de 12 y 17 años, asesinados en el municipio de Leiva por paramilitares, al norte de Nariño. Horas después en el Alto Baudó, Chocó, -también paramilitares- asesinan a Patrocinio Bonilla, joven líder social Afro. No llegábamos ni a la mitad de la semana cuando el martes en horas de la noche masacraban y degollaban a 5 jóvenes entre los 14 y 18 años en Llano verde, al Suroriente de Cali.  A la sociedad esto le debe generar un examen profundo sobre el futuro para las y los jóvenes en Colombia.

El panorama es alarmante para la juventud y la niñez, la violencia, el abandono Estatal, la falta de oportunidades anulan un futuro posible. No obstante, este grave panorama permite evidenciar las causas estructurales de dicha problemática. Por un lado, un aspecto fundamental para la juventud como la educación superior se vuelve un privilegio, pues tan solo. -como lo afirmaría el experto Julián de Zubiría – 10% de los jóvenes estrato 1 acceden a la educación superior universitaria, y por otro, la profunda desigualdad social y económica hace que los principales afectados sean las poblaciones más vulnerables en complicidad con el Estado; indígenas, afros y campesinos, y entre esta población, la niñez y la juventud.

Hablamos entonces de las dos Colombias, la que ve la guerra y la violencia desde sus exclusivos conjuntos y la que la sufre y que vive allá donde no llega su Estado capitalista, que huye de las balas en medio de callejones o matas de coca, la que esconde para que no los recluten, los violen o los bombardeen, que tiene quien los llore, pero para los dueños del Nogal allá en Bogotá, el Berchmans en Cali, o el Javeriano en Pasto; son solo una cifra, son los hijos de nadie.

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