«La calavera es ñata por donde se le mire»

Por Iván Antonio Jurado Cortés

La disculpa perfecta para la mayoría de países en el planeta es que nadie estaba preparado para enfrentar la pandemia originada por el Covid-19, es de esta manera como los gobernantes se han dirigido a sus representados, olvidando por completo lo establecido por las constituciones, estructura de cualquier gobierno dizque democrático.

Para los países ‘desarrollados’ es una dura prueba que la naturaleza les ha puesto, demostrando su incapacidad para atender una infección que con el paso de los meses sigue cobrando miles de vidas. Se ha podido detectar con facilidad que casi ninguna nación estuvo lista para contener una crisis sanitaria, cuyo origen se discute a diario, hasta la fecha sin respuesta alguna.

Como cualquier folclórico que se respete, cuando se conoció de esta noticia, siempre se creyó que era un ‘castigo’ para los chinos por comerse los murciélagos e insectos, argumento que con el pasar de los días fue desvirtuándose tal como se cierra la sonrisa de los chistosos. Los mandatarios latinoamericanos equivocadamente tuvieron la sensación de que esta enfermedad era una gripa más de las ya conocidas.

Pasan un par de meses, y es cuando miramos a un gobierno colombiano intentando tomar medidas para evitar la entrada del coronavirus al país. Los centenares de muertos al día en el mundo desdibujaron el semblante de los colombianos, y empezaron las angustias que días atrás eran asunto de los chinos sucios. Europa se infectó, y a contar por millares los cadáveres se dijo.

La pandemia ha dejado al descubierto la estructura económica y social de Colombia, que por mezquindad de sus gobernantes nunca permitieron que la ciudadanía se enfocase en su propia realidad. Hoy, cuando el número de enfermos casi alcanza los 4200 con 196 decesos, nuestros paisanos entran en pánico. Por fin se entendió que el virus no es un chiste, sino un riesgo latente que cada vez nos arrincona más.

‘La calavera es ñata por donde se le mire’, popular refrán que por estos días se acuña al pie de la letra, la mayoría de colombianos tendrán que tomar una difícil decisión, morirse de hambre o quedar en manos de Covid-19. Así están las cosas. Pronto las grandes urbes reventaran, son una bomba de tiempo donde la necesidad de sobrevivir a costa de lo que sea, es la prioridad.

El coronavirus en la tierra del ‘Corazón de Jesús’, viene haciendo de las suyas, aprovechando la improvisación del gobierno nacional que cuando quiso tomar las riendas, la infección le había cogido la delantera. Ahora solo queda esperar que la inmunología humana haga su trabajo. La infraestructura hospitalaria no es ni el 40% de la existente en Europa, donde ya registra miles de muertes.

‘La calavera es ñata’, porque la gente de a pie, tendrá que lanzarse al ruedo en busca del sustento diario, ese que le da para comer durante una jornada. El Covid-19 es la otra amenaza que acecha a los vulnerables, a los que la retahíla ‘quédate en casa’ les huele a mierda, a sufrimiento, no por lo que significa el encierro sino porque al quedarse en la casa, no hay ingreso, y si no hay ‘billetico’, comida tampoco habrá.

La cuarentena nacional ha desnudado la necesidad económica del 70% de la población. Los fanáticos hoy podrán decir con seguridad que les mintieron, que les tomaron del pelo, cuando el gobernante les hablaba que la economía y el sistema de salud del país eran de los mejores del mundo. Nada de eso vale, llegó el momento de la verdad. La pandemia descubrió a las naciones, dejando entrever sus potencialidades y debilidades, igual que la soberbia de algunos mandatarios que aun insisten que el coronavirus es una gripa más.

La amenaza es latente, más cuando la irresponsabilidad de un presidente presionado por los empresarios más poderosos de Colombia, le han puesto contra la pared. Aprovechando la improvisación administrativa lo están obligando a tomar la peor decisión en la historia de los gobiernos, dejar atrás la cuarentena obligatoria en pleno asenso de la enfermedad; en otras palabras, tirarse al vacío sin salvavidas.

La famosa ‘cuarentena inteligente’, es sinónimo de asesinato silencioso, ese que iría lanza en ristre contra los vulnerables, la clase obrera, los del rebusque diario. Por donde se le mire, es una acción suicida. Ya quedó demostrado en España e Italia.

‘La calavera seguirá siendo ñata’, hasta que no se encuentre una efectiva respuesta contra el Covid-19.

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