La casa de la cultura de Nariño

Por Édgar Bastidas Urresty

Fundación

Esta Casa no nació ex nihilo, por generación espontánea o por un decreto gubernamental. La idea de fundarla surgió porque obedecía a un fenómeno histórico y respondía a un llamamiento, a una esperanza y a una necesidad, como lo había expresado André Malraux, a propósito de la creación de las Casas de la Cultura en Francia.

Como un antecedente en Colombia hay que mencionar la Casa de la Cultura de Bogotá, fundada en la década de 1960 por Santiago García  y un grupo destacado de actores de teatro, que fomentaron la cultura en torno al teatro y a autores como Brecht, Weiss, Pinter, Casa que años después se convertiría en La Candelaria. Estaba también muy cercano el ejemplo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana por su gran tarea cultural.

La de Nariño se gestó en un período muy convulsionado en Colombia, en Latinoamérica, en el mundo por los cambios profundos en la política, la economía, la ciencia, la cultura.

En la filosofía y la literatura sobresale el existencialismo por su repercusión internacional; en la ciencia se inician los viajes espaciales cuyo logro mayor sería la conquista de la luna. Se producen varias revoluciones: la de mayo del 68 en París introdujo reformas académicas radicales en la Universidad y creó condiciones para la vida mixta en las ciudades universitarias; la de la píldora anticonceptiva hizo a la mujer dueña de su cuerpo. El Cuerpo y el Deseo serían libres y soberanos.

Las nuevas corrientes de pensamiento, la rebeldía estudiantil, los beathles, la guerra del Viet-Nam, cuestionaron duramente la sociedad occidental. La revolución cubana conmovió a América Latina y dio lugar a nuevos movimientos de liberación nacional.

La Casa de la Cultura se creó para que promoviera la cultura regional, nacional y universal en sus diversas formas y manifestaciones.

Marco legal y proceso

La Casa de la Cultura se creó mediante la Ordenanza 64 del 30 de noviembre de 1966 de la Asamblea de Nariño,  que  presenté a esta Corporación como diputado. En la redacción del proyecto colaboró eficazmente don Angel María Medina Santacruz, gerente del Banco de la República de Pasto.

En la Asamblea algunos diputados se opusieron al proyecto por considerarlo extraño e injustificado y fue necesario un gran esfuerzo para aprobarlo. Para asegurar su funcionamiento cedí a la Casa cien mil pesos ($100.000.oo) de mi cuota regional

Organización

La ordenanza  de creación dispuso que la Casa tuviera una Junta Directiva en la que la Universidad de Nariño, la Secretaría de Educación Departamental, la Asociación Nariñense de la Música ASONAR, y la Asamblea Departamental, estuvieran representadas. En ese orden la integraron: Alberto Quijano, Francisco Vela Herrera, Tancredo Rincón y el director de la Casa, con voz pero sin voto.

Poco tiempo después fui encargado de la dirección sin remuneración alguna,  se gestionó el pago de la partida asignada en el presupuesto departamental., se tomó en arrendamiento la casa que hoy ocupa por su valor histórico y arquitectónico, la que habría de ser adquirida unos años después.

Con las donaciones de libros de algunas embajadas, las de mi padre, Emilio Bastidas, de quien recibí un apoyo constante, y las mías y los que se adquirieron, se formó la biblioteca. Se compró un mobiliario para la biblioteca, el auditorio, la sala de exposiciones, la de música, la cafetería, que serían inauguradas a partir de noviembre de 1968.

Colaboradores

La colaboración del pintor Claudio Pascuaza Benavides, del profesor Franco Hebal Benavides, lamentablemente fallecido, en algunos programas de la Casa fue fecunda. La de los profesores Alberto Quijano, Alfredo Verdugo y Gerardo Cortés fue también valiosa, sobre todo, cuando se realizaron los cursos de extensión cultural.

Inauguración

En un ambiente de expectativa, de interés en algunos sectores, de desconocimiento en otros, la Casa de la Cultura se inauguró oficialmente el 19 de noviembre de 1968. Habló Alberto Quijano, presidente de la Junta directiva y yo como director. Durante la semana cultural se abrió una Feria del libro, una exposición de pintura de Claudio Pascuaza, una muestra fotográfica colectiva, se premió a Mario león Arcila, de Buga como ganador del concurso nacional de cuento; el profesor Alfonso Hanssen dio la conferencia «El conflicto humano en el Hamlet». Se presentaron varios documentales colombianos que facilitó el profesor Gonzalo Palomino, se oyó la voz imponente, majestuosa, nítida de Jorge Zalamea en la lectura de su gran poema El sueño de las escalinatas grabada en dos discos de la colección H.J.C.K. el Mundo en Bogotá. En el último día ASONAR dio un concierto de gala, y un grupo entusiasta de jóvenes un recital espontáneo de música y poesía.

La Casa de la Cultura era un experimento nuevo en Colombia, existían la de El Socorro, Santander y la ya mencionada Casa de Bogotá. En la de Nariño la intención era de crear un gran espacio para la cultura, de romper con el ambiente tradicional, de introducir corrientes renovadoras. A este experimento se unió un buen número de estudiantes de bachillerato que organizó grupos de teatro y participó de las diferentes actividades.

En el teatro, Humberto Dorado, Carlos Cortés, Jesús Ortíz, Josefina Cano, María Morán, especialmente los dos primeros que se destacarían después en el país, hicieron sus primeros experimentos. Leyeron e hicieron montajes de algunas piezas de Ionesco.

Una de las tareas prioritarias fue la de atraer y formar un público para la Casa, gestión que tomó tiempo y trabajo pero que dio buenos resultados.

Primer año de labores

En junio de 1969 fui nombrado director en propiedad de la Casa con un salario casi honorífico y al cumplirse el primer año de labores el balance fue muy satisfactorio.

El número 1 de la revista Sur que apareció en agosto de 1969 como órgano de expresión de la Casa publicó los trabajos: Marxismo y Universidad de Alfonso Hanssen, Panorama folclórico de Nariño de Víctor Sánchez Montenegro, La poesía de Dora Castelllanos, de Alberto Quijano, Una histórica visita a Pasto, de Sergio Elías Ortíz, Esencia de la pintura impresionista, de Juan Eduardo Cirlot, el cuento Nancia de Mario León Arcila, La poesía perdurable,  de Emilio Bastidas. En las páginas finales registró las principales actividades de la Casa.

Para fortalecer el presupuesto y consolidar los programas, en septiembre de 1969 viajé a Bogotá para visitar al poeta Jorge Rojas, primer director de COLCULTURA.

Había sido nombrado en tan importante cargo porque además de ser buen poeta y mecenas – publicó los cuadernos de Piedra y Cielo-, era un gran empresario.

En su agenda no figuraba mi visita y ante la imposibilidad de que me recibiera, le pedí a su secretaria que al menos el poeta me autografiara su libro La doncella de agua. Lo recibió y en pocos segundos tuve acceso a su oficina. Fue muy atento, estaba muy complacido, escribió una dedicatoria, se interesó en los proyectos de desarrollo de la Casa de la Cultura, en la demanda de ayuda financiera pero nunca respondió nuestra solicitud.

Treinta y cuatro años después lo visité en su casa de Bogotá en compañía del profesor y escritor mexicano Joseph F. Vélez para hacerle una entrevista que Vélez incluiría en el libro Escritores colombianos según ellos mismos, publicado en 1996. Vivía solo en un gran apartamento al norte de la ciudad con una magnífica vista, rodeado de libros, de una valiosa colección de pintura, de esculturas coloniales, de numerosas fotografías al lado de su familia, de sus amigos poetas, de personajes de la cultura, de la política.

Nos ofreció un whisky, habló de sus libros, contó algunas anécdotas, de su amistad con Aurelio Arturo y nos despidió con una gran cordialidad. Su muerte, uno o dos años después, fue muy sensible en el mundo de la cultura colombiana.

Primer aniversario

En noviembre de 1969 se celebró durante seis días el primer aniversario de la fundación de la Casa. Se abrió una exposición de antigüedades organizada por el maestro Alfonso Zambrano y Jorge Guzmán, se inauguró la Sala de exposiciones Marco Tulio Salas Vega como homenaje al gran pintor nariñense, de brillante figuración en la pintura colombiana entre 1930 a 1950, nombre que habría de ser abusivamente reemplazado por otro por disposición de mi sucesor. Se realizó una mesa redonda sobre Las tendencias de la literatura latinoamericana actual, se presentaron las obras Un día vino el circo al pueblo de Kepa Amuchástegui, Vaivén y Acto sin palabras de Becket, bajo la dirección de Humberto Dorado y Francis Suárez, respectivamente. Hubo un concurso de pintura infantil, otro de recitación para estudiantes de bachillerato.

Miembros honorarios

Para darle una mayor proyección y buscar una mejor cooperación, la Junta Directiva nombró como miembros honorarios de la Casa a los Agregados culturales de las Embajadas de España, Estados Unidos y Alemania Federal.

Sin que la gestión tuviera éxito se le pidió a la Alcaldía el traslado del Archivo histórico de Pasto a la Casa para su ordenación.

Bienal de Coltejer

Nariño fue invitado a la II Bienal de Coltejer de Medellín. Estuvo representado por dos obras de Claudio Pascuaza Benavides en el exigente evento y que fueron incluidas en el lujoso catálogo de la exposición.

Un grupo de pintores nariñenses participó en el Primer Salón de artistas surcolombianos en Neiva y logró una buena figuración.

Alejandro Casona en Pasto

El grupo de teatro La Tramoya de la Casa de la Cultura, dirigido por Edmundo Figueroa presentó con éxito La tercera resignación del gran dramaturgo español.

Ese año concluyó con la solicitud de incorporación de la Casa a COLCULTURA con la condición de que se preservara su autonomía, sin ningún resultado.

Traslado de la Biblioteca del Centenario

A pesar de algunas voces opuestas, esta Biblioteca fundada en la segunda década del siglo XX, por el gobernador Apolinar Mutis que se encontraba en un estado de abandono y había sido parcialmente saqueada,- desapareció, por ejemplo, la colección de los premios Nobel de literatura, editada por Aguilar- fue trasladada e incorporada a la Biblioteca de la Casa de la Cultura.

Exposiciones

En enero de 1970 la Casa con la cooperación del Instituto Nacional del libro  y el Ministerio de información y prensa de España, realizó una importante exposición del libro español.

En la Sala de exposiciones se inauguró una exposición de pintura del gran pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín formada con los cuadros de coleccionistas de Pasto.

Conferencias

El crítico de cine Hernando Martínez dio un ciclo de conferencias sobre la historia del cine ilustrado con la presentación de películas de varias épocas.

El teólogo Eduardo Cárdenas S.J. habló en el Auditorio sobre Las raíces de la crisis contemporánea y El problema del ateísmo moderno.

Organización del archivo

Por iniciativa de la Casa, el Instituto Colombiano de Cultura comisionó al historiador, lingüista y etnólogo Sergio Elías Ortiz para que organizara el Archivo histórico de Pasto, trabajo que realizó con gran dedicación.

Segundo aniversario

Con un trabajo muy consolidado se cumplió el segundo aniversario de la fundación de la Casa, en noviembre de 1970.

Con la cooperación de la embajada de la Unión Soviética en Colombia, Serguei Dorenski, gran pianista ruso dio un concierto en la Casa de la Cultura con obras de Bach, Mozart, Beethoven, Prokofiev, Schuman, Tchaikovski, Chopin, Scriabin y Falla. El Instituto Colombiano de Cultura, en agosto de 1970 había facilitado a la Casa una exposición de grabado soviético.

En el teatro Hualcalá con gran éxito se presentaron las películas: El acorazado Potemkin, Octubre, La Huelga, y Resurrección de Eisenstein, y Hamlet de Kosintsev.

Los profesores universitarios Gustavo Álvarez Gardeazábal y Humberto Márquez hablaron sobre La gente de Macondo y El teatro de Grotowski, respectivamente.

La semana cultural debía terminar con la presentación del grupo de títeres La pulga gótica, de Príncipe Espinosa con el patrocinio de COLCULTURA.

El mal tiempo retrasó dos días la llegada a Pasto del grupo. Ante el temor de que no hubiera público por haberse programado la presentación un día dominical, la dirección de la Casa optó por invitar a policías y soldados quienes vestidos de civil y confundidos entre los demás asistentes se divirtieron como niños.

Segundo número de la Revista Sur

En octubre circuló el número 2 de la revista Sur con este contenido: La poesía en Jorge Rojas, de Emilio Bastidas, Arte, de Lawrence Alloway, Estructura y función de la ciencia, de Franco Hebal Benavides, Crónica de carnaval, de Alberto Montezuma Hurtado, Los caimanes (cuento) de José María Córdoba, y Notas informativas de un estudio sobre los Coaiquer, de Ann Osborn.

 Informe a la Asamblea

La Asamblea Departamental, organismo que aprobó la Ordenanza de creación de la Casa de la Cultura conoció el informe de actividades de ésta institución desde su fundación y una propuesta de reforma interna que disponía la creación de:

  1. Un Departamento de Artes musicales formado por una orquesta sinfónica, coros, la Banda Departamental con una escuela de música.
  2. Un Departamento de Artes de la representación, con grupos escénicos, de títeres y marionetas.
  3. Una sección de danzas y ballet y de investigaciones folclóricas.
  4. Un Museo arqueológico, etnológico y folclórico
  5. La adquisición de una imprenta, una emisora
  6. La adscripción a la Casa de la Cultura del teatro al aire libre «Agustín Agualongo» para su recuperación y buen funcionamiento.

Homenaje a Beethoven

El periódico El Siglo de Bogotá destacó con fotografías de la estatua de Beethoven que se levanta en Berlín y de la sala de la casa natal donde está su piano favorito, el homenaje que le hizo la Casa de la Cultura con motivo de cumplirse el segundo centenario de su nacimiento.

La Banda Departamental dio un concierto con algunas de sus composiciones, el pintor Carlos Tupaz Mejía abrió una exposición de pintura en varias modalidades y técnicas dedicada al gran músico de Bonn y la Embajada Alemana presentó la película Fidelio o El amor conyugal (1805), su única ópera.

Últimos programas

En el teatro Agustín Agualongo, un bello escenario enclavado en una de las colinas de la ciudad, acomienzos de 1971 se desarrolló el Primer Festival Folclórico de Nariño y Putumayo, un concurso de bandas y grupos musicales y se dio el fallo de un concurso de composición.

El público copó totalmente las graderías del teatro y no pudo contener las emociones del gran espectáculo.

En el teatro Javeriano el grupo ecuatoriano La Barricada bajo la dirección de Carlos Martínez presentó la obra Los papeles del infierno de Enrique Buenaventura. Al final de una brillante actuación, el director manifestó su apoyo a la Casa de la Cultura y rechazó cualquier intento de perjudicarla.

Crisis en la Casa de la Cultura

Cuando la Casa había logrado un reconocimiento nacional a su labor -el 10 de agosto de 1970, por ejemplo, el Ministerio de Educación Nacional le otorgó el diploma de Honor al mérito educativo- sobrevino lo que se temía y estaba anunciado: la intervención del gobernador para convertirla mediante decreto en una dependencia gubernamental. Ante esa evidencia el director renunció al cargo irrevocablemente pero recibió el respaldo de la Junta Directiva.

El gobernador Arellano procedió entonces a destituir al director y a remplazarlo por quien alevosamente había buscado el cargo. La medida fue recibida con indignación y causó repudio general en Pasto y en el mundo de la cultura colombiana.

La Corporación Colombiana de Teatro, formada por los grupos más importantes del país – La Candelaria, el TEC, el Teatro Libre de Bogotá, el TPB, entre otros – llamó atropello al decreto gubernamental y denunció el intento de oficializar la Casa de la Cultura.

El escritor Gustavo Alvarez Gardeazábal llamó al gobernador «Dictador de la cultura» en su columna de El País, de Cali. Los cursos de extensión en la Casa fueron suspendidos, las exposiciones clausuradas y los grupos artísticos anunciaron su retiro en señal de protesta. Un grupo de universitarios hizo una huelga de hambre y hubo manifestaciones de protesta en la calle.

En la calle de acceso a la Casa fue colocado un cuadro con la imagen de una manzana gigante que comenzaba a ser roída y corroída por un gusano oficial. El movimiento duró más de una semana y permitió conocer el gran apoyo que La Casa tenía.

Un importante diario bogotano comentó así el hecho: «No se pecará de entrometidos, si se revela la extrañeza por cualquier intento de perjudicar a un plantel de la trayectoria de la Casa de la Cultura, establecimiento de lo más positivo que en el ramo se realice actualmente en Colombia.

En el ambiente difícil de una ciudad sin grandes recursos económicos, la Casa de la Cultura impulsa el teatro, fomenta la lectura, patrocina conferencias, edita folletos, mantiene correspondencia con letrados y sabios, llega hasta el pueblo, vincula a los estudiantes en absolutamente todos los meridianos de alguna tangencia con el arte y el conocimiento.

Lo hace con sistema, sacrificio y perseverancia. A la sombra del grato solar, en Pasto prosperan eruditos, escritores, pintores y artesanos que sorprenden al desprevenido visitante en cuya mente existía imagen oscura y desenfocada de las condiciones culturales de la ciudad.

La Casa de la Cultura no se dio silvestre. La crearon y le dieron las dimensiones que hoy la destacan, unos cuantos intelectuales avizores, creyentes, valerosos, sencillos, enamorados de la tierra nativa y seguros de que ella es fértil para los menesteres del espíritu».

Historia accidentada

Con la pérdida de su autonomía la Casa de la Cultura tendrá una historia accidentada, de inestabilidad porque estará sometida a los vaivenes políticos y a un permanente déficit presupuestal.

En el 2002 el Gobernador Parmenio Cuéllar adscribe la Casa a la Secretaría de Educación Departamental con lo que pierde la poca autonomía que tenía. Fue una medida discutible porque contradecía la política de fortalecimiento de los organismos de la cultura nacional y regional, emprendida por los últimos gobiernos. La Secretaría de Educación y la Casa tienen algunas tareas comunes, quizás complementarias pero la misión de la segunda es más universal.

Supresión de la Casa de la Cultura

Los atropellos contra la Casa de la Cultura continuarían, y así el gobernador Parmenio Cuéllar, en 2003 mediante un decreto nefasto decide suprimirla, porque dizque le daba pérdidas al Departamento, como si la cultura produjera utilidades, como una empresa comercial.

La medida causó un repudio generalizado: un magistrado del Tribunal Superior de Nariño dijo que el gobernador llevaría un INRI para siempre por el cierre de la Casa de Cultura.

A los gobernadores siguientes se les pidió que refundaran la Casa de la Cultura sin que ninguno de ellos se interesara, y uno de ellos por mediación de un pintor guerrerista, convirtió lo que quedaba de la Casa, en una Pinacoteca, en una sala de exposiciones de pintura, un disparate enorme.

Con el cierre de la Casa de la Cultura de Nariño, se perdieron más de 57 años de trabajo para la promoción de la cultura en todas sus manifestaciones, de acuerdo a los objetivos de su fundación.

Hay que celebrar que el nuevo gobernador de Nariño, Jhon Rojas, haya dispuesto que la Pinacoteca recupere el nombre original de Casa de la Cultura de Nariño, y se espera que le dé el apoyo que necesita.

Comentarios

Comentarios