La ceguera del coronavirus.

Por: Edwin Rosero Casanova

Más allá de los efectos económicos que cause este virus, quedó en evidencia la incapacidad de reacción del sector salud y del gobierno. La reacción de las medidas ha sido gota a gota. La argumentación del presidente se basa qué sobre la marcha se va haciendo camino y no es necesario paralizar todo un país. – refleja nuestra idiosincrasia -. Sí comparamos la capacidad de reacción de Europa y EEUU no tiene algún sentido, ellos son países desarrollados dentro de otro contexto político, económico y social. Lo mejor que podemos hacer es compararnos con países Latinoamericanos, no obstante, cada país tiene su propio contexto, y compartimos muchas cosas en común.

Tanto Europa y EE.UU. tienen tecnología, la información es rigurosa y el conocimiento es fiable para tomar las mejores decisiones en pro de preservar la vida de seres humanos. Ese es el reto que nos impuso el COVID19 del siglo XXI. Al mismo tiempo, las decisiones de Duque generan incertidumbre, desconfianza; él no se conecta con la gente en estos momentos de crisis y desesperación. Las medidas que ha tomado van en contravía de las que ha tomado Perú y Ecuador. Por ejemplo, Ecuador hace más de una semana cerró aeropuertos y decretó medidas de aislamiento obligatorio, multas elevadísimas quienes infrinjan, prácticamente paralizó la economía y aun así tienen 200 casos confirmados y un centenar por confirmar. Otro ejemplo, EE.UU. en una semana del brote dictó medidas estrictas, pasó de posponer clases en colegios de una semana a tres semanas, y luego acabar el año escolar en línea. El gobierno fue más proactivo y dijo que se preparen qué esto iba hasta agosto y decretó aislamiento total. Indiscutiblemente, la reacción de pánico y zozobra es inherente. En los dos países el desabastecimiento de alimentos es lo primero, y de ahí se desencadena múltiples restricciones.

Contrario a Colombia, hemos presenciado eventualidades embarazosas. Las decisiones decretadas  pasan hacer evaluadas por la ciudadanía en un ring de boxeo. Las redes sociales fungen como ring, en especial twitter, y facebook incita a la euforia con cada meme publicado. El último episodio germina desde las entrañas jurídicas del Palacio de Nariño, desautorizando alcaldes y gobernadores las medidas que empezaron a tomar para proteger a los suyos, y preservar la vida. El presidente creyó que gobernaba con la constitución de 1886, que él había nombrado por decreto a 64 gobernadores y qué la ciudadanía no tenía un Smartphone. Además, con la declaratoria de Estado de Emergencia bastaba para dejar claro que las órdenes, de ahora en adelante, las daba él. El último decreto fue producto de un ego herido causado por sus subordinados constitucionales.

El presidente Duque hace un llamado a una coordinación mutua cuando él produce la descoordinación. Las medidas que ha tomado ha sido producto de la presión ciudadana y omite que somos una sociedad hiperconectada, bien informada y con un análisis más objetivo aplicando el sentido común. La historia de la novela de José Saramago “ensayo sobre la ceguera” cae como anillo al dedo. – luego que el medico oftalmólogo termina contagiado con la ceguera por trasmisión de otro contagiado, se desencadena el contagio de manera exponencial y termina en una epidemia. Las autoridades ponen en cuarentena a todos los ciegos en un manicomio abandonado, sin brindarles las condiciones básicas, hasta que encuentren al culpable. Las ayudas del gobierno nunca llegan y los ciegos viven su propia tragedia y recurren a los instintos más primitivos del ser humano.

A eso hemos llegado. Se conoce con creces nuestro sistema de salud y qué colapsaría en un contagio exponencial del virus, y recurre a la inocua solidaridad del colombiano promedio que carece de estudios y de un empleo formal. La solidaridad debe ser mutua con el gobierno cuando éste actúa de la misma manera. La confianza crece cuando el gobierno escucha las peticiones de la ciudadanía. La respuesta de reacción de cada uno se vuelve contagiosa cuando inspira patriotismo. Hasta la fecha, llevamos más de cien casos confirmados y un centenar por confirmar. Las medidas decretadas por alcaldes y gobernadores aún son tibias. Los controles son inocuos sin ningún registro, solo aparentando ser. La reacción de la ciudadanía ha contagiado más y ha resultado más efectiva que cualquier otro decreto. Porque está en juego la vida.

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