La ciudad de San Juan de Pasto, tiene que apuntarle a la creatividad, para asegurar su desarrollo al 2030

Por: Carlos Villota Santacruz*

De acuerdo con las estadísticas del Departamento Nacional de Planeación, en Colombia al cierre del año 2018, el índice de  pobreza alcanza el 28 por ciento de los colombianos. Una pobreza extrema que no escapa a la zona urbana y rural de San Juan de Pasto, capital del departamento de Nariño.

Una radiografía que no solo es preocupante sino que se eleva como un reto y una oportunidad para quién lidera el destino de la “ciudad sorpresa de Colombia” como es el Alcalde Pedro Vicente Obando. La recta final de su mandato, debe edificar políticas públicas creativas, pensar estrategias que  permitan a esta urbe y sus habitantes, mejorar continuamente y encontrar la forma de progresar —pensando también en el desarrollo económico y social de manera viable y sostenible, pero sin sacrificar al territorio, que es en esencia; la casa común de “pastusos” de nacimiento y adopción.

Hace unos meses atrás, camine a San Juan de Pasto en sus cuatro puntos cardinales. Dialogue con sus habitantes,  cuya tendencia se resume en una urbe de “población de la tercera edad” y “de inmigrantes”. Con sueños y esperanzas propios de la sociedad del conocimiento y la globalización. Esa conversación desde La Plaza de Nariño, pasando por el Barrio “Obrero”, El “Centenario” y las “Avenida de Los Estudiantes”, se resume en un hecho contundente: “es una ciudad se encuentra  en depresión”.

La razón, hoy está por fuera  de la red de ciudades activas –la ciudad siempre es emprendimiento- Es una  ciudad  burocratizada, desactivada, atrofiadas, terriblemente dual y desahuciada.  Es una ciudad que ha perdido la capacidad de innovar.  Una ciudad simplemente común, ordinaria. Una ciudad que se decolora –en medio de la población infantil y joven existente. Una ciudad “abrazada por un  gris que  avanza”.

Sus habitantes “piden a gritos” más emoción. La construcción de una política pública  desde la confianza, la creatividad y el compromiso. Este triángulo es fundamental. Pide coraje, responsabilidad y un  propósito para introducir cambios en manera estructural con una visión al 2030. En una palabra, requiere repensar y   construir la ciudad.

Pasar definitivamente  la ciudad “gris” a una ciudad “viva”. Con capacidad de soñar. De  naturaleza, de cultura, de deporte. Una ciudad con una  infraestructura racional, que le de a los ciudadanos tranquilidad y un desarrollo individual y colectivo que eleve su calidad de vida. No en vano, San Juan de Pasto, es la “casa de más de una decena de Universidades. El primer paso es fortalecer la educación. El segundo paso trabajar por la responsabilidad social. Un tercer paso,  se requiere edificar entre el sector público, privado, la academia y los ciudadanos un consenso continuado que se desmarque de la elecciones regionales del 2019, cuando se renovará los entes municipales y departamentales. San Juan de Pasto, no es solo el Carnaval de Negros y Blancos, tiene un portafolio de servicios en el área cultural con capacidad de crear. Con capacidad de crear una atmósfera para la humanidad, a las faldas del “Volcán Galeras”, sustentado en la historia. En esa historia de sus calles, de sus iglesias, de su gente. de su gastronomía: El rediseño de la ciudad de la mano de sus ciudadanos y su cultura. Estoy convencido, que es  la mejor apuesta al futuro. A propósito de este comentario usted que piensa: e mail carlosvillota56@gmail.com

*Internacionalista, Comunicador Social y Periodista, experto en marketing político y marketing de ciudad. Coautor del libro “Gobierne bien y hágalo saber”

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