LA CUNA DEL SENTIMIENTO

Por: Miguel Villareal Vivas

“Lo que rige el interés de la sociedad moderna

no es la admiración por la virtud ni el respeto por el conocimiento

No son, la cordialidad de Whitman, la universalidad de Leonardo,

la perplejidad de Borges, la elegante claridad de pensamiento de Oscar Wilde,

la pasión de crear de Picasso o de Bosquiat o el respeto de Pierre Michón por la

compleja humanidad de la gente sencilla lo que gobierna nuestra época , sino el des-

lumbramiento ante la astucia, a fascinación ante la extravagancia

    el sometimiento ante los modelos de la fama y la opulencia.”                                                        

William Ospina

 

La prevalencia de la desesperanza y la agresión parecen presagiar el naufragio de las apuestas por sembrar de sentido la vida, vida que han arriesgado en la voz y en la acción, en la vocación y el tesón cotidiano, mujeres y hombres comprometidos con la formación humana; desde la casa, la escuela, la educación de adultos, la comunicación alternativa, la formación ciudadana, la organización comunitaria, la educación ambiental, etc.

 

En verdad habitamos un mundo vertiginoso y desigual, en apariencia incomprensible: Campean la intolerancia, la inequidad, la corrupción, la depredación, el consumismo. En pocas palabras, impera la cultura de la viveza a la que paradójicamente le rendimos tributo. Al mismo tiempo emergen nuevos lenguajes juveniles en forma de música, maneras de vestir, simbologías, formas de relacionarse, de sentir, en fin… diversos modos de andar por la vida y de narrar sus historias.

 

Es impresionante como cada día se cuelan ágiles y vivaces nuevos artefactos y tecnologías en nuestras casas, en las aulas, en la vida cotidiana: tv cables, teléfonos celulares, transbordadores, mp4, Ipod, Ipad, internet satelital, páginas web, el chat, dinero plástico, la multimedia, mascotas virtuales, magnetoscopio, ciberespacio… palabras acuñadas para esta creciente y a veces desconcertante galaxia de nuevos medios y tecnologías.

 

Sin embargo y muy a pesar de estos hechos y artefactos vanguardistas, donde es posible la comunicación vertiginosa con cualquier lugar del mundo para entablar relaciones de negocios, de amistad, de enamoramiento, donde es posible viajar virtualmente por el orbe e ir de compras por los principales centros comerciales del mundo, se siguen padeciendo los problemas más grandes de in-comunicación. Realmente nos cuesta trabajo cruzar la calle para saber algo de nuestro vecino, desde su propia versión, l@s niñ@s permanecen gran parte del tiempo sol@s, asistidos la mayoría de veces, por la tv que se convierte y con “creses” en su tutora preferida, sin que medie la intervención de los adultos para canalizar el contenido de lo que ellos observan a través de esa ventana mágica que la mayoría de veces nos deja ver el reality de los conflictos humanos con sus más bajas pasiones. No es que creamos que debamos aislar a l@s niñ@s de la realidad ni mucho menos, creemos que ellos son interlocutores válidos para cuestionar el comportamiento adulto desde la limpieza de su inocencia, cuando ha habido en su casa un ambiente que ha cuidado ese proceso y l@s ha vuelto críticos en el sentido argumental de la palabra.

 

Y qué decir de nuestros jóvenes, sin la mínima esperanza de encontrar, entre las propuestas, ya inexistentes, ni regional, ni local, ni nacionalmente, algunas que canalicen su vibrante frenesí su inconmensurable potencial. Más que ausencia de futuro es la potencialidad de un futuro sobrecogedor el que se cierne sobre nuestras esperanzas, llevados por la inherencia de lo que acontezca, de “lo que salga” y desgraciadamente en nuestro medio lo que acontece son cosas como el alcoholismo y demás actividades concomitantes. Las calles se han convertido contemporáneamente en poderosas socializadoras, mayores inclusive que la casa y la escuela, con el agravante de que allí normalmente impera la llamada “ley de la calle”, es decir la ausencia de normatividad y la existencia de muchos anti valores.

 

Desde hace algún tiempo me ha inquietado el hecho de que a Pupiales, nuestro pueblo, se le reconozca solo como “la cuna del pensamiento”, y más todavía que la mayoría de nosotros nos hayamos creído ese calificativo sin mirar con algún detenimiento las implicaciones que puede tener. Sería deseable que fuésemos también la cuna del sentimiento, para poder ser en la vida cotidiana, más espontáneos, más comunicativos, menos tensos por el temor al qué dirán, al que podrán pensar los demás. Siento y pienso que estos temores han llevado a gran parte de las personas a renunciar a “ser si mismos” y los han obligado a reprimir gran parte del potencial que todos llevamos dentro, para hacer solo lo que es aceptado formalmente.

 

El pensamiento racional por sí solo nos hace perversos desde la palabra y desde la acción. Es también el sentimiento que “tiene razones que la razón no entiende” el que ha de permitirnos reconocernos como hermanos, urgidos, necesitados, coincidiendo en la inquietud, la insatisfacción, la soledad, para avanzar hacia la solidaridad, hacia el encuentro que nos abra y nos disponga a la escucha, la comunicación, nos lleve a la acción. Tenemos entonces pensamiento, sentimiento y acción, tres facetas de un mismo e integral modo se ser, en las que ha de buscarse coherencia que sería en últimas la tarea de ser humanos que buscamos ser para poder hacer realidad lo único plenamente común, irrenunciablemente común: la vida y el derecho a vivirla gratamente.

 

Ni la pasividad, ni la resignación ni la sumisión a lo que hay, ni la mansedumbre irreflexiva, ni el estoicismo contemplativo son herramientas que sirvan para construir el porvenir que más conviene a una comunidad. Es necesario transitar de la permanente crítica a la organización colectiva y desde allí a la elaboración de propuestas alternativas, es decir a otros Nacimientos y así sucesivamente.

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