La estigmatización histórica de los pastusos

Por: Arq. Adalberto Córdoba  Z.

Docente Coordinador de área de la especialidad Dibujo Técnico- ITSIM Pasto

Estimado colega y escritor, Julián Bastidas Urresty:

Hace poco terminé de leer tu libro Salvador Jiménez de Enciso en las Guerras de la Independencia. Pasaron nueve meses desde que pusiste la firma y una corta dedicatoria a un ejemplar después de su lanzamiento en Cámara de Comercio de Pasto.

Valió la pena leerlo despacio, en cortos tiempos de receso o aun en ciertas madrugadas de desvelo, fue una buena compañía para conciliar el sueño. A medida que iba llegando a la participación de este obispo en las guerras de independencia, desde su posición primero realista y luego republicana, fui entendiendo un poco más la extraña y por demás extrema posición de las gentes de Pasto y los alrededores en defensa del rey de España y de la religión católica.

Quizás ha sido el libro que más claramente me hace entender porque somos como somos aun hoy en día. Ese descubrimiento y esa sensación por tratar de entender por qué el pueblo pastuso era y aún sigue siendo tan realista, me tiene francamente sorprendido. Se puede decir que es incomprensible a ratos, porque desde Pasto surgen al concierto nacional muchos líderes quienes fueron haciendo más y más profundo el odio contra los jefes de la revolución en la independencia y luego, alentados por personajes como el obispo, crean distancia contra quienes, en su momento, se dice, atacaban a fondo las creencias religiosas o la tradición.

Siempre se ha dicho que Pasto es un fortín inexpugnable. El hecho de estar aislado por cumbres montañosas, tanto por el lado norte como por los otros puntos cardinales, ha generado con el paso de los siglos problemas de conexión y de desarrollo de la misma infraestructura; incluso si tomásemos solo la ciudad, el mismo volcán hace un cerco de protección, y este hecho dio a estos líderes de la defensa pastusa una razón geográfica y en sus ideales profundamente oposicionistas, nos ha legado la razón de ser del pastuso, hasta la época moderna. Desafortunadamente debo reconocer que esto no es un buen legado, sea cual sea el tiempo en el que esta sociedad pretenda avanzar y desarrollarse porque el “aislacionismo” no es la mejor política ni en tiempos de paz ni en tiempos de guerra.

El modo de ser, y esto debe entenderse como una especie de egoísmo innato, el ser recelosos, desconfiados, a pesar de ser excelentes trabajadores, respetuosos de su prójimo, el ser tolerantes, sumisos (cosa que a veces se interpreta como demasiado ingenuos), creyentes, fieles a los principios y también a ratos conservadores, y en otros casos la dosis de malicia indígena o el comportamiento de herencia de los españoles en otra, su nobleza, su don de gente, ha contribuido a que su pensamiento aunque racional y utilitarista, con una visión a lo mejor, poco trascendente y cortoplacista, nos oponga al pensamiento de una sociedad más cooperante o con marcada visión comercial  y de pronto más futurista en la visión de desarrollo. El no tener mayores aspiraciones la ha convertido en una sociedad conformista con el modelo de vida simple y sin mayores contratiempos.

El pensamiento del obispo Jiménez de Enciso incluso, llegó a chocar con esta sociedad y el de este sumiso pueblo; cuando trataba de desviar la atención hacia sus propios intereses en defensa de la corona, es curioso como en varios pasajes se dice que los indios combatían a favor de la causa del rey, pero en ciertas etapas cruciales se desalentaban y renunciaban para regresar a sus tierras. La guerra definitivamente es más que extraña y difícil en un territorio como el nuestro.

La historia demuestra que no es casualidad que Jiménez de Enciso haya llegado justamente a Pasto, un fortín realista para este personaje. Parece curioso que ninguna otra lo hubiese acogido como un paisano más con amplios poderes políticos y religiosos. Venir desde una ciudad real como Popayán y llegar a otra aún más realista fue no solo una coincidencia, sino un punto álgido para los destinos de la revolución y del libertador Simón Bolívar.

Larguísimos años de oposición y contra revolución, desde antes de 1819, y ni siquiera con el influjo de la declaratoria de independencia de Quito, pudieron  controlar la posición política de este pueblo liderado unas veces por Agualongo, otras por Merchancano, por Flores o por el mismísimo Boves, hasta llegar al padre Francisco de la Villota, logran parar ese sentimiento tan absurdo, a veces, oponiéndose a todo y contra todos.

Admirar o denigrar de Simón Bolívar no es una cuestión de gustos, es más de poder comprender el significado de la misma historia. Muchos líderes a nivel mundial han sido denigrados por sus acciones, el mismo obispo en su momento fue desacreditado y luego amado por los republicanos y después Bolívar fue censurado por el pueblo pastuso por sus decisiones estratégicas en la guerra. Es absurdo y poco inteligente pensar que podía existir en pleno proceso de la conformación del territorio libre de América o la Gran Colombia, desde el Caribe Venezolano hasta Bolivia, un punto totalmente aislado, paso obligado al sur, que con su tenaz resistencia haya querido desbaratar ese gran proyecto a favor siempre de la causa del rey Fernando VII.

Otros episodios como la triste de muerte del general Antonio José de Sucre marcan de por vida ese resentimiento que el pueblo colombiano tiene contra el sur y específicamente contra los pastusos. Bolívar, ya cansado y desilusionado por las traiciones políticas, regresa a su caribe y descansará en paz contra los nuevos odios políticos de los mismos colombianos donde fue su presidente por varios años.

Este libro, colega Julián, me ha enseñado mucho, sin tener que recurrir a todos los libros de la academia de historia publicados por tomos y tomos de temas claro específicos, pero tu libro es bien fundamentado, valioso y denota precisamente la inteligencia de manejar con tino sin resentimientos y sin parcializaciones una interpretación mucho más real de nuestra propia historia, puesto que lo otro, seguir siendo oposicionista y con una visión marcadamente regionalista, precisamente, no conducen más que al atraso y señalamiento negativo hacia este digno y magnánimo pueblo sureño, herencia pura de la idiosincrasia Incaica y Andina.

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