La industrialización de la marihuana en Alemania, un ejemplo para Colombia

Hoy la industrialización de la marihuana sería la salvación de la Colombia rural, opinan los colombianos residentes en Alemania. En Alemania no solamente hay un día al año para celebrar la existencia de la marihuna, sino que hay en marcha una creciente industria como no se ha visto en otro país.

Las tiendas con productos canabis se extienden por todo el país. Allá usted puede comprar desde cigariillos de marihuna, pasando por granulados para deportistas hasta dulces selectos para niños. Hemos estado hace algunos días en una de ellas, donde su dueño, nos ha enseñado todas las virtudes, la maleabilidad y posibilidades industriales de la marihuana. A partir del cáñamo de la planta que en Colombia llamamos «maldita», se puede fabricar preciosas telas para la industria textil.
 
En Estados Unidos fabrican empaques de fibra natural y los exportan a Alemania, con el aviso muy grande «Hecho con Marihuana Colombiana». Se fabrican banderas, parasoles, ropa y un sin fin de productos para el hogar. De la flor se extraen valiosos y exquisitos perfumes y se produce diversidad de productos que se comercializan en grandes tiendas exclusivas en toda Alemania. De las semillas y de la raíz se fabrican licores, especias, granulados y comestibles varios.
 
Ante la gran demanda de sus productos, Alemania importa de Rusia y otros países del este europeo la planta para industrializarla, ya que la producción nacional, cultivada en todas partes, incluso, en los balcones de sus viviendas es insuficiente. En Colombia, hace muchos años, un reporteje televisivo emitido por «90 Minutos», de Telepacífico, que elaboré desde Berlín, provocó algunas inquietudes en industriales curiosos. Hoy, sería una gran oportunidad en los campos colombianos la industrialización de esta planta. Una oportunidad única que representaría, ni más ni menos, la salvación de la Colombia rural, opinan los nacionales residentes en Alemania. De hecho, al discriminalizar su cultirvo con fines industriales, así como las plantas de amapola y coca, la violencia congénita de nuestro país se reduciría de una forma drástica.

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