La noche que no se movieron los árboles en El Charco

Por: Álvaro León Benítez Acevedo

Situación geográfica

Se ubica a 465 kilómetros al norte de Pasto. Se encuentra limitada al norte con el Océano Pacífico, Santa Bárbara y el departamento del Cauca. Al sur tiene fronteras con El Rosario y Magüí. Al este limita con el Departamento del Cauca y Leiva, y por el oeste limita con La Tola. Su altura sobre el nivel del mar es de 2 metros, y la temperatura media anual es de 28ºC, con una precipitación media anual de 3.761 mm. El territorio es mayoritariamente plano con relieve ondulado y montañoso al este. Posee zonas de esteros e islas de mangle.

En cuanto a la orografía, los principales ríos que lo atraviesan son Río Amarales, Iscuandé, el Muchica, el Sequihonda y el Tapaje, entre otros. En este municipio se encuentra una parte del Parque Nacional Natural Sanquianga.

Es preciso resaltar, que en la Costa del Pacífico, entre Buenaventura y Tumaco, El Charco ocupa lugar destacado por su importancia. Tiene buen comercio, sus pobladores son gente de bien, amables, y su progreso, a pesar de ser lento, es ascendente.

Fundación

Pintura del fundador Fidel D´Croz

Es primordial conocer nuestra propia historia, antes de profundizar en el estudio de otros países, por ello, me permitiré exponer algunos datos históricos sobre El Charco, que estoy seguro son de de interés general sobre todo para nosotros los habitantes del Litoral Pacífico Colombiano.

La fundación de El Charco se debe al señor Fidel D´Croz, nieto del prócer de la independencia general Federico D´Croz, quien cedió un terreno aproximadamente de 240 metros de frente, por 240 metros de fondo, para levantar la población, terreno que había comprado a la señora Severina Campáz, viuda del señor Hermenegildo Olendo, el 22 de julio de 1.890.

Los señores Federico Archer y Nicolás Martán, quienes vivían en la margen del río, ya habían pensado en fundar un pueblo, pero la idea no prosperó. En este orden de ideas, cuenta la historia que en el año de 1.903 fue don Eladio Polo, presidente del Concejo de Tumaco, a Iscuandè, a practicar visita oficial, pero constató el abandono y decadencia del pueblo, y trabajó incansablemente con la finalidad de trasladar a la cabecera a El Charco. En consecuencia, el 12 de junio de 1.904 la Asamblea profirió la siguiente Ordenanza, con único artículo que decía: « Artículo único: Trasládese a la cabecera del Distrito de Iscuandé, provincia de Núñez, a la población denominada El Charco´´. En el mes de enero de de 1.905 se dio cumplimiento a la citada ordenanza.

Intentaron cambiar el nombre del pueblo

Se destacó siempre la importante  labor realizada por don Federico D´Croz y por sus hijos, Emilio, Leopoldo y Aníbal. Es necesario mencionar, que en una velada literaria realizada en El Charco, mes de diciembre de 1.916, uno de los oradores propuso la idea de cambiarle el nombre a la población, por el de D´CROZ, en atención a los méritos del prócer de la independencia Don Federico D´Croz y a los de su hijo Don Fidel, fundador y alma del pueblo. Pero como ocurre en todas las sociedades y en todo tiempo, algunas personas se opusieron por enemistad personal, a pesar de existir fundamento o prueba definitiva, por esa razón, la voluntad de muchos de sus habitantes, no se concretó.

Terremotos que asolaron a El Charco (1906 y 1979)

No podemos olvidar el día 12 de diciembre de 1.979, aproximadamente a las dos y media de la mañana, un violento terremoto destruyó a la a gran parte de la costa del pacífico, siendo El Charco una de las poblaciones azotadas por la desgracia de la naturaleza. Pero este desastre se presentía en el ambiente, calores infernales mayores de lo acostumbrado, la inmovilidad de los árboles por falta de vientos, el silencio no acostumbrado en las noches que antecedieron al desastre, señalaban una ruta hacia el precipicio de lo impensado. En la hora indicada, se escuchó un rugido como de ultratumba e inmediatamente las casas casi todas de maderas, empezaron a crujir, a moverse y tambalearse a todos los lados. No había luz eléctrica, la desesperación y gritos de todas las personas se escuchaban en la puerta de lo inexplicable. Corrían, subían y bajaban los habitantes de las casas, sin rumbo, sin horizontes, eran marionetas manejadas por el titiritero de la desgracia. Muertes, llantos, pérdidas humanas, destrucción de sus casas,  caos, de pronto silencio sepulcral de quienes perdieron sus vidas. El mar, bravío como nunca, aumentó su caudal y como un toro de lidia, arremetió contra las poblaciones de El Charco, Mosquera, Salahonda, Bocas de Satinga, afectando sus calles, que se inundaron, destruyendo pastos, fincas y todo el espíritu de la gente que vivió este  desastre.

Tumaco no se escapó del desastre, todos lo vivimos y sentimos el terremoto, resultado de ese triste acontecimiento, escribí mi poema CRUEL NATURALEZA, porque consideré y lo sigo pensando que la naturaleza fue causante de ésta tragedia.  Todos los pueblo del Pacífico quedaron sumidos en un montón de escombros, de llantos, heridos y muertos.

Muchos habitantes de Tumaco, El Charco, Mosquera, Salahonda, y demás regiones de nuestra costa, comentaron a cadenas radiales, medios de comunicación, periódicos, paso a paso el desarrollo del desastre, de lo que cada uno puede recordar, por cuanto en ese momento, todo se olvida y nadie sabe cómo actuar. Sin embargo, narró una víctima, que todavía llora cuando recuerda lo acontecido. «…Tenía 12 años cuando el terremoto ocurrido el 12 de diciembre de 1.979, expresó. Creo que hubo 450 víctimas, no estoy seguro, pero más de cien muertos eran de El Charco…´´. Hacía muchas pausas en su narración como queriendo llorar al recordar tanto dolor. Continuó manifestando que algunos de los habitantes de El Charco, antes del terremoto, estaban viajando hacia Buenaventura, Cali, con la ilusión de progresar, pero con la tragedia, esa migración fue inmediata, éxodo puro, desplazamiento obligado. Recordó cómo las viviendas se derrumbaban al ritmo del sismo.

No ahorró esfuerzos al contar lo previsivo que fue su padre en todo aspecto y en los negocios, puesto que hablaba de LA VISITA. Explicó que así le llamaban las personas del Litoral al terremoto posterior al maremoto de 1.906, historia que muchos la conocen, pero que en próximas crónicas nos referiremos a ese maremoto y lo que se llamó OLA MARINA.

La violencia

De ser un pueblo trabajador, tranquilo, de pronto se cubrió de violencias, amenazas, de muertes. Los negocios de cacao, plátanos, todo lo que respecta a pan coger, fueron sustituidos por siembra de coca, que hombres armados pertenecientes a diversos grupos subversivos llegaron a la región y obligaban a sus gentes a este tipo de productos. Llegó la muerte, el miedo, el obedecimiento sometido y sobre todo la intranquilidad e incertidumbre. Lo mismo corrió y ocurre en Tumaco y todas las regiones del Pacífico.

La coca fue y es el producto que todos quieren producir. Unos por miedo y otros, tal vez por ansiedad de hacer dinero en forma rápida. El sometimiento de la población de El Charco es preocupante. No se vislumbra una solución cercana.  Las vías de comunicación con Tumaco, Buenaventura, son aprovechadas por grupos armados para asediar y confinar a la población a encerrarse en sus casas. Se recuerda un hecho lamentable, cuando un exconcejal de El Charco fue sacado de su casa y asesinado.

Ojalá esta situación de violencia y terrorismo termine en toda Colombia, para que vivamos en paz que es nuestra añoranza.

El Coronavirus

Los pobladores de esa importante zona del pacífico, al conocer las noticias del coronavirus y las medidas del gobierno, las acataron y todos se encuentran en sus casas guardados con responsabilidad para evitar contagios, hasta el punto, que en  la actualidad, no existen personas contagiadas, pero los alimentos comienzan a escasear como en toda Colombia. No existen soluciones para este mal tan grande que lesiona a todo el mundo, así como lee, a las grandes potencias y a todos los países del hemisferio.

Según comentarios de algunos habitantes de El Charco, el encierro voluntario para evitar contagios del Covid-19, les recuerdan el encierro obligado que los guerrilleros sometían a sus pobladores. Dios proteja a Colombia.

Debemos tener conciencia, que cuando pasen los peligros del virus, las sociedades, los pueblos, las ciudades, deben organizarse mejor en todo sentido, comenzando con formar líderes honestos, preparados intelectualmente, listos para desempeñar cargos públicos que respeten su erario, que construyan obras, que sean solidarios con sus electores, pero que se asesoren de personas de igual talante, en síntesis, que sea esta la oportunidad para que en cada pueblo o ciudad del Litoral Pacífico Colombiano, sobre todo en nuestro Litoral Nariñense, surjan verdaderos líderes para que conduzcan a nuestras regiones, así como lo hiciera Moisés por mandato de Dios, que llevó a la libertad al pueblo Israelí, nos lleven  a la transformación y modernidad, para vivir nuevas épocas que permitan hacer brillar la conciencia limpia de todo pueblo. Es nuestro deseo. Dios hará que se cumpla.

Biografía del Autor Álvaro León Benítez Acevedo

Nació en Tumaco. Nariño. Abogado de la Universidad La Gran Colombia de Bogotá. Especializado en Ciencias Penales y Criminología de la Universidad Externado de Colombia. Se desempeñó como Juez Penal Municipal, Instrucción Criminal, Promiscuo del Circuito y Superior durante doce años. Autor de trece libros: Seis de poesía, uno de narrativa, dos de folclor, tres jurídicos y una novela.

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