Las firmas están de moda.

Por Tirso Benavides B.

A meses de las elecciones locales y regionales hay una escena que cada vez se hace más familiar: grupos de personas dotadas de planillas y lapiceros que abordan a la ciudadanía en cualquier espacio para pedir una firma en respaldo de alguna candidatura.

Y es que este mecanismo vigente desde la Constitución de 1991, que brinda la oportunidad de postular sus propios aspirantes a cargos de elección popular a un grupo significativo de ciudadanos que no se sienta identificado con las propuestas de los partidos políticos ha pasado a ser la regla y no la excepción. Ser candidato por firmas se volvió “in”.

Entre el 2011 y el 2015 el porcentaje de candidatos para corporaciones que se postuló mediante firmas creció del 11% al 33%; en alcaldías pasó del 2% al 9% y en el caso de gobernaciones el ascenso fue del 8% al 23% y este año a nivel nacional ya se han inscrito cerca de 200 comités para la recolección de firma, lo que confirma la tendencia.

Son varias las razones por las que ser candidato por firmas se ha vuelto una moda electoral.

La primera de ellas se desprende del desprestigio de los partidos políticos, un fenómeno generalizado no solo en Colombia sino a nivel global. Ser postulado por un partido puede más restar que sumar a la hora de conseguir votos. Por eso muchos prefieren recoger firmas y así mostrarse como “independientes”, sin embargo a veces las rubricas no son más que un camuflaje para desmarcarse de la política tradicional que tanto disgusta a la gente.

En nuestro ámbito vemos varios casos de candidatos a la Alcaldía de Pasto y a la Gobernación de Nariño que optaron por este mecanismo a pesar de tener vínculos de público conocimiento con uno o varios partidos y movimientos políticos con presencia en la región, sin que esto implique algo negativo respecto a sus capacidades y competencias ni mucho menos deslegitime su aspiración democrática.

En el caso de la Alcaldía de la capital nariñense están recolectando firmas Nicolás Toro quien fue por varios periodos concejal del partido Liberal y Mauricio Rosero Insuasty, exviceministro de Vivienda y exsubdirector de Comfamiliar y a quien relacionan en los círculos políticos con el grupo del senador Guillermo García Realpe.

Por los lados de la Gobernación están Nilza Pantoja, quien a nivel regional fue funcionaria de la administración de Raúl Delgado y a nivel nacional ha ocupado varios cargos, entre ellos el de subdirectora de la Red Terciaría y Férrea en el gobierno de Álvaro Uribe. Jhon Rojas exdirector de Comfamiliar y candidato por el partido de la U en las pasadas contiendas regionales. Finalmente también sería candidato por firmas, el excalcalde de Yacuanquer Julio Insuasty, reconocido militante del partido conservador y hasta hace poco Jefe de Planeación de Cedenar,  reconocido fortín burocrático del senador Eduardo Enríquez Maya y  Miriam Paredes.

Además de esta investidura de “outsider” de la política ser candidato por firmas da otro tipo de ventajas gracias a la laxitud de la normatividad que regula el tema. Por ejemplo, la ley no establece controles rigurosos sobre el monto ni el origen de los recursos con los que se financia toda la logística que conlleva la recolección de las firmas lo que permite incurrir en gastos sin intervención de las autoridades electorales.

Otro atractivo de la postulación por firmas para los candidatos es la nada despreciable ventaja de hacer campaña antes que los que aspiran a nombre de un partido y para quienes la norma establece un periodo más corto. Quienes recolectan rubricas tienen la posibilidad de dialogar con los ciudadanos y tener cercanía con sus potenciales electores durante el proceso, lo que en la práctica es tener más tiempo para el proselitismo. Lo mismo ocurre con la publicidad y visibilidad en los medios que comienza mucho antes que la de sus competidores.

Vemos entonces como, sin querer generalizar, este mecanismo ideado para propiciar la participación democrática de aquellos que no se identifican con los partidos políticos se ha convertido a veces en una herramienta que responde a estrategias de marketing y a la búsqueda de ventajas electorales, alejándose así de su propósito original. Esta circunstancia obliga a la ciudadanía a estar alerta, para ejercer su voto de manera libre e informada, recordando al elegir aquel dicho que reza: la mona aunque se vista de seda…

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