LAS LECCIONES DEL PARO CAFETERO

Fotografía: El Universal

Los grandes vencedores del Paro Nacional Cafetero que culminó el 8 de marzo, son  indudablemente las más de 550.000 familias colombianas que derivan su sustento de este producto; y quien más pierde en esta negociación por un lado es el Gobierno Nacional que se vio obligado a ceder ante los justos y necesarios reclamos de los cafeteros y por otro, la Federación Nacional de Cafeteros que se vio deslegitimada por el propio paro.  Fueron alrededor de 100.000 cafeteros que durante 11 días se mantuvieron en las carreteras de Colombia desconociendo a Genaro Muñoz,  presidente de la Federación de cafeteros.  También es vencedora la organización “Dignidad Cafetera” que pudo demostrar que de forma organizada es posible lograr reivindicaciones de importancia.

El Paro deja al Gobierno Nacional mal parado frente a otros sectores de la producción agropecuaria nacional, como los arroceros, lecheros, cacaoteros, corteros de caña etc., que tomando el ejemplo de los cafeteros vienen advirtiendo que el agro nacional está entrando en una crisis que se agudiza todos los días.

 

Ahora, a pesar que el presidente Juan Manuel Santos diga defender el acuerdo cafetero; debe recordarse que sus primeras amenazas fueron no negociar, luego tacharon de terroristas a los campesinos y trataron de politizar las angustias cafeteras, pero ninguna de estas estrategias tuvieron los resultados que esperaban ministros y gobierno, que a pesar de la estigmatización y demagogia no fueron capaces de acabar el paro por esa vía; ya en un ambiente más desesperado recurrieron a hacer un acuerdo con la Federación de cafeteros, es decir con los cafeteros que no estaban en paro, un insulto a la inteligencia de los colombianos y los cafeteros que estaban en las vías del País.  Con todo ello los campesinos resistieron y lograron sentar al gobierno nacional y a su equipo de ministros a negociar el pliego de peticiones, una victoria realmente impresionante.

 

En cuanto al acuerdo y en especial al subsidio al precio, las deudas cafeteras y el control a los insumos; no puede olvidarse que el 95% de los cafeteros en Colombia tienen menos de 5 hectáreas, es decir son pequeños productores, que esas 550.000 familias perfectamente pueden ser generadoras de 4 millones de empleos en el país, pues no se trata sólo de las familias campesinas sino todas las personas que se encuentran alrededor de la comercialización del grano.  Además el logro de un subsidio de 145.000 pesos con un piso de 480.000 la carga y techo de 700.000 pesos la carga de café, significa un incremento en el consumo de las familias cafeteras por lo cual es una forma de inyectar dinamismo a un sector que está en la tente posibilidad de ruina.

 

Que el agro nacional se está quebrando, es cada vez más evidente, el país no puede soportar más la revaluación o los altos precios de los insumos agrícolas, ni mucho menos la competencia de productos foráneos importados por cuenta de los diversos TLC.  Este campanazo de alerta no solo responde a problemas coyunturales, sino estructurales y del propio modelo económico que tiene Colombia, que privilegia la Inversión Extranjera Directa, especialmente en hidrocarburos y minería y en general las grandes multinacionales; tanto así que en la última reforma tributaria se vieron beneficiadas con más de 4,6 billones de pesos, o una cifra aún más escandalosa son las ganancias del sistema financiero colombiano que a 2012 ya acumulaban más de 39 billones de pesos. 

 

Este escenario en el que por un lado los negocios multinacionales derivados de la minería o la especulación tienen ganancias exorbitantes, y que por el otro sectores populares como el agro estén trabajando a perdida, debe poner al país en un debate profundo sobre el modelo económico y social colombiano, preguntarnos seriamente si es preferible privilegiar a los grandes multinacionales o a los trabajadores y campesinos colombianos. 

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