Lideresa, Adriana Belalcázar Orbes, es El Personaje 10.

Por Nina Portacio.

Ella es una de esas mujeres de Nariño, profesionales e irreverentes que se ha salido de los esquemas y ha luchado para que otras mujeres, se despabilen y vayan más allá del horizonte. Sensible, intuitiva y polifacética. Una mujer fuera de serie con un espíritu aventurero y libre, que sabe leer entre líneas.

Psicóloga de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz de Bogotá. Especializada en Gerencia de la Salud Pública con enfásis en género y violencia. Su formación, le ha permitido trabajar con poblaciones vulnerables en diferentes áreas y espacios del territorio Colombiano.

Inició su actividad laboral con la Fundación Francesa Bergerie, especial para niños del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), provenientes de la calle del cartucho en Bogotá, con acompañamiento psicosocial y restablecimiento de sus derechos. Trabajó luego en Artesanías de Colombia en la selección de los profesionales idóneos para interactuar con las comunidades artesanales vigentes. En el Hospital Civil de Ipiales apoyó como labor extramural, las unidades satelitales o centros de atención que tenía el Hospital, en zonas de influencia. De manera personal, promovió junto a otros colegas altruistas -que se desplazaron desde Bogotá por su cuenta- varias jornadas de Salud Pública con medicina especializada en oftalmología y cardiología a muy bajo costo o gratuitas, para toda la población de Pupiales y de Guachucal. Trabajó también con el Instituto Departamental de Salud de Nariño (IDSN) en programas de promoción y prevención en zonas de riesgo o marginales. Laboró 11 años en la Universidad San Martín de la ciudad de Pasto donde creó el bienestar estudiantil, y 5 años en la sede Palmira, de la misma Universidad. Además trabajó con la Unidad de Acompañamiento y Reparación Integral a Víctimas (UARIV), del conflicto armado, a nivel nacional. Desde hace tres años, está dedicada a asesorar proyectos y hace colaboraciones técnicas con diferentes organizaciones, en temas de Educación para la Paz, Derechos Humanos y Resolución de Conflictos.

Adriana ha estado siempre tan comprometida con gestar un cambio social que intentó hace muchos años ser Alcaldesa en su Municipio (Pupiales). Un Municipio donde no ha gobernado una mujer como Alcalde, en la administración pública; tal véz, porque todas gobiernan en su casa. No obstante, las barreras convencionales que tenía para adelantar su gestión política, a ella no le importó: «Marthica mira, así sea, que saque un voto quiero tener la tranquilidad de conciencia de haberlo intentado. No por mi, sino porque Pupiales necesita mucha gestión social y quiero contribuir a ello. Eso sí, lo intentaré una sola véz y no más». Fueron sus palabras y las cumplió.

Se lanzó a esa aventura sin mucho presupuesto pero con el apoyo reservado de su núcleo familiar y el avál del movimiento Convergencia Popular Cívica y, llegó al tarjetón con el número 50 por la Alcaldía de Pupiales, sin alianza con ningún otro partido o político tradicional. Vendió su carro, sus joyas y todo objeto poco práctico que se le atravesó por el camino y aportó todos sus ahorros, entre otros recursos gestionados, para poder llevar a cabo esa misión explosiva y reinvindicativa, en un territorio donde por tradición o costumbre lo han administrado los hombres, desde que lo habitó el Cacique Papial. Muchos trataron de disuadirla de esa locura sin antecedentes de independencia política femenina pública, a través de su hermano Rodrigo; pero él no intervino. Por el contrario, le quitó piedras del camino: Renunció con tiempo a su cargo oficial para evitar el llamado conflicto de intereses y la dejó ser feliz con su lucha y su campaña. Un mes después le regaló el afiche publicitario -que a ella le encanta- y que fué el ícono de su campaña.

Adriana apartó todos sus sueños personales y se abandonó a la prioridad colectiva y a conocer las necesidades comunitarias, tanto urbanas como rurales. Con la única razón lógica posible para intentarlo: Su conciencia social. Como un viento fresco de renovación recorrió todo el Municipio con la camiseta puesta. Lo hizo como Dios manda: ¡Con alma, vida y sombrero! Aunque no ganó.

Desde ese tiempo, ninguna otra mujer de Pupiales ha tenido el coraje suficiente, para imitar su tenacidad sociopolítica de lanzarse como candidata a la Alcaldía y sostenerse independiente, en un reino de hombres sagrados que con discursos bizantinos añoran gobernar un pueblo, aunque por esas sutilezas que rodean al amor, no gobiernen en su casa. Veinte años después, sigue sin cambiar la historia.

¡Fue un acto de valentía sin maquillaje! Porque lo hizo contra todo pronóstico establecido. Ahora, cuando Adriana recuerda ese episodio efervesente de su vida, sonríe con su calidez habitual y dice: «Eso es historia patria. Tiempos aquellos, me quedé sin carro y endeudada, pero hice lo que debía hacer en ese momento. Fue una experiencia muy linda». Y agrega: «Todos me decían, Adrianita la próxima vez Usted es nuestra alcaldesa. Pero en esta oportunidad, no la podemos acompañar; porque ya tenemos otros compromisos. Fué un gesto de sinceridad muy bonito. Al que yo les contestaba: Es ahora, porque no habrá próxima vez». Ella sabía que no era un ruedo fácil y aún así, lo capoteó hasta el final: ¡Hizo historia! Ojalá todas las mujeres tuvieramos la mitad de su osadía para querer contribuir a un cambio social.

Adriana ha perdido muchas batallas, pero no ha declinado sus guerras. Sigue trabajando con comunidades y entornos vulnerables; porque es una lider social por naturaleza. Su respeto por nuestra cultura ancestral, al igual que su amplio conocimiento en temas de inequidad, sororidad y vulnerabilidad, le ha permitido apoyar el desarrollo comunitario y la resiliencia, en varias regiones del País.

Me queda preguntar: ¿Cuánto años más tendremos que esperar los Pupialeños y Pupialeñas, para apreciar otra alternativa sociopolítica femenina de una fuerza independiente como aquella? En lo personal, anhelo que sea muy pronto y que esta véz, los ciudadanos no desaprovechemos el coraje y la convicción de una Pupialeña, dispuesta a darlo todo por gestionar y administrar los recursos del pueblo.

Comentarios

Comentarios