Lo que usted come lo está matando

Por: Fabio Arévalo Rosero MD

Dos prestigiosos médicos colombianos se infartaron a edad temprana, aparentemente sin explicación alguna, sin evidentes factores de riesgo cardiovascular. Uno de ellos sobrevivió y escribió un artículo en ‘Semana’: “Hay vida después del infarto”. El otro hace muy pocos días murió súbitamente rodeado de enorme prestigio, poder económico, trabajo exitoso, buen deportista (ciclista), la vida le sonreía aparentemente a plenitud; es decir era como la envidia para los demás.

Ambos casos nos dejan duras lecciones y deberían servirnos para reflexionar y tomar decisiones frente a nuestro actuar diario. La conclusión en los dos incidentes que son muy graves es que el principal factor de riesgo de infarto de los colombianos está en la boca, por “comer normal” y algo más que tantas veces agregamos o reemplazamos a través de la llamada comida basura, incluida la folclórica con buñuelos, empanadas, tamales y demás similares (como la Viatmina Ch: Chancho, chunchullos, chorizos, salCHiCHas y demás cuCHifritos); además de sopas “sustanciosas”, sancochos “trifásicos” o bandejas paisas; verdaderas bombas contra la normal fisiología humana.

Pero así mismo por aquello que nos quieren obligar a consumir utilizando publicidad llena de tantas mentiras y manipulaciones a través de los medios.  La publicidad es eso, vender papel, puro “bluf”, pero nocivo. Recordemos como se inició este desastroso “boom” de la mercadotecnia y afectación a las costumbres alimentarias.

Hace un poco más de 75 años en California los hermanos McDonalds, Dick y Mac, idearon un servicio ágil y sencillo de comidas que además de económico buscaba satisfacer unas necesidades inmediatas. Lo más fácil y rápido fueron porciones de carne macerada en pan (hoy llamadas hamburguesas), malteadas y papas fritas que posteriormente se combinaron con un artificial jarabe negro (Coca cola). El resultado fue un exitoso negocio que a nivel de franquicias fue instituido posteriormente por Ray Croc en 1954, pero que así mismo cambió las costumbres dietéticas de los norteamericanos y de buena parte del mundo.

La comida “normal” fue reemplazada por emparedados con alta dosis de grasa, harinas, salsas, azúcares, frituras en general, además de una buena porción de preservantes, aditivos y saborizantes artificiales. Lo grave de ello es que ningún organismo humano está diseñado fisiológicamente para digerir, soportar y metabolizar compatiblemente estas sustancias, so pena de padecer los rigores de un deterioro temprano. Es decir la aparición de males crónicos en corto tiempo.

Debido a la presentación de los alimentos y aditivos de las comidas rápidas en una especie de mixtura, el usuario no puede hacer control directo de lo que ingiere y no alcanza a tener un nivel de conciencia de su calidad ya que el empaque atractivo y apetitoso ha sido clave para disfrazar la hoy llamada dieta “basura”, por su alto contenido de grasas saturadas, las peligrosísimas grasas “trans”, exceso de azúcar y condimentos artificiales.

La “epidemia” en el consumo ganó un elevado nivel de aceptación y al menos el 95% de los norteamericanos visitan un MacDonalds al año y esta compañía tiene más de 15 mil establecimientos en todo el mundo. Además no es la única en el exitoso negocio de las comidas prontas, ya existen centenares de franquicias como respuesta a la imposición de un estilo de alimentación ligero. Una moda indeseable.

Los resultados son evidentes por el daño causado al impulsar este tipo de dietas, los norteamericanos tienen el 70% de obesos, en Colombia más del 50% ya tienen sobrepeso con un tercio de la población obesa. Buena parte de la culpa está en la comida chatarra asociada a un bajo consumo de frutas, vegetales y la falta de ejercicio. No es descabellado que el obeso norteamericano Cesar Barber hace un buen tiempo, haya emprendido una batalla legal sin precedentes contra los emporios de las comidas rápidas por ser responsables de incitar, persuadir y convencer a las personas a un consumo persistente de sus flacos menús pero con gordos resultados en sus clientes. “Lo que Ud. come lo está matando, no haría mal en denunciarlos” le habría dicho su médico.

Obligar a un cambio de costumbres dietéticas por un sistema de manipulación de la información y presentación es posible sea el mayor pecado de los centros de comida “ligera”. Pueden enfrentarse a una gran demanda legal en su contra como ocurrió con las tabacaleras que tuvieron que pagar millonarias indemnizaciones a los usuarios. No está lejos que las autoridades obliguen a los grandes negocios multinacionales de comidas a replantear sus estrategias de promoción para que el público conozca realmente lo que está ingiriendo y los riesgos a que se expone. Avances importantes ya se han hecho en Suecia y Noruega como ejemplo; en Latinoamérica Brasil, México y Chile, han impuesto restricciones fundamentales a la publicidad, etiquetado y mercadeo. Pero en Colombia la industria y sus intereses parecen pesar más.

Hace poco en el congreso colombiano, una importante enmienda normativa de salud pública para proteger el derecho a una nutrición saludable, tuvo talanqueras. Se trata del proyecto de Ley 022 que regula la promoción, publicidad y venta de alimentos procesados, comidas rápidas y empaquetados a niños y jóvenes. Los que más se oponen son parlamentarios de partidos tradicionales aunque hay otros llamados alternativos que atacan por ejemplo la regulación de las bebidas azucaradas como el senador Robledo del Polo en franca actitud retrógrada. Lamentable que dependamos de legisladores que se atraviesan para tumbar un valioso proyecto de ley que salvaría muchas vidas. Recordemos aquí ese reporte: https://www.las2orillas.co/los-4-congresistas-que-sabotearon-la-ley-contra-la-comida-chatarra-para-los-ninos/

Parece que los cacaos del país influyen poderosamente a través de unos legisladores pusilánimes. Esa es la situación de hipocresía de nuestra clase política, que en sus discursos veintejulieros hablan del derecho a la salud, pero a la hora de tomar decisiones apropiadas en favor de la población, parece pesan más sus conveniencias o patrocinadores.

Por ahora no nos queda más que seguir dando estas batallas por el derecho legítimo a una alimentación saludable y a una mejor calidad de vida, de forma casi solitaria. Aunque tenemos esperanza en que haya por fin un cambio de esa política del gobierno anterior que mantuvo un ministerio de salud enfocado más en la economía (lo que llaman neoliberalismo), que en la salubridad. De no ocurrir, las enfermedades que más enferman y matan gente tempranamente (males crónicos) seguirán en ascenso y los sistema de salud colapsados.

Apostilla 1: Recordemos que la publicidad sutilmente intenta aprovechar las lagunas mentales de la gente (la estupidez del vulgo), para obligarla a consumir lo que realmente no necesita. Y lo que es peor, aparte de quitarle dinero que si necesita, existe el grave riesgo de afectar su salud.

Apostilla 2: Gracias a FIAN Colombia (@FIANColombia), por promover el Derecho Humano a la Alimentación y Nutrición Adecuadas. Aplausos.

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