LOS EFECTOS DEL ‘CUERO’

No hay duda que Colombia es un país de contrastes en lo cultural, social y político, hecho que conlleva a un folclorismo regional, pensado en la diversidad popular. Es un Estado de potencial inmensurable de riqueza humana y geográfica, reflejado en costumbres ancladas en el pensamiento de cada colombiano. Hace poco se dijo que la tierra del ‘Corazón de Jesús’ era la más feliz (folclórica) del mundo, título para nada desconocido, al contrario, en eso estamos totalmente de acuerdo.

Los medios de comunicación han jugado un papel determinante en las decisiones ciudadanas respecto a actitudes efímeras pero que en nuestro coloquio se entienden y asimilan como definitivas, con el riesgo de que en un minuto dañemos nuestro propio futuro.

 

Hoy solo se habla del campeonato mundial de futbol, muchos se olvidan de las responsabilidades y problemas familiares por estar atentos a tal acontecimiento deportivo, que en las próximas horas iniciará en Brasil.

 

Por supuesto que por el nivel de importancia, las miradas de millones de personas en el mundo entero estarán fijas al movimiento del balón, o mejor dicho del ‘cuero’, de lógico que 32 selecciones son protagonistas y tienen la inmensa responsabilidad de dejar en alto los intereses patrios de su procedencia. Sin embargo, más del 50% del fanatismo futbolero proviene de la animación tecnológica, mimetizada en constantes transmisiones que emiten los medios informativos.

 

Indudablemente los efectos de un simple ‘cuero’ llenan de adrenalina a fanáticos desenfrenados y de paso contagian a desprevenidos, para escuchar y bailar una música que no les corresponde, olvidándose de la realidad cotidiana hasta el punto de actuar y decidir irresponsablemente.

 

Estamos aportas de unas elecciones presidenciales, acto que después del siete de agosto marcará la pauta de cuatro años de gobierno, aunque se sabe que no habrá cambios estructurales en la manera de gobernar, existe una mínima diferencia en cuanto a la interpretación de lo que es conflicto armado y sus consecuencias.

 

El folclorismo nacional está pintado. Ahora con el cuento del mundial de fútbol, decisiones trascendentales para el futuro de la patria pasan a segundo plano, caso concreto, la elección presidencial, salpicada por chuzadas, narcodólares y cruce de palabras de alto calibre. Obviamente que si se piensa  que las próximas contiendas electorales serán decisivas para un cambio estatal, es descabellado, ya que es una propuesta única con la diferencia solo de los personajes. Prácticamente no hay de donde escoger.

 

A pocas horas para el pitazo inicial y el pergamino ruede en canchas brasileras, los colombianos ya celebran las jugadas, con la ilusión como siempre de ser campeones, alterando el producto neurótico y confundiéndose entre lo irreal y la existencia.

 

El fanatismo futbolero enceguece y ensordece a millones de compatriotas, quienes trasladados a una órbita extraterrestre actúan sin preocupación alguna. Razones existen las suficientes para que hoy millones de electores desconozcan la importancia de practicar este mecanismo democrático: corrupción, clientelismo y mafia, han socavado lo más profundo de la credibilidad ciudadana.

 

Cada nación celebra a su estilo sus triunfos o derrotas, Colombia, dentro de su acostumbrado ‘olimpismo’ marca la diferencia. Desde ya se habla que la tricolor se quedará con la copa mundo, desconociendo completamente la realidad deportiva.

 

De igual modo sucede con las actuaciones políticas, mientras la opinión nacional se embelesa en un efímero paseo futbolero, candidatos y capitalistas en tierra firme se pelean por la mejor oportunidad de poder. Es deshonesta la manera como en el afán de lograr este propósito político, se aprovechen de inermes ciudadanos.

 

Futbol, ciclismo y elecciones presidenciales, combinación endemoniada que marcan por estos días el palpitar de corazones, que finalmente disfrutan y deciden por una razón que en el cerebro no alcanza. El sentimentalismo patrio se sobrepone a la producción mental.

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