Los Hombres Híbridos

Del contacto obligado entre los mundos indígena y europeo surgió una sociedad mestiza con nuevos aspectos biológicos y culturales. Fueron hombres mezclados que abandonaron el mundo indígena para marchar al lado de sus padres castellanos a través de la selva; indios ladinos que sirvieron como mediadores entre las autoridades coloniales y los jefes nativos. La conquista de la Nueva Granada (Colombia) no se realizó de forma tan rápida y efectiva como sucedió en Nueva España (México) o en la Nueva Castilla (Perú). La relación entre indígenas y castellanos desencadenó una serie de comportamientos raros entre sus habitantes, que eran vistos por los oficiales del Reino de Castilla como peligrosos. Una de estas conductas fue siempre asociada a los Hombres Híbridos.

Lo más preciado del botín de guerra, además de los tesoros saqueados de oro y plata, fueron las mujeres que las distribuían entre los soldados, después de seleccionar las más hermosas para el Capitán, por eso, encontramos en la historia de la “conquista “a muchos invasores con dos o tres mujeres indígenas, es decir, enmozados, por la ausencia de la mujer europea, y el desenfreno sexual adquirido después de navegar tanto tiempo. La mezcla con ellas comenzó muy pronto, y la descendencia nacida de manera no legal empezó a crecer mientras el invasor proseguía su aventura, dejando a los primeros Hombres Híbridos desamparados, y a las madres indígenas fatigadas y angustiadas de su convivencia forzada.

Origen del mestizaje

Al partir Francisco Pizarro hacia el Birú, dejó en la Isla del Gallo a dos marineros castellanos enfermos: Martin Rodríguez y Juan García. Una vez éstos se recuperaron, convivieron con los indígenas Sindaguas, quienes conocían la ruta hacia el Birù, puesto que ellos comerciaban con los nativos que vivían en Tumbes, con quienes se comunicaban a través del mar navegando en balsas de velas por la corriente del Birù. Fue así como nacieron los primeros Hombres Híbridos del Mar del Sur, quienes se desplazaron por Iscuandè, Uxmal, Tumaco y Barbacoas. Los dos marineros fueron olvidados por todos los invasores que navegaron por estos lares. Jamás regresaron a Navalvillar de Pela, que fue siempre un pueblo de realengo, y que de manera cumplida pagó sus tributos directamente al rey de Castilla, de donde era nativo Rodríguez, ni a Mérida el pueblo de García; al fin y al cabo, eso no les importaba puesto que ya habían formado su nueva familia y constituido un patrimonio económico con todo el oro conseguido en el rio Telembì. La recompensa que obtuvieron fue ser nombrados Hidalgos por el rey Carlos V.

El mestizaje no fue el resultado de un diálogo amoroso, tampoco de la armonía ni la consideración de igual a igual.  El concubinato con las indígenas se realizó por el desfogue sexual; sólo existió el amor por la riqueza del oro, más no por la mujer.                                                                                                                                                                                          Las uniones concertadas por amor casi no se registraron; la inmensa mayoría se realizaron por interés sexual. Los hijos híbridos y la mujer nada importaron en la invasión del Nuevo Mundo. Dicen los historiadores que una de las excepciones amorosas fue la de Pizarro.

Es de destacar los dos matrimonios que tuvo Francisco Pizarro con dos princesas incas: Quispe Sisa y Cuxirimay. La primera esposa, fue hija del emperador inca Huayna Cápac y de una poderosa curaca de Huylas. Desde joven, la princesa Quispe Sise, fue trasladada a Cajamarca para acompañar a su hermano el guerrero Atahualpa, casado con Cuxirimay. El Inca entregó su hermana a Pizarro quien aceptó a la joven de muy buen agrado; lo cual era comprensible, pues tenía entre dieciséis y dieciocho años, era hermosa y muy alegre por lo que él la llamaba «Pizpita», que quiere decir alegre y simpática. Para casarse por el rito católico fue bautizada con el nombre de Inés y llevó los apellidos de sus progenitores. Le dio dos hijos híbridos: Francisca y Gonzalo. Con el tiempo, la “Pizpita” Inés lo dejó porque él le era infiel, por no ver a sus hijos, y ya estar viejo, y además para poder convivir con su paje castellano, Francisco de Ampuero, quien la acompañó mientras él saqueabas el Birù y mataba a los incas.                                                                                                                                              Con su aprobación, Inés y Ampuero se casaron finalmente, y al año tuvieron el hijo híbrido de ambos: Martín Ampuero Yupanqui. Lapareja se estableció en su propio domicilio, y Pizarro separó de Inés a sus dos hijos híbridos de tres y dos años respectivamente, y los dejó en palacio bajo la tutela de su cuñada Inés Muñoz.

La muerte de Atahualpa sumió a Cuxirimay, su esposa, en una enorme tristeza y, hasta intentó suicidarse para acompañarle en la vida de ultratumba, en la que creían los incas. Era un panorama difícil de imaginar: el mundo en el que había vivido la princesa se desmoronaba. Su única opción era integrarse a la sociedad castellana (lo que suponía bautizarse y recibir instrucción cristiana), hasta que tuvo el feliz encuentro con Francisco Pizarro.

 La soledad que lo acompañaba y el interés por ella, hicieron que Pizarro librara una de las últimas batallas de su vida. Era de suponer que verse cortejada por quien había decretado la muerte de su marido Atahualpa no sería fácil de asumir, por más que Pizarro fuera el gobernador. Poco después, Cuxirimay se bautizó como Angelina, oficialmente llevó el apellido Yupanqui y se adaptó a las formas de vida castellana. Luego, la tomó para él, y a finales de ese año nació Francisco el primer hijo híbrido, y Juan al año siguiente.

  Después de la muerte de su padre, la mestiza Francisca Pizarro Yupanqui fue enviada en busca de su semilla a Extremadura, en donde vislumbró por su belleza exótica y por alborotar el rígido protocolo cortesano. Se casó con su tío Hernando Pizarro con quien tuvo cinco hijos castellanos, y al morir éste, contrajo nupcias con un noble de Trujillo quien la llevó de nuevo a la Corte Madrileña. Francisca dilapidó parte de lo que tenía, y de lo que no, en una vida de grandes lujos en la Corte de Felipe II. Lo que tantos años, lágrimas y pleitos había costado se disipó en brindis, cacerías, fiestas y ocio. Doña Francisca Pizarro murió en Trujillo, Extremadura, a la edad de 63 años.

La descendencia de los hidalgos

  Paralelamente a la acción de los invasores que se apropiaron de las mujeres donde las hallaran, engendrando mestizos bastardos, se suscitaron las uniones de la élite de los invasores con las mujeres de la nobleza indígena, de donde surgió una clase de “mestizos nobles” que, aunque ricos, fueron fruto del concubinato. A diferencia de los mestizos de estrato social bajo, éstos, gozaron de muchas prerrogativas.

    Con el tiempo, la descendencia de los hidalgos Rodríguez y García se regó por toda la región Pacífico. La historia de las tierras del Mar del Sur conservó el rastro de ciertos Hombres Híbridos enfrentados con las diferentes sociedades indígenas. Los dos mestizos nacidos en la costa occidental del Nuevo Reino de Granada integraron a grandes rasgos la misma dicotomía “del ser o no ser”. Ellos, Jeremías Rodríguez Paì y Federico García Bisbicùz, fueron hijos de los dos extremeños enfermos que vivieron en la isla del Gallo con indígenas Sindaguas. Ambos combatieron a sus medias sangres indígenas, pero su oscilación entre las dos sociedades los llevó a no estar exentos de ambigüedades. Los mestizos Jeremías y Federico buscaron honor y fortuna acompañando a sus padres, los hidalgos, en las explotaciones de las minas de oro del rio Telembí. Con el tiempo, y después de la muerte de sus padres se constituyeron en los dos hombres más ricos de la región.

Muchos años después, en la vasta región del Pacifico que se extendía desde la ciudad de Panamá hasta Portoviejo en Ecuador, la presencia de los Hombres Híbridos, le confirió un matiz particular a esta zona. En la época colonial, el gobernador de Popayán Lorenzo de Villaquirán, escribió en su relación al Virrey del Nuevo Reino de Granada que en los pueblos de Santa María del Puerto de los Barbacoas y Santa Bárbara de la Isla del Gallo asistían de forma continua 66 soldados que eran mestizos, otros mulatos libres y los menos eran castellanos.

El caso de las tierras del Pacífico revela que la naciente sociedad colonial era mucho más heterogénea, pues la presencia de los Hombres Híbridos multiplicó los acercamientos e intercambios que acabaron por generar un modo de vida común que se alejaba del modelo blanco ideado por la Corona de Castilla.

Referencias

1.Seidel, Oscar. Novela “En busca de la semilla”. Capítulo 16.

2.Montoya Guzmán, Juan David. Universidad Nacional de Colombia “Mestizaje y frontera en las tierras del Pacífico del Nuevo Reino de Granada, siglos XVI y XVII.

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