Los hornos crematorios de Soacha

Tomo prestado este titular de la última crónica del escritor Gustavo Álvarez Gardeazabal.

Escalofriante testimonio del concejal de Soacha, Diego Cancino, sobre EL HORNO CREMATORIO en que se convirtió un CAI, al parecer por «criminalidad policíaca». 8 jóvenes muertos, familiares desprotegidos y un inicial silencio que nos hace creer lo peor. Denuncia presuntos vínculos del alcalde de Soacha con paramilitarismo, actitudes fascistas que dejan entrever contubernios con la policía metropolitana de Soacha.

Procuraduria, Fiscalía, Defensoría del Pueblo y demás entes deben iniciar investigación inmediatamente. El Congreso de la República está en la obligación moral de convocar a un debate serio y profundo.

Como en la época de la Inquisición en que se prendía fuego al enemigo y al contradictor, en Soacha se prenden las llamas para amedrentar a su población. Los videos son aterradores y escalofriantes, que iba uno a imaginarse que llegaríamos a ver lo inimaginable, que lejos estábamos de ser espectadores de un crimen que deja en pañales a los más grandes criminales de la humanidad. Erostrato gime ante este hecho desbordado en sevicia y maldad.

El llanto y el clamor de madres y familiares de estos calcinados jóvenes se constituye en un eco de dolor que recorre a nuestra atormentada patria.

Se hace trizas la paz, se cercena el derecho a disentir, se guillotina al Estado Social de Derecho… Se hacen teas humanas para advertir lo que nos puede suceder a los demás si no acatamos dócilmente las órdenes y decretos de quienes únicamente quieren a Colombia para su entero capricho.

Estos HORNOS CREMATORIOS no son nuevos. Se diseñaron en los campos de batalla en las montañas colombianas cuando los cadáveres eran tantos que lo más fácil era simplemente incinerar al oponente asesinado.

Y fue en la misma Soacha donde se iniciaron los FALSOS POSITIVOS que enlutaron a cientos de madres. Esa vez fue el ejército la mano criminal. Los altos mandos se lavaron las manos y hasta se perpetuaron en cargos de poder. La cabeza de la hidra continúa impune perpetrando crímenes similares.

Colombia debe ser digna, levantar su voz de protesta por estos hechos aterradores que comprometen la misma estabilidad de nuestro país. Estas barbaries deben ser sancionadas ejemplarmente para que nunca más acontezcan.

Colombia no puede, ni debe, convertirse en una SOACHA. Justicia, es lo único que podemos implorar.

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