Los locos días de Clau

Clau se desplomó rendida en su cama, había pensado que estos serían unos días tranquilos, más tranquilos de lo habitual, sin embargo ahora que repasaba con los ojos cerrados sus actividades de las últimas jornadas se dio cuenta de que  estaba muy equivocada.
A primera hora y como siempre preparar unos huevos, un café instantáneo y desayunar, hasta ahí todo normal.
Después a trabajar. Teletrabajo, algo en lo que era experta en teoría, pues había hecho el trabajo de grado de su especialización sobre el tema, pero que le era ajeno en la práctica. Por fortuna hace un tiempo tenía su propia empresa de proyectos lo que le permitía poner su propio ritmo laboral. Además todo andaba a media marcha en la ciudad.
Tuvo que interrumpir su trabajo un momento, era hora de que alimentar los animales. Primero al cisne rosa, el último en llegar a la casa. Luego al toro y al mapache, sin dejar de lado a los felinos, un gran tigre y un leopardo algo cobarde. Y con extremo cuidado a los dinosaurios, que como por arte magia se habían adaptado a ese hábitat doméstico. Finalmente alimentó los animales marinos, al delfín y a Tiburcio y por último hizo el intento de despertar a un cangrejo que siempre duerme sin conseguirlo.
De vuelta al trabajo por un tiempo, hasta una nueva interrupción. Ahora Clau tuvo que cambiarse, quitarse su cómoda ropa de estar en casa para ponerse un uniforme de piloto. Por cerca de una hora giró a enormes velocidades a bordo de un carro de carreras por una pista complicada debido a tanta curva. Quedó de segunda, tras el gran desempeño del ganador.
Al medio día, el almuerzo. Necesitaba recargar energías para lo que, sin saber, serian sus actividades por la tarde. Al parecer nada salía como estaba planeado.
Terminó su almuerzo, se cepilló los dientes y se dispuso a volver al computador pero ni siquiera pudo encenderlo. Recibió una llamada de emergencia que tuvo que atender de inmediato, equipada con un estetoscopio examinó a varios superhéroes que al parecer estaban enfermos. Algunos, según la persona que los llevó, podrían tener coronavirus. Así que la ahora doctora Clau reviso con cuidado a sus extraños pacientes, el hombre araña era uno de los más afectados, al igual que Batman y Robin, Hulk y la Mole estaban mejor, eran más resistentes. Al único que no examinó fue el hombre invisible… no lo vió.
Otros minutos de trabajo. Otra interrupción.
Ahora Clau debía hallar un tesoro. Le entregaron el mapa y ella de inmediato se transformó en una hermosa pirata, con parche en el ojo, pata de palo y adornos en el pelo en forma de calavera. Navegó con su tripulación los siete mares, se enfrentó a otros corsarios, a monstruos marinos, incluso el cangrejo dormilón despertó para atacarlos, pero finalmente encontraron el codiciado cofre.
Trabajó una hora más y se dio cuenta que era poco lo que le había rendido, aunque ella si estaba rendida. Y todavía le faltaba.
Ya entrada la tarde algo de deporte. Jugó un partido de fútbol que empató 3 a 3 y luego corrió varias veces los cien metros planos, quedando siempre en segundo lugar.
Cerró su computador portátil para dar por terminada su jornada de trabajo. Sin embargo después de comer tuvo que hacer otro extraño viaje, esta vez al espacio, a la luna, a recatar a un astronauta, Clau se equipó con una olla a modo de casco y camino por la superficie lunar, saltando, jugando con la gravedad hasta lograr con éxito su misión.
Empezaba a oscurecer. Ahora era una reina de un cuento de hadas que protegía a su príncipe de hechiceros y dragones mientras lo educaba para ser un gran Rey.
Ufff que día, -pensó Clau

Y no, no se estaba volviendo loca por el encierro. Simplemente compartía la cuarentena con su pequeño hijo Martín y su mundo mágico.

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