Los oídos sordos de la Constructora Norco en Pasto

Por: Pablo Emilio Obando Acosta

En un artículo sobre los abusos que cometen algunas constructoras en la ciudad de Pasto, comentaba el periodista, docente y columnista Aníbal Arévalo Rosero una verdad de a puño que se comete ante la mirada silenciosa y cómplice de autoridades y ciudadanía en general. Por tratarse de un aspecto tan delicado y que atañe a nuestros niños me permito transcribirlo: “Uno de los problemas que afronta la ciudad de Pasto, en materia de construcción, es que estas no se hacen respetando las normas técnicas del urbanismo, como unos andenes anchos y cómodos para los peatones. No se deja un espacio suficiente de áreas verdes o parques. Los niños en las propiedades horizontales se convirtieron en unos indeseables, porque no tienen donde jugar, y si lo hacen en los escasos espacios, el vecino se molesta porque le puede rayar el carro; la otra vecina, que le hacen bulla. Son construcciones inhumanas, en las cuales se privilegia el negocio, más no el bienestar. Me parece muy buena esta apuesta de Pablo Emilio de debatir y que la gente se toque en este tópico tan importante. Tenemos que prevenir las nuevas patologías como la pedofobia, el anti verde, el complejo de la ostentación sin humanismo”. Y, efectivamente esto acontece en la generalidad de las construcciones de nuestra ciudad. Los niños parecen ser indeseables, sus risas ofensivas y sus juegos rechazados; no se determinan sitios para los niños en las construcciones, no se deja una zona verde para sus juegos, se olvidan de destinar una parte de la construcción a zonas infantiles que permita a los niños recrear su niñez. Ya bastante se ha escrito sobre la importancia del juego en esta etapa tan trascendental para los seres humanos y las graves afectaciones que generan en la vida adulta a quienes se les privó de esta actividad tan esencial y prioritaria.

En reunión con algunos de los residentes del conjunto Oasis del Este me comentaban sobre las divergencias tenidas con la Constructora Norco debido a su incumplimiento con la adecuación de una zona para los niños, de una zona verde que les permita momentos de alegría y solaz en familia; de como el único espacio posible para ello es el parqueadero por la sencilla razón que de la noche a la mañana destinaron las zonas verdes a este fin y la forma absurda en que se levanta una torre-parqueadero que obstruye la sana convivencia en el conjunto  impidiendo el ingreso de luz natural en los apartamentos adyacentes.

Y fuimos testigos en diciembre de 2017 de una singular protesta de sus moradores, quienes molestos por las imposiciones de la Constructora y el abuso en la obligación de una cuota de administración a todas luces onerosa y lesiva que superaba los doscientos cincuenta mil pesos para familias de escasos recursos económicos, fijaron carteles en las ventanas de sus apartamentos en los cuales se expresaba la venta de los mismos ante la imposibilidad de asumir esta carga impositiva por parte de la constructora.

Igualmente conocimos un oficio dirigido a la constructora de fecha 26 de diciembre de 2017, suscrito por más de una decena de residentes, a manera de un Pliego de Peticiones y en el cual se exigía:

1.- Cesar con la intención del cobro de cuota de administración por lesiva.

2.- Claridad sobre las zonas comunes por incumplimiento.

3.- Definición de fechas y condiciones de entrega de zonas comunes, shut de basuras, cámaras de seguridad, gimnasio,  salón de juegos, etc.

4.- Implementación de un mecanismo para funcionamiento de ascensor y el adecuado suministro de agua.

Lo curioso de esta petición ciudadana a la Constructora Norco y en nota que aparece en el margen superior derecho del oficio se limita a dejar constancia que “Recibido no implica aceptación”. Absurda manera de hacerle quite a unas peticiones justas, razonables y respetuosas y que deben ser asumidas por la empresa sin dilación alguna.

Pero, en medio de todas las anomalías, en verdad que nos embargó un sentimiento de indignación y tristeza el comprobar y mirar a los niños sin sus zonas verdes, sin sus espacios prometidos en los cuales puedan dar rienda suelta a su niñez. Y nos unimos al clamor de Aníbal Arévalo Rosero cuando expresa que “Los niños en las propiedades horizontales se convirtieron  en unos indeseables, porque no tienen donde jugar, y si lo hacen en los escasos espacios, el vecino se molesta porque le puede rayar el carro; la otra vecina, que le hacen bulla. Son construcciones inhumanas, en las cuales se privilegia el negocio, más no el bienestar”.  Y remata su sentencia con una frase que debe obligarnos al replanteamiento de las normas urbanísticas en nuestra ciudad: “Tenemos que prevenir las nuevas patologías como la pedofobia, el anti verde, el complejo de la ostentación sin humanismo”.  Norco y las demás constructoras tienen la palabra, la facultad de hacer de la niñez una etapa única y maravillosa. Que no veamos más niños jugando en los parqueaderos, que sus manos y su mirada se pinten de verde-pasto, de senderos ecológicos que combinen con sus risas y sus sueños.

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