Los secretos de la gran dama de la novela nariñense

Con gran expectativa me llegó hace algún tiempo la invitación para asistir al lanzamiento del libro titulado “Salvador el hombre que amaba el mar”, de la escritora Ligia Vonblon. Me sorprendí al saber que dicha novelista era la tumaqueña Ligia Quiñonez Villegas, conocida por su nombre de casada, Ligia Vonblon, y más aún, que había escrito hasta ese entonces cinco novelas. Pues bien, en esa ocasión supe que ésta prolífica escritora nació en el Pacifico nariñense; estudió en el Liceo Tumaco y se graduó de normalista en Popayán; trabajó como maestra en una vereda del Pacifico sur, luego en las montañas de Puerres, y desde entonces, ha recorrido el mundo. Dejemos que sea ella en primera persona quien nos cuente sus secretos de la producción literaria, gracias a tres conversaciones virtuales que sostuvimos:

Origen literario

“Empecé a escribir tarde, a los setenta y siete años, después del fallecimiento de mi segundo esposo, que por cierto era oriundo de Austria, por esto lo de Vonblon (Von Blon). La primera narración fue mi biografía “Historia de una Vida”. Luego vino “Marietta” ambientada en Europa durante la segunda guerra mundial, y después de la guerra en Estados Unidos y México. Escribí luego “La Hija de la Laguna” enmarcada en el Cauca, Europa y Bogotá. Más tarde di origen a “Leyendas de La Arcadia” ambientada en Colombia, Grecia y España. Después salieron a la luz “Salvador el hombre que amaba el mar” con vivencias en el litoral Pacífico y asiático; “Una luz en los Volcanes” ambientada en Cali y Nariño y en los volcanes de Chile y Cumbal, y finalmente la novela “Mi nombre es María Salomé” reseñada en el sur de Portugal y la India.                                                                                                                                 Las novelas “Marietta” y “La Hija de la Laguna” son basadas en las historias de un

personaje, lo mismo que “Salvador el hombre que amaba el mar”. La novela “Leyendas de La Arcadia” está relacionada con la historia de tres familias que vivieron en el Valle y, una de ellas era descendiente de un inmigrante griego. Me gusta mover mis personajes por el mundo, por países que conozco y se dé su cultura. Cuando tenga el público la oportunidad de leerme se dará cuenta, por ejemplo, que “Marietta” empezó con algo de la filosofía de Thomas Mann en su libro “La Montaña Mágica”; la novela “La hija de la Laguna” está inspirada en un soneto de Shakespeare; la novela “Leyendas de La Arcadia” fue escrita en simbiosis con unas máscaras del antiguo teatro griego, y “Salvador el hombre que amaba el mar” está inspirada en los cuentos de Maqroll el Gaviero de Álvaro Mutis.

Mi novela “Una luz en los Volcanes”, está inspirada en el libro “Filocolo” de Boccaccio, pero claro adaptada a nuestro ambiente criollo. La última novela editada “Mi nombre es María Salomé”, fue escrita bajo el embrujo de la música de Shejerazade, y de la suite sinfónica de Rimski Korsakov basada en el cuento “Las mil y una noche”. Con este resumen que le hago, querido Oscar, puede darse cuenta de lo versátil en esos temas de novela que salen de mi imaginación, pero siempre basadas en realidades. Puedo decir que la realidad y la ficción se complementan de alguna manera, incluyendo también mi filosofía de vida”.

He quedado impresionado con tanta creatividad, sobre todo, con la vasta cultura de la escritora Ligia Vonblon, dado que su fuente de inspiración fluye de las lecturas de ilustres escritores, y, no es tan fácil hacer el sincretismo de las obras de estos cuatro monstruos de la literatura universal a la cosmogonía del Pacifico, del Valle del Cauca y de la sierra de Nariño.

Nostalgia por su tierra

La novela “Salvador el hombre que amaba el mar” invita a darnos un imaginario paseo nocturno por la bahía, y a sentirnos marineros de ese buque de la nostalgia, tal como lo expresa Ligia Vonblon: «Una visión recurrente en mi memoria, durante muchos años, ha sido un paisaje que se divisaba desde la última casa que habitamos en Tumaco. En las mañanas, allá en la distancia estaba El Morro, aparecía como un enorme barco navegando en un mar zafiro, bajo un cielo resplandeciente, aún más azul que el mismo mar. A la puesta del sol, la isla lucia incandescente convertida en una llamarada que parecía llegar hasta el mismo cielo. Duraban esos sortilegios solo unos instantes mientras se consumaba el matrimonio de la novia Tierra con su novio Sol, pero antes de la consumación, aparecían por otro instante los tenues colores del Arco Iris desvaneciéndose en el horizonte…El mar, el cielo, el paisaje se convertían entonces en una paleta de grises en busca de las sombras de la noche. Y en esas noches de luna menguante, la visión de un cielo estrellado, un cielo que mostraba su bóveda cuajadita de joyas titilantes, las más brillantes que se puedan imaginar…En ese espacio no había nada que se interpusiese entre el mar y el cielo porque la atmosfera siempre estuvo filtrada.! ¡Noches Inolvidables! «.

En esta misma novela nos da la autora un mensaje filosófico expresado por Salvador: “El hombre tiene que buscar su destino, sea el que sea, No dejarse atrapar por el miedo a lo desconocido, por las circunstancias en que nació, por la lejanía del centro de la tierra, como en mi caso, porque si no lo hubiese intentado, hoy sería un hombre frustrado, lamentándome allá en mi interior de lo que pudo ser y no fue, de lo injusto de mi destino Ha sido arduo el camino, pero el hombre tiene que buscar su destino, y el mío estaba unido a este paisaje marino”.

En medio de nuestra conversación virtual me dijo la novelista tumaqueña: “La paz en mi espíritu, me llevó por mundos que no había percibido antes. Descubrí que en cada ser humano siempre encontraría algo decente y bueno, noble y verdadero, pero también descubrí que las fallas del hombre condenado a la adversidad, el castigo lo lleva como un estandarte de infelicidad, y por esto merecía mi compasión…
En la mañana despierto a un nuevo día, miro por la ventana el cielo y ese cielo me dice !Buenos días!. Siento paz en mi espíritu, siento la felicidad de vivir, porque todavía estoy respirando el oxígeno en el planeta tierra, mi planeta. Todavía tengo una hermosa vida y, pienso que mi edad no cuenta, porque nunca importa la cantidad de años en el calendario de mi vida. Los años vividos hasta ahora han sido como una metáfora en algún cuento que creó mi destino. Lo importante es no dejar de soñar, de amar, de imaginar, de tener la mente abierta”.

Al despedirse de la conversación virtual, dijo Ligia: “Ojalá, mi apreciado Oscar guardes en algún archivo nuestra correspondencia digital, en la que hablo sobre mis escritos, porque es con el único que lo hago”.

Ha entrado Ligia Vonblon a la galería de los grandes novelistas de Nariño.! Qué bueno que sea una mujer quien tuvo la iniciativa y la creatividad de narrar en el género novela las historias del mar, del verde majestuoso del valle, y la imponencia de los colosos volcanes. La escritora nariñense vive en la actualidad en Merritt Island en Estados Unidos, rodeada del cariño de sus hijos, nietos, familiares y amigos. Está terminando de escribir su séptima novela…

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