Maestro Gilberto Granja y las manos del artesano

Fotografía: Andrés Ceballos

Por: Víctor Chaves R. 

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Hora de aprender

Las manos del artesano, arrancan o recogen  (las raíces, las cortezas, los trozos..)Medio siglo después de haber entrado al mundo de las artesanías y más exactamente del Barniz de Pasto, Gilberto Granja, es hoy ya respetado y considerado por quienes conocen y han estudiado su trayectoria, como un verdadero maestro de esta modalidad del arte popular, propia del suroccidente de Colombia y también de Ecuador.

Para hacer un recorrido ya largo a través de lugares que nunca pensó en conocer, este artesano ha cumplido un proceso de transformación que inclusive se lo ha transmitido a sus hijos, que hoy lo acompañan en la actividad.

Actividad que comenzó a aprender en un taller del barrio Obrero de Pasto, que era propiedad de la señora Rosa Mejía  de Torres, quien lo había heredado de su fallecido esposo. Aunque esta dama no era gran conocedora del arte del barniz, por lo menos permitió que Gilberto aprendiera los procedimientos básicos para la preparación de la mopa mopa y la disposición de los elementos de madera sobre los cuales él pudo comenzar a hacer sus primeros diseños.

Las manos del artesano, agrupan, amontonan (las nueces, las semillas, las hojas…)«Aprendí primero a resanar los materiales, prepararlos, lijar y pintarlos. Luego de pintarlos, tomé el cuchillo, la cuchilla o la segueta  y empecé a aprender a diseñar. Los primeros trabajos fueron unas cenefas, que son muy típicas de esta modalidad y que yo las tomé casi que como un símbolo, una identificación de mis trabajos artesanales», comenta con tranquilidad el maestro, pero sin ocultar que este hecho lo hace sentir orgulloso de su obra. 

Un año después, «había algo que me gustaba más que todo de este trabajo: que se hacía bajo techo, en la casa, si así se quería. Eso para mí era algo muy bueno, pues ya había pasado mucho tiempo trabajando al sol y al agua», nos dice para justificar su decisión de quedarse para siempre en esta profesión. Fueron tres años  más los que se tardó en su proceso de aprendizaje, que finalmente «no fueron muchos», ahora que se aprecian desde la distancia, pues se trató  nada menos que de su pregrado en pos de la maestría.

 

El Ché y sus primeras obras

Antes de llegar a los años 70, ya tenía abierto su primer taller. Lleno de ansiedad dio un paso fundamental en la tarea de sacar adelante sus propias propuestas artísticas. Curiosamente, uno de sus primeros trabajos fue la figura silueteada del mítico guerrillero Ernesto Ché Guevara, según la famosa fotografía de Alberto Korda. «Es increíble, pero a partir de ahí comencé a ser reconocido en las exposiciones en las que participaba».

Fue entonces cuando se puso a pensar que si se hacían trabajos pulcros y de alta calidad, con diseños originales, se podía llegar a las grandes salas e inclusive a los museos. «En las primeras participaciones que logré gracias a algunas diligencias y gestiones, me di cuenta de que los trabajos que a la gente les gustaban, se vendían inclusive desde antes de que empezaran las exposiciones. Eso me hizo sentir a gusto y pensar que estaba tomando el camino correcto», cuenta Gilberto Granja.

 

Arte y artesanía

La discusión acerca de que su trabajo sea arte o artesanía, lo maneja el maestro Granja con mucho respeto  y
Las manos del artesano, depuran, seleccionan (el material que podría servir para su obra) casi que absolutamente en su interior. Pero si alguien le hace el reconocimiento y lo llama «artista», pues lo acepta, aunque todavía se colorea un poco y lo agradece con sinceridad.

«Le cuento que al comienzo, uno ni siquiera piensa en eso. Solo en aprender a hacer bien el trabajo y en pulirse un poco cada vez más. Luego cuando te das cuenta, ya estás elaborando tus propias creaciones, dándole vida a tus ilusiones y figuras imaginadas», argumenta con sonada inspiración.

Pero lo cierto es que su actividad tiene de arte y de artesanía, porque hay inspiración, imaginación, creatividad y al mismo tiempo habilidad manual y utilización de medios y recursos extraídos de sus ámbitos naturales. «Si me dicen maestro, lo acepto con humildad, sin dejar de pensar que hay otros colegas que también pueden recibir ese calificativo», argumenta Gilberto Granja.

 

Proceso de elaboración

Acercamiento microscópico del Mopa Mopa preparado

Acercamiento microscópico del Mopa Mopa preparado

 

El o la Mopa Mopa es una resina que se extrae de una planta natural que se produce en la zona  amazónica y que por fortuna no se encuentra en riesgo de extinción, ya que quienes la extraen no arrancan la planta sino que solo cortan lo que necesitan. Junto a a esa resina vienen, hojas, semillas, pétalos, ramitas, en fin, todo eso se compacta y se le entrega al artesano en un paquete que bien podría asemejarse a un ladrillo de panela, o a algo parecido.

«Esta resina se produce en la selva del Putumayo. Cada seis meses es la cosecha. Es un árbol mediano, aunque también hay algunos inmensos. Los nativos cogen manualmente los cogollitos, como si recogieran el café y lo van amontonando. Se forman dos o tres kilos. Antes tumbaban los árboles, pero el cosechador, es como un miquito que se trepa y agarra las ramas y recolecta todo, incluidos los bejucos», explica el maestro Granja.

La preparación del Mopa Mopa en imágenes

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Una vez que se separa la cantidad con la que se va a trabajar, se deposita en una olla que se está sometiendo previamente al calor. Ahí es cuando empieza el proceso de preparación del barniz, en un ritual de ablandamiento y amase que se repite varias veces. En la medida en que la masa se va aflojando y estirando y se van eliminando los grumos, el artesano recurre a las largas uñas de sus dedos meñiques e índices, para extraer la pieza del calor del agua que en ese momento prácticamente hierve.

«El asunto del calor para nosotros los artesanos del barniz es algo casi místico: con éste trabajamos; recibimos la masa ya blanda y eso es muy bueno para nosotros. Pero también está en riesgo la sensibilidad de nuestros dedos por ese calor tan alto y es muy factible que se nos llenen las manos de cayos, con lo que prácticamente perderíamos nuestra más importante herramienta de trabajo».

Las manos del artesano, toman, agarran (los materiales, los equipos…)Con esta explicación, además de comentar un paso más en el proceso de elaboración del Barniz de Pasto, el maestro Gilberto Granja deja escapar un poco de la sensación espiritual de su arte y su trabajo, que es al mismo tiempo una advertencia de riesgo laboral: «Si te quemas o te ampollas, no serás artesano».

Las uñas, como extensiones de los dedos que nacen cerca de las palmas de las manos, son fundamentales en esta parte del proceso. Ejecutando una especie de raspado sobre la tela que ya se está formando a partir del procesamiento de la resina, se encargan de eliminar cualquier impureza o astilla que haya quedado después del proceso de hervido y amase.

Luego viene el machaque o majado, que es una serie de aplicaciones fuertes con un martillo metálico contra una base fuerte y plana, de manera que ahora la masa ya tiene un estado moldeable y trabajable.

 

Evolución de colores

Las manos del artesano, escogen las piezas que le darán forma a su trabajo artístico).En los primeros tiempos se utilizaban elementos naturales, como el achiote, para darle color al barniz. Durante mucho tiempo solo se podía recurrir al rojo, el negro y al habano. Luego con el paso de los años, aparecieron las anilinas y otros tintes y eso favoreció la diversificación de los colores y por ende  de los productos.

«Por falta de conocimientos, durante muchos años solo pudimos utilizar los colores básicos, como el negro, el rojo o el habano. Pero cuando llegaron algunos profesores de manualidades y otros trabajos artísticos, nos enseñaron las purpurinas y las  anilinas y eso cambió definitivamente nuestra forma de trabajar», nos explica el maestro Granja.

 

 

 

 

 

La hora del arte

La preparación de los materiales, el uso de algunos utensilios y el procesamiento de la o el mopa mopa, corresponden a la parte técnica del proceso. La artesanía y el arte van ahora de la mano. 

Las manos del artesano, encienden (el fuego, la pasión por la vida…)El maestro Granja  coloca con mucha delicadeza el trozo de la tela chicluda en que ha quedado convertida la materia prima, sobre el lomo de un jarrón de madera, que un maestro de la carpintería y la ebanistería ha preparado y pulido para él. Lo va extendiendo paso a paso, con suma tranquilidad.

Ocupa un espacio central en la panza de la jarra con la tela de mopa mopa. Sus dedos sirven para apretar, machacar un poco. Aunque el acto parece maquinal, la verdad es que a esa hora en su cerebro ya hay imágenes dibujadas que bajarán por su brazo y a través de sus manos y dedos llegará hasta la punta de un bisturí con forma de lanza. Solo el extremo de esta cuchilla se utiliza para la labor de tallar, que también se puede denominar dibujar, trazar, cortar, en fin, lo que hacen los maestros como Gilberto Granja es arte. A lo demás se le puede colocar el verbo que se prefiera.

Las manos, de artesano, las del artesano pastuso, las del artesano nariñense, hacen arte de verdad.  Arte Único, por demásLas figuras van naciendo en la medida en que el artesano trabaja. Sentado o también de pie, apoya la pieza sobre su regazo y hace presión con la misma cuchilla, en la medida en que va cortando y haciendo aparecer las figuras. Un trabajo minucioso que puede tardar hasta semanas dependiendo del tipo de pieza que vaya a decorar.

El detalle, la posibilidad de diferenciar un diminuto pétalo de otro, por su acabado, su color o su posición, es finalmente lo que diferencia a los aprendices de los grandes artesanos del barniz.

Y el detalle es precisamente, la característica principal de los trabajos más inspirados de Gilberto Granja.

 

Los maestros

Palabras textuales del maestro Gilberto Granja:

Las manos del artesano, tallan, apuran, detallan (pulen y pulen  y vuelven a pulir)«José María Obando, Arturo Villota,  Carlos Lasso y otros tantos, fuimos los primeros en buscarle una salida artística al barniz. Nos unimos y nos convertimos en amigos. Nos mirábamos trabajar y aprendíamos unos de otros, pero siempre con respeto por cada una de nuestras obras».

«Fue con ellos que aprendí  a hacer flores y otras figuras, pero luego le di mi propio estilo y le imprimí los colores que yo quería que tuviera. Y lo mismo pasó con ellos. Cada uno escogió su especialidad».

«Algunos tratamos de transmitir esto a nuestros hijos. Ellos, si tienen habilidad e interés, asumen a esta como  su actividad permanente, su profesión, su medio de vida. Y una vez que aprenden y toman confianza, pues le dan también su propio estilo. Empiezan a diseñar  sus propias figuras y a trabajar sus propuestas».

«Maestro, esa una palabra que genera respeto. No todos se la merecen. Primero hay que hacer una carrera, una historia; crear una imagen, dejar una marca en el medio y volar por fuera de este. Si yo lo he logrado, lo dirán quienes conocen mi trabajo y mi evolución».

 

Las manos del artesano, trazan, imaginan, dibujan o cortan (que para el caso del Barniz de Pasto, es lo mismo)

«El sol de los Pastos, premio del Festival Internacional de Cine de Pasto, elaborado por el maestro Granja»  

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«Para el Maestro Artesano, la posibilidad de vivir de su actividad radica en la venta a precios adecuados, de su producción. Eso es algo complejo porque históricamente no hemos recibido suficiente apoyo del Estado. Los mejores ingresos se obtienen cuando se logra vender  en el extranjero. Luego vienen las galerías en las grandes ciudades de Colombia. Lo que viene después es como para obtener lo del pan diario».

 

LA OBRA DEL MAESTRO

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