Más temor a los policías que a los delincuentes

Encontrarse a un policía en la calle ya no es sinónimo de seguridad, causa susto de solo pensar en lo que le hicieron a Valentina Franco, una politóloga que se encontraba en el parque de El Poblado en Medellín esperando a una amiga, que sin tener que ver con una protesta, recibió un impacto de perdigón en la sien derecha. O lo que le sucedió a una joven mujer en la ciudad de Bogotá, que al defender a un estudiante que estaba siendo agredido por tres agentes del Esmad recibe una patada en el rostro, siendo noqueada.

Más temor a los policías que a los delincuentes, porque ante un hecho despiadado donde el abogado Javier Ordóñez que pide un poco de compasión ante la agresión de dos agentes con gritos de “¡por favor, no más!” obtiene más descargas eléctricas de táser. Lo que lograron fue ocasionarle la muerte a un indefenso ciudadano ante el exceso de tortura de envenenados hombres que se sienten respaldados por la institucionalidad para agredir con sevicia a quien se le atraviese, solo para justificar el mandato de sus comandantes.

Témele a la Policía, porque ésta institución no es garantía en las carreteras. Me han robado mi dinero muchas más veces los policías que los delincuentes que actúan en las sombras de la noche. Cuantos ciudadanos no se sienten inseguros ante la presencia de los uniformados de color verde fosforescente porque es bien sabido que más que protección lo que ellos hacen es crear un pretexto para que les des dinero.

Témele a la policía, porque si te conducen a una estación corres riesgo de perder la vida asfixiado, como ocurrió recientemente en el municipio de Cumbal, Nariño, donde un joven detenido que pedía auxilio, murió en medio de una prolongada agonía en la celda.

Témele a la Policía, porque ante el abuso de autoridad, las mujeres que caen en sus manos son agredidas sexualmente.

Témele a la Policía, puesto que recibieron una formación cargada de odio y violencia, y toda esa aversión que les enseñaron salen a desfogarla, a vengarla, con inermes ciudadanos, como lo hicieron con un indefenso abuelito que vendía buñuelos en las calles bogotanas para poder subsistir ante la carencia de una pensión.

Témele a la Policía, porque las instrucciones recibidas fueron ideologizadas, más no fueron ante el respeto a los Derechos Humanos y la Constitución. A ellos les enseñaron que todo aquel que sale a protestar es un comunista, sin saber si quiera lo que significa tal palabra, pero si se lo tilda de tal manera, sencillamente, será objeto de violencia.

Témele a la Policía, porque sin el debido control ingresó personal que no es idóneo para ocuparse de una misión de proteger a la ciudadanía, porque se vinculó personal de dudosa reputación con la finalidad de incrementar el pie de fuerza.

Y es bien cierto que como tal la institución no tiene la culpa. La culpa tampoco la tienen los policías, la culpa la tiene la formación de odio que recibieron, la tienen quienes dan la orden de atacar ferozmente a manifestantes. Sí, y es bien cierto que la culpa la tienen las manzanas podridas que hacen presencia en toda institución. Pero lo ideal es un trato digno para el ciudadano que está cometiendo una infracción.

Por supuesto que necesitamos de la Policía, pero queremos una policía profesional, con personal muy idóneo. Una policía que se ajuste al mandato de la Constitución y las Leyes y no al capricho de un prisionero que sigue mandando y dando órdenes desde su finca de Antioquia.

Necesitamos una Policía que pida perdón si se equivoca. Y así lo hizo Claudia López, alcaldesa de Bogotá, a lo cual se negó el Presidente de la República.

Que sea la oportunidad, también, de rendirle un homenaje cálido y sincero a los buenos policías.

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