Médico Oncólogo y empresario, Nelson Enrique Belalcázar Carvajal, es El Personaje 10.

Por: Nina Portacio
Él siempre recuerda con una sonrisa, que a sus 17 años, le dijo a viva voz a su madre que no iba a estudiar, que para estudiar tendría que irse a la Argentina, que si no ¡No estudiaría! Pero su madre Inés Margarita Carvajal Moreno, que sabía que la educación era la mejor herencia que les podían dejar a sus hijos, le contestó con autoridad y firmeza sacando un As bajo la manga: «¡Pues a la Argentina te vas a ir, pero tienes que estudiar!». Un mes después, tal cual hijo regañado, estaba con su maleta café de cuero con correas y sin ruedas, rumbo a Buenos Aires por tierra, en un viaje de largos siete días. Eran tiempos pausados y viajar no era algo tan común ni tán fácil como lo es ahora y las comunicaciones eran mucho menos que las básicas; con suerte, una vez al año llegaba una carta de algún familiar, una postal o un mensaje por medio de algún radio teléfono aficionado, que aliviaba el alma para no decaer y continuar con los estudios, que intercalaba con un trabajo.
Nelson vivió 16 años en Argentina (1973-1989) donde estudió Medicina en la Universidad de La Plata y se especializó en Oncología en Buenos Aires; su área de mayor experiencia es el cáncer de seno. En 1989 regresó al país a tocar puertas para empezar desde cero.
Inició en Popayán (1989 – 1993) en el Hospital San José -donde ya especializado- hizo el Año Rural Obligatorio en Colombia para profesionales de la salud, fundó la Unidad de Radioterapia y dictó clases a estudiantes de medicina de pregrado y posgrado, en el marco del convenio que existía entre el Hospital y la Universidad. Pero en su mente inquieta ya se agitaba la idea de formar una empresa. En 1993 se radicó en la zona cafetera, trabajó en el Hospital San Jorge de Armenia y en el Instituto del Seguro Social – ISS de Pereira y dos años más tarde -junto a tres colegas- fundó Oncólogos del Occidente en la ciudad de Armenia.
Nelson Belalcázar perfilado por una visión empresarial alta, en alianza con Gustavo Rojas, Juan Carlos Arbeláez y Arturo López (q.e.p.d) crearon para el Eje Cafetero una institución médica focalizada en atender a pacientes con cáncer. Así fue como estos cuatro profesionales en 1995 fundaron: Oncólogos del Occidente. Y, tres años después, se unió a ellos Marco Aurelio Franco, al que con cariño le dice, el poeta. Desde entonces y hasta la fecha, la empresa ha servido en el campo de la salud acorde a su lema: «Ciencia y Tecnología con Humanidad».
Lo que en los años noventa, él como estratega les proponía era algo de avanzada, casi una locura, para una época donde los Oncólogos del país se podían contar con los dedos de las manos y sobraban dedos; para ser más exactos habían 8 en todo Colombia: 2 en Medellin, 2 en Cali y 4 en Bogotá. No existían Oncólogos en el Sur Colombiano ni en el Eje Cafetero y, por lo general, a los profesionales les gustaba trabajar de empleados, no hacer empresa. Por eso sus colegas -al igual que cualquiera- tenían dudas en dar ese paso, que implicaría arriesgar su profesión y su patrimonio en una aventura profesional y científica, sin precedentes en esa zona y en muchas otras del país.
Sin embargo, ahí estaba Nelson, el arriesgado, visionario y positivo, para lanzarlos a esa innovación tecnológica que fue tomando forma poco a poco, paso a paso, año tras año, lucha tras lucha, ley a ley, acierto tras error y error tras acierto hasta consolidarse como un sueño que se hace tangible sin darnos cuenta, para terminar convertidos en la mejor clínica oncológica, certificada con ISO-9001 en Salud, que existe en todo el Eje Cafetero. Con clínicas y/o sedes para atención a pacientes en: Armenia, Pereira, Manizales y se han extendido también al Valle en: Cartago y Tulúa. Muchos pacientes de diferentes regiones de Colombia viajan a esta zona para tratarse con ellos. Años más tarde, fue creada la Fundación que lleva el mismo nombre: Fundación Oncólogos del Occidente, abierta para apoyar y prestar servicios a quién lo necesite y califique para ello.
Oncólogos del Occidente es una institución médica en Colombia que poseé equipos de alta gama; como el Acelerador Lineal que hace tratamientos de radioterapia con alta precisión y mínimos efectos colaterales. Esta tecnología sumada a la experiencia profesional élite de 25 años en el tratamiento del cáncer, los convierte con seguridad en los mejores de su campo.
Cuando le pregunté a él, sobre el futuro del tratamiento del cáncer, me dijo:  «El cáncer es mucho más complejo de lo que se cree. Es muy difícil establecer un modelo. Mira, por ejemplo, de cada 100 pacientes con cáncer de seno, que yo he atendido, ningún caso ha sido igual a otro: Cada paciente ha sido un análisis diferente. Esto puede dar la magnitud de lo que implica focalizar un tratamiento. Pero podríamos decir, como para concretar algo, que el futuro está en la Inmunoterapia, también están la Radioterapia y la Quimioterapia como alternativas». Y al escucharlo, percibo que sus palabras definen muchos años de experiencia en el campo Oncológico.
Este nariñense, que jamás ha olvidado sus origenes ha logrado a través de esta institución médica y, cada vez que le ha sido posible, apoyar a muchos enfermos de su tierra que han llegado a la puerta de Oncólogos del Occidente, para dar la guerra y hacer frente a esta enfermedad silenciosa pero agresiva. Nelson sin muchos aspavientos y con la calidad humana que lo caracteriza ha hecho lo que tenía que hacer: Darles una mano de esperanza y cumplir con el juramento Hipocrático, que como profesional de la salud hizo al graduarse. En esta institución, además, trabaja algún pupialeño o nariñense que se ha formado en el área de la salud, de la administración o de la tecnología cuya competencia y profesionalidad, le ha permitido mantenerse y permanecer ahí ejerciendo su trabajo.
A sus 65 años, Nelsón Belalcázar, consiguió como médico y como empresario junto a sus colegas de acción; exhibir un modelo integral de lo que en ciencia se conoce como: Innovación y Desarrollo (I+D), en pro de la salud de Colombia. Oncólogos del Occidente es la prueba de que la ética médica y el éxito empresarial son una fusión posible. El camino no ha sido fácil, pero lo han conseguido y han generado empleo, en un país en donde los sistemas eficaces en salud y el empleo estable, es lo que menos pulula.
En este caso, con satisfacción ajena puedo escribir, que quién no arriesga nada por hacer palpable un sueño, habrá vivido sin sentir la pasión de hacer las cosas que te motivan y te hacen sentir vivo: ¡Muchas felicitaciones a los cinco profesionales antes mencionados por perseverar en este proyecto loable durante tanto tiempo!
Y, un aplauso de pie, para este pupialeño que tuvo el valor de soñar en grande e incentivar a otros a hacerlo. A parte de haber llevado a cabo, la difícil tarea emocional de alejarse de sus seres queridos, para educarse como se lo ordenó su madre: ¡Un hijo, que ha cumplido y con fuerza ese cometido!

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