Memoria del vacío: el Museo del Distrito Seis en Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Por Giovanny Castro*

Un área devastada y vacía en el centro de Ciudad del Cabo se levanta para confrontar el estigma del pasado y relanzar la historia de un país en construcción. Los planes de renovación urbana del que fuera un puerto clave del sistema colonial mundial se entrelazan con la reivindicación de una identidad nacional renovada y las funciones de movilización social de un museo acerca del no-lugar, de la permanencia lacerante de lo que fue arrasado. Se trata de la movilización de una comunidad vibrante que desde las bases propone una identidad compleja y multicultural, aún desde la memoria del oprobio, para ponerla en juego entre los demás factores involucrados en el camino espinoso de una imagen nacional hacia el mundo.

El origen del Distrito Seis de Ciudad del Cabo viene de mediados del siglo XIX, con la abolición de la esclavitud y el establecimiento en un área muy cercana al puerto de los negros libertos. Poblaciones múltiples que pasaron por esta bisagra portuaria fueron sobreponiendo capas de influencia cultural, desde marinos varados de las islas caribeñas, hasta afroamericanos, malayos, indios y europeos del báltico que huían de las grandes guerras del siglo XX. Una mezcla cosmopolita con algo en común: la pobreza de la clase trabajadora. Aunque nada pobre en términos políticos o de fusión de las artes, la evolución de actividades comunitarias relacionadas a la música, el drama, la poesía, los deportes, salones de baile y la asistencia a cines floreció por la necesidad de la clase trabajadora de contar con actividades creativas y placenteras. Las ideologías de izquierda marcaban el activismo de la zona. Pueda ser que la leyenda creada alrededor de lo que fue el Distrito Seis allane el recuerdo de las injusticias e inequidades internas que seguramente se dieran entre estas comunidades marginalizadas, pero una idea poderosa que se forjó aquí y sirvió para retar los fundamentos del apartheid hasta llegar a dar forma al nuevo orden constitucional de Sudáfrica es la de no racialidad[1].

En 1966 el Distrito Seis fue declarada como un área para blancos, en el contexto legal del apartheid, y se inició un proceso de desplazamiento masivo forzoso que tomaría catorce años, en el cual unos 60.000 habitantes fueron reubicados al otro lado del peñón emblemático del Cabo. En 1982 el área fue arrasada completamente por buldózeres, dejando en pie sólo las iglesias y mezquitas. La resistencia a la reurbanización blanca del área empezó lenta y gradual, pero en medio de la intensificación de la lucha contra el apartheid, la presión de la comunidad logró prevenir cualquier desarrollo inmobiliario previsto, y la cicatriz en medio de la ciudad permaneció como un memorial de la iniquidad (ídem, p. 56).

Los activistas organizaron una conferencia en 1988 en la cual resolvieron que el futuro del Distrito Seis sólo sería discutido en el contexto de una Sudáfrica democrática con la participación de sus desplazados, y que iban a establecer un museo. La memoria sería el arma con la que contaban, y el objetivo del museo sería fomentar el entendimiento entre las gentes, aisladas por la segregación, por medio del enfoque en la naturaleza cosmopolita del Distrito Seis. El museo abrió en 1994 en una abandonada iglesia metodista que tenía su propia historia de lucha libertaria, y las primeras exposiciones fueron vestigios sacados de entre las pilas de escombros (ídem, p. 57).

Es cuando el término usual de museo se funde con el cambio social, el sentido de apropiación de una comunidad urbana y el impulso hacia otro orden político en medio del caos todavía no definido de la lucha anti-apartheid.

Lo particular es que la posición de vanguardia urbana que el movimiento del Distrito Seis logra a lo largo de todo su proceso, con el lugar convergente de su museo, no es una decisión desde las instancias del gobierno local, de la burocracia profesional o especialistas del marketing de ciudades, sino que viene de su propia comunidad desarraigada, de los conceptos políticos que ésta elabora y pone en acción. Y sin embargo el vacío de tierra arrasada permanece, la cicatriz es funcional al propósito de largo plazo. Su éxito está en llenar de sentido el vacío, bajo sus propios términos. En ese sentido, las relaciones de la comunidad con las entidades de gobierno mantienen en principio la tensión que surge de la lucha contra un régimen, y es bajo esa tensión permanente como se discute con estas aún después de la transición democrática, hasta hallar espacios de concertación que logran ubicar las ideas esenciales del Distrito Seis en la agenda de la reconstrucción de la identidad nacional sudafricana hacia el mundo.

El gobierno del Congreso Nacional Africano dispuso dos procesos paralelos para lidiar con las injusticias del pasado, la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y la Comisión de Restitución de Derechos de Tierras. El Museo como centro comunitario sirve para descargar los sentimientos de dolor y pérdida, para dirigir el trauma de las víctimas por medios que sean conducentes tanto a la sanación como a una búsqueda políticamente constructiva de reparación. Asume un rol pedagógico en promover una visión de la ciudad, y al más amplio nivel, sus programas educativos buscan transformar la naturaleza de la ciudadanía urbana, de modo que forme ciudadanos creativos, recursivos, reflexivos, críticos, que valoren y respeten la humanidad, la cultura y la naturaleza.

El factor convergente del Museo para la movilización comunitaria resulta en una organización de corte operativo, el District 6 Beneficiary and Redevelopment Trust (D6BRT), que entra a negociar con las instancias de gobierno. En el Museo tienen lugar reuniones oficiales de restitución de tierras. Una disputa que ejemplifica las tensiones se da entre la entidad a cargo de evaluar el impacto en el patrimonio cultural, que trata de asumir el lugar como un sitio arqueológico, y el D6BRT, que sostiene la urgencia de una reparación social en la planeación de la renovación urbana, en el marco de la ley de restitución de tierras. Las objeciones de su junta directiva reflejan las preocupaciones del Museo sobre privilegiar un “patrimonio intangible” consistente en narrativas de desposesión. El D6BRT esgrime sospechas de que la entidad oficial tiene una estructura heredada del apartheid y aduce que otros grandes desarrollos urbanísticos en la costanera de la ciudad no pasaron por tal evaluación patrimonial. La presión ejercida sobre el gobierno local y la entidad, bajo la aceptación del estudio siempre que no se use como táctica dilatoria, logran sacar adelante el proceso de renovación y en últimas mejorar las relaciones entre los actores[2].

La asumida posición de vanguardia del Museo promueve en estas instancias una visión amplia de reconstrucción urbana, que no sólo se construya sobre el legado de la remoción forzosa. Los últimos diseños incluyen la designación como sitio patrimonial nacional, un complejo ampliado, y la creación de un distrito cultural consistente en un parque memorial y cerca de otros ochenta lugares de memoria (ídem, p. 32).

El inicio de las construcciones de viviendas para los retornados en el Distrito Seis implicó una serie de retos y adaptación a las circunstancias actuales, para la recreación de redes de relaciones sociales bajo el supuesto de la posibilidad de una comunidad no definida en términos raciales, tal como lo era el viejo Distrito. El D6BRT promueve la aceptación de las viviendas, en lugar de una compensación económica, pero en todo caso el riesgo de gentrificación en una zona de alto valor inmobiliario es latente. La paradoja y los cuestionamientos sobre la asignación de propiedades con un valor de suelo actual millonario a poblaciones que en su vida no vieron sino despojo y miseria, son relevantes en el debate de conformación nacional de la Sudáfrica contemporánea.

En esta conformación, el examen de la opresión pasada debe dejar espacio a la incorporación de todos los diversos grupos nacionales. El Museo de la Isla de Robben, el del Distrito Seis (que forma parte de la Coalición Internacional de Sitios Históricos de Consciencia) y el Kwa Muhle de Historia Local en Durban, asumen el rol de confrontar y trascender el pasado, antes que negarlo o usarlo para otro tipo de exclusiones. Los problemas del país en criminalidad, economía o africanización del gobierno siguen creando resentimiento entre la población blanca que emigra del país por miles cada año, de modo que el esfuerzo de reconciliación dedicado hacia ellos no es fácil, aunque esté entre la agenda innovadora de estas instituciones[3].

En el ámbito del gobierno, las provisiones para el desarrollo del Distrito Seis están dadas desde el marco legal de la transición política, junto a compromisos de la Ciudad del Cabo y la Comisión Regional de Reclamación de Tierras, que reconocen la necesidad de una planeación de desarrollo integral que resulte en la restauración de una vibrante comunidad multicultural que contribuya a la construcción de una nueva nación. Los marcos legislativos siguen renovándose respecto al patrimonio y la administración del turismo en el país, dentro de los cuales el Museo sostiene la posición de ofrecer una interpretación del paisaje que dé una sensación de lugar por medio de la memoria actuante en el espacio, como sitio de significancia nacional que haga reflexionar sobre el impacto de las remociones forzadas de poblaciones que ocurrieron a lo largo de toda Sudáfrica[4].

En definitiva, no es de extrañar que este caso de memorioso vacío urbano sea tan poco conocido por públicos amplios. Su situación de permanente reivindicación y contraste con las instancias oficiales no lo hacen un buen candidato para promocionar en el exterior, y sin embargo involucra las tensiones y construcciones inspiradoras que la renovación sudafricana ha legado al mundo en la vuelta del milenio. Pueda ser que la organización de un mundial de fútbol sea más espectacular y efectiva en impacto en la arena internacional, pero el inicio del juego sólo fue posible gracias a este tipo de iniciativas de base que partieron de décadas atrás.

*Historiador y master en museología

[1] Valmont Layne. “The District Six Museum: An Ordinary People’s Place”. The Public Historian, vol. 30, No. 1, February 2008, p. 54-55.

[2] Christiaan Beyers. “The Cultural Politics of ‘Community’ and Citizenship in the District Six Museum, Cape Town”. Citizenship, Politics and Locality: Anthropological Perspectives, ed. Catherine Neveu, vol. 50, 2008, p. 29-30.

[3] Serena Nanda. “South African Museums and the Creation of a New National Identity”. American Anthropologist, vol. 106, No. 2, June 2004, p. 384.

[4] “D6 as a National Heritage Site”. Sitio web del Museo del Distrito Seis.

http://www.districtsix.co.za/Content/Museum/About/NationalHeritageSite/index_02.php

Recuperado en 2/12/2015

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