Mensaje de confraternidad cruceña

La Cruz del Mayo, ciudad situada al norte del Departamento de Nariño, en las cercanías del Rio Mayo, considerada la ciudad más antigua del sur de Colombia, conmemora en este año los 485 de su fundación; toda vez que, conforme a versados historiadores, se remonta al año de 1535.

Ante mi ausencia física, me uno espiritualmente para renovar el sentimiento de afecto a mi tierra nativa y mi convicción de considerarme un cruceño integral. Guardo la íntima satisfacción de que ser cruceño o “chinchano”, constituye un motivo que, de veras, me enorgullece y enaltece. Mayormente, cuando es preciso no olvidar que, La Cruz del Mayo, cuna de una pléyade de educadores que dejaron honda huella en la historia del magisterio, fue consagrada con el nobilísimo calificativo de Ciudad Maestra del departamento de Nariño. Y saber que, en la actualidad, así lo demuestra plenamente, con los docentes de reconocidas calidades pedagógicas, en los diversos planteles educativos; para honra y orgullo, no solamente de nuestro terruño y del departamento de Nariño, sino de Colombia entera. Nuestros anhelos no pueden ser otros, que día a día se mantengan ideales de superación.

En esta ocasión, cabe recordar muy brevemente que, el sonoro remoquete de “chinchano”, proviene de nuestros primeros pobladores provenientes del “grande y poderoso” valle llamado Chinchasuyo del imperio Inca. “Chincha” fue el nombre primitivo de nuestra comarca, un asentamiento humano de especiales características.

En esta fecha, imposible no hacer memoria de los maestros que nos enseñaron las primeras letras, que nos inculcaron devoción por la lectura, y sobre todo, nuestro amor por la tierra de nuestras entrañas. Imperdonable que para ellos caiga el funesto manto del olvido.

En este domingo, día onomástico consagrado a la exaltación de la Santa Cruz, todos mis coterráneos reciban las voces de mi aprecio, de mi solidaridad y mis fervorosos deseos por la prosperidad material y educativa, cívica y cultural de nuestra tierra y de sus gentes.

Nunca olvidemos, como lo hago siempre que, para interpretar la tierra hay que hundirse en ella como las raíces y sentir las semillas que germinan como sembradas en el propio corazón.

VICENTE PÉREZ SILVA

Angasnoy (Refugio del Cóndor), La Calera, 3 de mayo del 2020.

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