Milton Portilla: una vida hecha canción

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Siempre dispuesto con un abrazo cálido, con la sonrisa sincera y el saludo amable; como diciendo somos de esta misma tierra, somos hermanos. Su mensaje es un canto a la paz, un llamado a redimir a los más desprotegidos, a vencer las desigualdades, a combatir el analfabetismo como responsable del atraso de vastos sectores sociales. Pero más aún, a combatir el analfabetismo político, el mismo que se manifiesta en la falta de compromiso de quienes, a pesar de ostentar muchos pergaminos, son indiferentes a la realidad social.

Mensajes que son un llamado a la solidaridad y a hermanarnos entre todos en un solo abrazo colectivo; reconociéndonos como indios, mulatos o mestizos en una sola identidad latinoamericana. Hacer de este legado una patria grande, signada por la música, las canciones, pero sobre todo como herederos de una gran cultura que camina, origen de la denominación “Tierra que anda, hombres que cantan”.

Incorporó en nuestro medio la denominación Indoamérica; siendo un término acuñado por el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre para hacer referencia a las poblaciones sometidas por la invasión española. Por eso el programa radial se llama Encuentro indoamericano; y, posteriormente, bajo estos argumentos de la historiografía, el colectivo coreográfico más grande y de mayor acogida en el Carnaval de Pasto se denominaría Indoamericanto, como una conjugación de lo ancestral y el carácter musical de la agrupación.

Consideraciones matizadas con el sonido de la gran cordillera andina, el palpitar de un corazón mestizo y el espíritu transformador de querer una patria grande para todos, donde soñar y actuar sea un mundo de posibilidades.

Éste es el andar de Milton Portilla Rodríguez y la consolidación de su proyecto de vida. Es el prodigio del jovencito que en el año de 1975 decidiera salir de su natal Ahumada, municipio de Guaitarilla, para radicarse de manera definitiva en Pasto, donde adelanta un curso de ganadería en el Sena, pues no le gustaba mucho el trabajo de la agricultura. Con ésta formación entra a trabajar a la finca Pachindo, de don Álvaro Santander de la Rosa, ubicada en Obonuco, en los actuales predios de ‘La Pastusidad’.

Por ese tiempo se entera de la misión evangelizadora en favor de los jóvenes y campesinos, que viene adelantando un sacerdote antioqueño proveniente de Marinilla, a través de la Obra Social El Carmen. El padre José Félix Jiménez le extiende su mano para vincularlo a los programas de formación cristiana. Aprende varios oficios, entre otros el de  panadería.

Pero su pasión siempre había sido la radio. En su vereda nunca se despegó de un transistor marca Sanyo, que llevaba consigo con una carga de pilas de las grandes, conectadas por fuera, bien atadas con un tubo de cartón y ligas de caucho. Su sueño era ser locutor, por ello decidió inscribirse en el curso de radiodifusión que ofrecía la Academia Arco (Artes de la Comunicación) de la ciudad de Bogotá. Por las noches dedicó largas horas a practicar ejercicios de vocalización. Grababa en casetes las pruebas de locución que las remitía a esa ciudad con la finalidad de que le hicieran las correcciones pertinentes.

Milton Portilla siempre fue metódico en sus compromisos. Como profesor de filosofía defendía con pasión el enfoque latinoamericano: seguidor de los brasileños Leonardo Boff y Élder Cámara, teólogos de la liberación; del escritor uruguayo Eduardo Galeano; del mentor de la ‘cubanidad’, José Martí. Adoptó de este último el lema que lo utilizó en los programas de radio: “Desde el río Bravo hasta la Patagonia, una sola patria latinoamericana”.

En la radio inicialmente se dedicó a presentar música romántica, pero finalmente se inclinó por la música andina, debido a la competencia que le hacía un colega en otro medio. Y precisamente, con las amistades que haría dentro del movimiento latinoamericano de la música.

Recordamos cómo tuvimos la oportunidad de presentar en el teatro Javeriano a la agrupación Pueblo Nuevo de Ecuador, que se caracterizó por su rebeldía y su música con un significativo contenido de protesta y el repertorio latinoamericano, con temas como Cruz de luz, dedicada al cura Camilo Torres de Julio Jaramillo o la hermosa canción Merceditas. Tiempos inolvidables que perviven en nuestros corazones.

Pero lo más significativo sería cuando un colectivo de jóvenes inquietos nos vinculamos al proyecto de Autodescubrimiento de Nuestra América, que nos permitió tener una gran motivación para organizar el concierto conmemorativo de los 500 años de la invasión de los españoles a nuestro continente, que lo denominamos Rompiendo Fronteras, y se llevó a cabo el 4 de octubre de 1992, en la Concha Acústica Agustín Agualongo, con la participación de Raíces Andinas, Tierra Mestiza, Dama Wha, Alexander Bastidas y nuestros invitados de Ecuador.

Ese fue el inicio para que Milton le dé continuidad a ese proyecto musical y dancístico que congrega al público de la ciudad de Pasto. Participan en él agrupaciones locales y de otros países del sur. Hasta el momento se cuentan decenas de festivales de músicas y danzas andinas, haciendo uso de un escenario que se encontraba abandonado: la concha acústica Agustín Agualongo.

En reconocimiento a su liderazgo y humanismo, dirigentes y amigos deciden pedirle que se postule como candidato al Concejo de Pasto; el reconocimiento de la ciudadanía no se hace esperar, por eso lo eligen como concejal para darle impulso a la cultura, circunstancia que lo lleva a ser reelegido. Luego de un tiempo de alejarse de la política ocupa el cargo de director en la Dirección Administrativa de Cultura en el gobierno departamental de Raúl Delgado Guerrero.

No deja de programar los festivales en la Concha Acústica y de colaborar en la Obra Social el Carmen, mientras que sus frases motivadoras son ‘Por ancho camino’, como invitación a reencontrarse con la esperanza, a deponer los odios, promover la paz y a galopar en el trigo. Nuevos retos tiene por asumir en función de mantener el proyecto musical y tener una participación más activa dentro de la administración pública.

Acuñó la frase ‘¡Pero qué lindo!’ como una manifestación que invita a mirar el lado amable de las cosas aun a pesar de las dificultades que nos presenta la vida. Después de unos años de convertirla en una forma de aplaudir al artista, el ‘¡Pero qué lindo!’ se convierte en una canción con letra y composición del maestro Hernán Coral Enríquez en ritmo de bambuco fiestero.

En Milton Portilla Rodríguez se puede combinar el liderazgo y la sencillez que lo llevan a gozar de una compenetración y diálogo a través de los abrazos, la música y el deseo de luchar por una sociedad con equidad y humanismo.

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