Movilidad en Pasto: derroches y desaciertos

Por: Pablo Emilio Obando A.

Hace ya algunos meses nos sorprendió en las calles de Pasto la aparición de unos separadores que nuestras autoridades instalaron con el fin de mejorar la movilidad.  Una especie de conos y ladrillos anaranjados que dividían las calles en dos.  La intención no podía ser mejor y el resultado no pudo resultar peor.  A los pocos días de instalados ya presentaban problemas e inconvenientes.  Pedazos de ellos se podían encontrar en sus proximidades, restos de lo que fue un separador vial permitía ver a las claras lo equivocado de esta determinación. Sin embargo, se continúan colocando en distintos puntos de la ciudad sin que nada afecte su presencia y su inutilidad.

Los ciudadanos entendemos el afán de nuestras autoridades en la búsqueda de soluciones que nos permitan una mejor seguridad y convivencia; partimos del hecho que nadie actúa para generar malestar entre los nuestros.  Pero, más allá de esta apreciación, también quisiéramos entender qué mueve a nuestros funcionarios para que continúen obcecadamente una actividad que por sus pésimos resultados se debería suspender obligándolos a una evaluación y replanteamiento de una verdadera y efectiva solución.

Y es que más allá de los simples resultados, a los ciudadanos nos preocupa el derroche de recursos, las grandes inversiones realizadas por el municipio de Pasto, producto de impuestos y tributos.  Es un deber de estas autoridades, en cabeza de nuestro alcalde, informarnos clara y oportunamente sobre los recursos invertidos y de la evaluación realizada. No es posible que se dilapiden tantos recursos, que se tire a la calle infructuosamente el dinero de los ciudadanos que con grandes esfuerzos pagamos impuestos y contribuimos al erario.

Los resultados están a la vista y por doloroso que parezca me atrevo a formular con vehemencia un llamado a las autoridades competentes, al concejo municipal y a nuestro alcalde para que se nos informe sobre los capitales y recursos invertidos.  Pero también es necesario formular un llamado a los conductores de nuestra ciudad para que en uso de su sentido común respetemos y valoremos las obras que se realizan y que nos cuestan muchos recursos.  Aunque la verdad sea dicha, no es culpa de ellos sino de esos adefesios de separadores que no cumplen ningún papel, simples artilugios que no obedecen a ningún estudio serio y sesudo y que, por el contrario, contribuyen al deterioro de nuestras calles y ponen en peligro a nuestra gente. Pude ver como un peatón sufría un accidente producto de estos artefactos que voló hacia su cuerpo poniendo peligro su vida y su integridad física. Entre sus ruinas quedan grandes tornillos que amenazan la integridad de los peatones y la marcha de los vehículos y no sería de extrañarnos que dentro de poco tengamos que lamentar accidentes producto de estos “chuzos” que quedan en el piso enterrados y a la vista de todos.

Seguramente se dirá por parte de algunos funcionarios y de la administración municipal que la culpa es de la vaca, es decir de quien escribe estas líneas y de los vehículos que resbalan y patinan ante los restos de estos separadores viales. No me cabe duda de que estamos ante un evidente detrimento patrimonial por causa de una equivocada política de seguridad vial en nuestra ciudad, que amerita el pronunciamiento de nuestras autoridades y el concejo municipal.  Por favor que se realice una evaluación seria, que se tomen los correctivos del caso y se sancione a quien se tenga que sancionar. Pasto merece más.  No es mía la apreciación, pero sí la comparto, en el sentido que estos separadores y conos en medio de nuestras calles afearon la ciudad, la convirtieron en una especie de pueblo y en motivo de burla y risas para propios y extraños.

Me acuerdo con dolor e indignación de esas materas que colocaron junto a la gobernación de Nariño, unos chamizos que a los pocos días ya denotaban la inventiva de nuestros funcionarios y su sentido común. Y cuando pensábamos que nada podía superar este despropósito aparecen en escena estos conos que afearon nuestra ciudad.  Exigimos se nos rindan cuentas públicas, que se nos diga el real valor de esta inversión que, como lo podemos ver cotidianamente, fue otro fiasco más en detrimento de nuestros recursos.  Que me perdonen los funcionarios y nuestro señor alcalde, pero actos de esta naturaleza donde se dilapidan y derrochan grandes recursos puede considerarse como un detrimento patrimonial.

Por otro lado, sería bueno que la ciudadanía se empodere de su ciudad, que se duela de ella, que ejerza su civismo y denuncie actos que afectan el bienestar común. Y ruego, como ya me ha ocurrido en el pasado, que no se actúe en mi contra y se afecte mi Labor periodística y profesional.  Únicamente soy un ciudadano que quiere su ciudad, que se duele de ella y que eleva su voz para que hagamos de Pasto la ciudad que merecemos y anhelamos. Solo ejerciendo ciudadanía podemos salir de los atolladeros en que nuestra misma indiferencia nos condena.

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