Muchas gracias y mucho ánimo

Por: Eduardo Enríquez Maya

Senador de la República.

Liceo No. 19

Este editorial tiene dos partes.

Me refiero a la primera. Se trata de un gesto fraterno que se constituye en lección, digna de ser imitada en favor de 3.300 familias. Los aportes son de la familia y los amigos, ahí no hay un centavo de las arcas oficiales. Quien quiso vincularse a esta campaña de solidaridad humana, depositó el dinero en la cuenta del Supermercado Macro Económico, con la finalidad exclusiva de compartir el pan con el hermano prójimo.

Sin hacer ruido, sin protagonismos, sin fotografías, ajenos al hirsuto populismo, cumplimos con esta bonita misión. Bien dijo Goethe: «el gesto es más grande que la gloria», o como nos enseñaron nuestros abuelos «no da el que tiene sino el que quiere».

Con Ruth, mis hijos y mis nietas, les decimos muchas gracias, muchísimas gracias, la amistad es un patrimonio que nos permite agradecer a Dios para ser felices.

La segunda parte, es para contarles que me encontré un discurso que pronuncié en un acto memorable apenas iniciando mi carrera política. He aquí algunos apartes:

Y se renueve la fertilidad del surco para brindar el pan a los labriegos…

Y la luna regrese por las noches para iluminar el tranquilo sueño y el feliz descanso del niño, del joven y del abuelo…

Y las aves repitan su canción en las mañanas para anunciar el alba y alegrar la vida.

Y otra vez se vuelva cristalina el agua de los ríos para unir a los pueblos y bendecir a la tierra…

Y el humo y la sirena de las fábricas sean signo y canción al mediodía para alegrar el trabajo del profesional y del obrero…

Y brillen otra vez los ojos de las mujeres porque pueden ensalzar la prodigiosa fertilidad de sus entrañas…

Y sonrían como antaño las mujeres y los hombres, con su riqueza inmensurable de recuerdos y su entrega generosa y sin reservas.

Es inobjetable que vivimos en la época más difícil de la historia; ojalá lo que dije hace unos años sirva para fortalecer el ánimo y tener encendida muy alto, muy en alto la luz de la esperanza, para ser conducidos por la misericordia de Dios a Puerto firme, a tierra prometida.

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