Músico nariñense, Eduardo Maya, es El Personaje 10.

Las redes sociales se inundaron de voces de tristeza y melancolía tras la noticia de la muerte del músico nariñense Eduardo Maya, nacido en Sandoná – Nariño, catalogado por versados musicólogos como   uno de los mejores exponentes del jazz en el mundo entero.  Para el periodista, músico, escritor y promotor musical Edgard Hozzman, radicado en los Estados Unidos, “no cabe duda que Eduardo Maya fue uno de los mejores músicos de Nariño y de Colombia, un virtuoso que se ganó el aprecio y el reconocimiento de importantes y destacados músicos del mundo entero por su versatilidad, dominio y manejo de los instrumentos de viento. Hizo parte de producciones musicales junto a destacados artistas que siempre vieron en él a un grande, un gigante de la música…”.

En la fecha de hoy se publica una sentida nota de despedida en la página oficial de la Radio Nacional de Colombia, en ella se recuerda que “En 1970, con apenas veintidós años, aceptó una invitación a Oranjestad, capital de Aruba, para inaugurar un hotel de la cadena Sheraton. Aunque el contrato era por seis meses, se terminó quedando cinco años. Retornó temporalmente a Bogotá, comenzó su carrera como músico de atril y trabajó durante varios años con Jimmy Salcedo en el programa de televisión Mano a Mano Musical. Pese a que, como alguna vez le contó a la Radio Nacional de Colombia, su actividad discográfica fue prolífica, su rastro permanece invisible a consecuencia de la ausencia de créditos en los discos. Sin embargo, su impronta aparece certificada en algunos discos icónicos como ‘La moña’ (1978), de Joe Madrid, y ‘Evolución’ (1975), de Harold”.  En diferentes escenarios del mundo acompaña con su trompeta y estilo a grandes y reconocidos artistas como Celia Cruz que no dudó un solo momento en decir de él que “Su compás marcaba el ritmo y movía mis caderas”.

Nariño y Colombia pierden con esta temprana y repentina desaparición a uno de los mejores exponentes del jazz. Eduardo Maya “hizo parte de algunas bandas emblemáticas de la salsa y la música tropical en Bogotá como Los Astros, Los Nada que Ver y Los Rivales. También fundó y dirigió el Grupo Maya, banda de corte salsero que lo respaldó en ‘Mr. Bugle’ (1975), disco que, además de ser una joya del smooth jazz colombiano, fue el primer trabajo grabado a su nombre”.  Sus inicios musicales en Nariño, concretamente en su natal Sandoná están llenos de momentos de profunda nostalgia por cuanto es de la mano de su padre y de su abuelo como inicia ese periplo que lo haría un personaje universal y un grande entre los grandes. Quienes vivieron esos instantes recuerdan con nostalgia que “Rafael Maya Agreda comenzó a estudiar trompeta a los doce años respaldado por su padre, don Eliseo Maya Caicedo. Fue su progenitor quien lo inscribió en la Escuela de Música de la Universidad de Nariño donde Lucio Feuillet (abuelo del cantautor del mismo nombre) le enseñó teoría, solfeo, armonía. No pasó mucho tiempo cuando fue aceptado en la Banda Sinfónica de Nariño de donde saltó a la Banda Departamental del Valle, aventura prematura que lo llevó a vivir temporalmente en Cali. Sin cumplir aún la mayoría de edad, huyendo del servicio militar, el joven trompetista regresó a Pasto a mediados de los sesenta y se unió a la que era considerada la mejor orquesta de la ciudad por esos años: Alma Nariñense. Por recomendación de un amigo, viajó a Bogotá, continuó sus estudios en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia con su coterráneo, el legendario trompetista Pote Mideros y se enlistó en la banda de Martinez Pollit, el papá de Eddy Martínez”.

Es en la misma página web de la RNC que se rememora que “Instalado definitivamente en Aruba, Lalo Maya, como fue conocido en el ambiente musical, contrajo nupcias con Felipina Tromp con quien tuvo tres hijos. Durante tres décadas fue director artístico en diferentes cadenas hoteleras y fue protagonista de la vibrante escena jazzera de la isla. Pese a la distancia, su relación con Colombia fue estrecha: organizó el primer Festival de Jazz de Pasto con la Galeras Big Band, apadrinó bandas –Gualao, Big Band de Sandoná- y grabó con paisanos como sucedió en ‘Sensations’ (1994), una suerte de testamento musical en el que contó con la simpatía de varias leyendas del jazz y la música tropical colombiana como Adolfo Castro, Mario Baracaldo, Luis Díaz, Betho Díaz, Ramón Benítez y Luis Pacheco.

Que un sandoneño, nariñense, colombiano y descendiente de familia raizal campesina descollé en la música no es nada admirable. Lo sorprendente es que sea el jazz el género musical que caracterice e identifique a Eduardo Maya, llevándolo hacia un periplo artístico por muchos lugares del mundo.  Es sorprendente que artistas como Harold Orozco y otros ampliamente reconocidos en Colombia por su versatilidad acudieran siempre al talento de Eduardo Maya para plasmar sus inquietudes musicales. Es, justamente, este último artista quien destaca su participación con el bougle “imprimiéndole modernidad, frescura y una nueva tendencia que difícilmente se podría encontrar en otro músico…”. Se refiere al Lp. De Harold y su Banda, Evolución,  grabado en los estudios de Ingeson en la ciudad de Bogotá y que marcaría una ruptura en la concepción musical de juventud, grabado y prensado en  1975.

En una de las notas en las cuales se deplora su desaparición se rememora el espíritu aventurero y de trotamundos del maestro Eduardo Maya: “Sus deseos de profundizar los estudios musicales lo llevaron a Nueva York (Estados Unidos) en donde estudió trompeta con el profesor Cloude Gordon en la Convención Internacional de Bronces, lo que le permitió su asistencia por cinco años consecutivos al New York Brass Convertion. En esta misma ciudad además estudio técnicas modernas de trompeta con los profesores Carmine Caruso y Jerome Callet”.

Su permanente preparación académica le permitieron una rigurosidad en su formación y desarrollo, detestaba la improvisación por cuanto consideraba que el talento sin la disciplina es un campo estéril donde medran los mediocres. No se permitió descansos a la hora de acercarse a las nuevas concepciones artísticas y musicales, siempre fue un hombre de vanguardia que, debido quizá, a su sencillez y grandeza, no figuró en letras de molde en los grandes escenarios del mundo. Pero sin su presencia y aportes habría sido imposible el triunfo de innumerables artistas que siempre contaron con su invaluable presencia en el escenario.

Su presencia en Nariño, concretamente en la ciudad de Pasto, permitió la creación de grupos jazzísticos que encontraron en la figura de Eduardo Maya la inspiración para aventurarse en conceptos tan ajenos a su tradición musical.  Diferentes escenarios en esta ciudad fueron testigos de ese virtuosismo y destreza en el momento de interpretar temas con ese carisma único y excepcional que arrancaba aplausos y expresiones de admiración y afecto.

Sus amigos lo recuerdan como un hombre lleno de afecto, generoso, culto, conocedor como el que más de la historia musical y uno de los mejores intérpretes de instrumentos de viento.  A pesar de ser un personaje ampliamente reconocido y admirado, jamás perdió esa sencillez que le granjeó tantos y tan buenos amigos y que hoy le dan una sentida despedida como un sincero homenaje a su trayectoria e importancia musical. Nariño y Colombia despiden en esta fecha a Eduardo Maya, un músico de talla universal que rompió moldes y trazó su propio pentagrama de notas y colorido musical.

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