Nacimos peatones y amamos la bici

Aníbal Arévalo Rosero

Las ciudades son ecosistemas humanos que están viviendo una profunda crisis por la falta de previsión. Los alcaldes se ven entre la espada y la pared a la hora de dar soluciones: es muy frecuente ver a la Policía persiguiendo vendedores ambulantes; los peatones disputándose la calzada con los vehículos; los andenes invadidos por vallas publicitarias, motos, talleres y mercancías.

No existe ciudad en el mundo que aguante el constante crecimiento del parque automotor, y con ello el incremento de la huella de carbono. Nuestras urbes se convirtieron en centros bulliciosos, congestionados, con emanaciones de gases e intransitables. Y esto ocurre en las ciudades grandes y pequeñas. La carencia de unas políticas públicas las vuelve insostenibles.

En la ciudad de Pasto transitan por sus calles 240.000 vehículos automotores, de los cuales 170 mil son motocicletas. A ello se le suma los vehículos y motocicletas que entran diariamente, sobre todo de los mototaxistas, de los municipios circunvecinos. Estos factores tornan más lenta la movilidad y le restan la seguridad al peatón.

Es por esta razón que vemos la necesidad de mejorar la infraestructura urbana en favor de los peatones por ser la mayoría y los más frágiles, pero también porque en algún momento el 100 por ciento de los habitantes de una urbe nos convertimos en peatones. Es imperativo que el centro histórico se peatonalice para garantizar una movilidad sostenible, es decir, que se garantice el confort al ciudadano sin afectar al sector productivo.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, el orden de prioridades se proyecta con base en la pirámide invertida de la movilidad sostenible, donde el peatón es el principal actor; luego tenemos, en su orden, al ciclista, al transporte público, el transporte de carga y, por último, los autos y motocicletas. Para ello se necesita la transformación paulatina de nuestras ciudades, mediante planes de desarrollo que prioricen la humanización, teniendo en cuenta como prioridad a los niños, los adultos mayores y personas en condición de discapacidad.

Una ciudad pensada para los más vulnerables garantiza una movilidad eficiente para todos. Lo primero que tiene que ocurrir es que el mandatario comprenda la importancia de la transformación de la ciudad con andenes anchos, con rampas para sillas de ruedas y demarcaciones táctiles para invidentes, y red de bicicarriles y ciclorrutas interconectadas que estimulen la preferencia mediante la eficiencia; desestimulando el uso del vehículo particular, demostrando la eficacia del transporte no motorizado y enfatizando en los beneficios que puede representar para la salud y el medio ambiente.

La bicicleta es el medio de transporte más eficiente del cual debemos empoderarnos para hacer exigible una infraestructura que le dé vía libre y protección. La  bicicleta es por excelencia el símbolo del ambientalismo. No contamina por ser silenciosa, no emite gases de efecto invernadero, no ocupa mucho espacio y es una sensación bonita desplazarse en bicicleta porque permite mayor contacto con las personas.

En la actualidad la bicicleta no sólo es el medio de transporte, sino que es la protagonista del glamour de los desfiles y pretextos festivos. Se tejen muchas historias en torno a la bicicleta, incluso se puede llevar el más sencillo ramo de flores que despiertan el amor de ensueño. La bicicleta moviliza a miles de personas en el mundo entero con altos niveles de eficiencia.

La Organización Mundial de la Salud, dentro de los estándares para el mejoramiento de la calidad de vida para las personas, tiene establecido una media de 15 metros cuadrados de espacio público por habitante. Desafortunadamente, en Pasto sólo disponemos de 2,2; para un déficit 12,8 metros cuadrados. Es algo muy significativo porque en el espacio público se tienen en cuenta las vías, los andenes, los parques y las zonas verdes.

Por otra parte, el Concejo Municipal de Pasto, el 2 de diciembre de 2003 emitió el acuerdo mediante el cual se crea el Fondo de Compensación del Espacio Público, en él se determina que las construcciones nuevas que no van a ceder espacio delimitado por la línea paramental  para ampliar los andenes, deben pagar un tributo destinado a compensar el espacio que se dejó de ceder.

La destinación de los recursos del fondo es específica en la inversión de parques, bosque municipal o áreas verdes, pero hasta el momento, dicha inversión es un intangible, puesto que es mínimo lo que se ha desarrollado en esa materia.

El concepto de ciudad moderna no es el de la grandes autopistas saturadas de vehículos automotores, sino aquellas que priorizan las alamedas, vías peatonales, vegetación, ciclorrutas y desestimulan el uso del vehículo particular. Por excelencia son ciudades saludables y con una adecuada disposición de los residuos sólidos.

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