Nacismo y uribismo

No comparto todo lo que hizo el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018), sin embargo, es el Presidente que ha pasado a la historia por lograr un acuerdo de paz con el grupo guerrillero más antiguo y más importante de Colombia, las Farc. En su primera candidatura, repudié que viniera del uribismo, por eso no voté por él, traía la dolorosa mancha de un gobierno que creyó que con mano dura se vencería a los supuestos enemigos, un gobierno cuya cabeza había auspiciado el paramilitarismo disfrazado de las denominadas Convivir, cuando Uribe Vélez se desempeñó como gobernador de Antioquia, el mismo que siendo director de la Aerocivil favoreció al narcotraficante más terrorista de todos los tiempos, Pablo Escobar Gaviria. Además, como ministro de Defensa, Santos, debió recibir la pesada carga de los falsos positivos del uribista Camilo Ospina. Sin embargo, para la reelección, Santos traía ya un camino andado respecto a los diálogos con las Farc y un posible acuerdo de paz, que dicho sea de paso tuvo todos los tropiezos del mundo, empezando por el odio irrestricto que el uribismo y el propio Uribe Vélez guardaban por quien creían sería la continuación de la seguridad democrática. Santos, sin duda alguna, logró lo que muchos presidentes no pudieron hacer, y pese a todo, hoy los colombianos contamos con un Acuerdo de Paz que sigue su marcha.

Sin embargo, el uribismo sigue siendo la fuerza política más importante del país. Iván Duque, un personaje desconocido para muchos colombianos y totalmente desconocido dentro del concierto internacional, llegó a la Casa de Nariño gracias al espaldarazo que Uribe Vélez le dio para llegar a tal distinción, personaje sin carácter, sin una formación en temas internos y externos, Duque es eso, un duque y Uribe Vélez es el rey. Es por ello que desde 2018 el país ha vivido las divisiones más profundas que se recuerden, solo comparables a los santanderistas y bolivaristas en la reciente independencia nacional, sobre todo porque la fuerza de oposición es también la más grande que recuerde la historia del país, siendo Petro la figura más importante dentro de la misma, con propuestas sociales de avanzada.

Para nadie es un secreto que desde el 7 de agosto de 2018 esta polarización ha sido cruda y cruel, ya que la principal propuesta del uribismo es ejercer acciones con mano fuerte para acabar con todo aquello que se cruce en su camino, no en vano el incremento de asesinatos de líderes sociales ha aumentado de manera vertiginosa, los recursos para la implementación de los Acuerdos de Paz van en detrimento y la propia Justicia Especial para la Paz hoy por hoy tambalea; en las calles es frecuente ver los ataques a jóvenes y niños que creen que el camino es otro, de furibundos uribistas que atacan y amenazan sin que ninguna autoridad haga nada, además, la propia autoridad, en manos de la Policía Nacional, institución desacreditada, ya que nada en las inmundicias de la corrupción, cree más importante hacer valer un Código con normas vetustas, en donde se prefiere sancionar no únicamente al pequeño vendedor informal, si no a quien supuestamente lo auspicia, es decir al comprador de empanadas, todo esto, mientras los ladrones de cuello blanco disfrutan de los casinos de oficiales en los batallones donde son guarnecidos y protegidos no sabemos de qué.

Lo dicho, y otras cosas, no hacen sino recordar mis clases de historia universal, mis lecturas sobre la Europa de entre guerras y de pos guerras, sobre todo cuando uno se pone a pensar cómo un pueblo como el Alemán, que leyó a Goethe, que escuchó a Wagner, que forjó un Lutero, que se ensalzó con Kant, y que se extasió con Beethoven, fue capaz de seguir a Adolph Hitler, cabeza del nacismo, el mismo que la revista más influyente del mundo de entonces, Times, declaró en 1938 el hombre del año. Esto me pone a reflexionar sobre el paralelo que existe entre el nacismo y el uribismo, entre Hitler y Uribe, y esto es lo que encuentro:

  1. Las masas uribistas, quienes creyeron que el gobierno Santos seguiría la política de la seguridad democrática, se vieron desencantadas y se sintieron defraudadas, considerando los 8 años de gobierno como de verdadera pérdida, así como los alemanes consideraban que después de la Primera Guerra su patria había sido humillada y ofendida, por eso no les importó ganar las elecciones de 2018 a costa de lo que fuese, inclusive de poner en el gobierno al que dijera Uribe.
  2. La democracia impuesta por la fuerza, buscando imponer una cabeza fuerte en el ejecutivo, mientras el parlamento se debilita, es así como Hitler asciende y se impone, se hace lo que él dice, se ejecuta a quien él dicta; en Colombia, más de 10 millones siguieron ciegamente a Uribe, de tal manera que se votó por quien él dijo, es decir el desconocido y advenedizo Duque, la democracia disfrazada en este caso, mientras en el Congreso, el cuestionado Ernesto Macías, es puesto a discreción del uribismo, personaje oscuro y poco entendido, que debió recurrir al engaño para poder escalar posiciones políticas, todo bajo la egida de la democracia.
  3. Los alemanes debieron enfrentar la crisis económica de los años 30, por eso Hitler sembró en el pueblo la creencia de que la República de Weimar había fracasado. Hoy por hoy es común escuchar a los analistas económicos del régimen uribista señalando que el país desaceleró su crecimiento bajo el gobierno Santos. Lo que otros analistas señalan es que pese a que el precio del petróleo bajó en el mercado mundial, afectando las exportaciones así como la inflación, también es cierto que bajo su mandato se redujeron los índices de pobreza, se redujo la inequidad en la distribución del ingreso y se incrementó el producto interno bruto. La crisis, como dicen los analistas, obedece a causas más externas que internas.
  4. El nacionalismo alemán, quienes defienden la raza pura, el orgullo y la superioridad del pueblo germano, conquistador y heroico. En Colombia, como muchos no pueden darse el gusto de llamarse puros, acuden entonces al arribismo de clase para poder determinar qué es lo bueno y qué es lo malo, no en vano el ministro de Defensa, sale a decir a los medios que se armarán los llamados “colombianos de bien”, es decir lo que en jerga cachaquísima de denomina “gente bien”, esos que tienen finca para pasear, caballos para montar y clubes para chismosear. Por eso se ataca al que come empanada, al que come chontaduro, al que vende tamales o aguacates, pues estos no son “gente bien”.
  5. Miedo al movimiento obrero socialista. La campaña uribista para ganar las elecciones se centró en que si ganaba La Colombia Humana, liderada por Gustavo Petro, nos volveríamos como Venezuela, asociada al Socialismo del Siglo XXI de Chaves, pero sobre todo a los retrocesos que se han dado bajo el mandado de Maduro, fue la manera cómo el uribismo atrajo la atención de los grandes potentados económicos e industriales del país, de la propia banca, quienes han asegurado con Duque todas las prebendas y contratos, con los cuales se enriquecen aún más, en detrimento de la clase obrera y trabajadora. Por eso el uribismo condena todo lo que huela a social, se demoniza al movimiento obrero más grande del país, como es Fecode, que reúne a miles de educadores colombianos, y quienes tradicionalmente han demandado mejor educación y mejores salarios para los trabajadores.
  6. El uso de los medios y de la publicidad, el nacismo utilizó todos los medios posibles tanto para adoctrinar como para generar terror, la prensa siempre estuvo a la orden de Hitler. En Colombia, los principales medios, como son RCN y Caracol, han mantenido un nexo profundo con el uribismo, de ahí que desde la campaña presidencial se favoreciera siempre al desconocido Duque y se atacara de la forma más imparcial al candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro. Es así que mientras a Duque lo ponen a cantar, a tocar la guitarra, a bailar, a hacer piruetas con las presentadoras, a Petro se lo ataca por usar unos zapatos Ferragamo. Mientras Luis Carlos Vélez, Darío Arizmendi, Néstor Morales, áulicos del uribismo y del poder de casta, ponen a Duque a ser un comodín político de la farándula, atacan despiadadamente a Gustavo Petro. Esa es la parcialidad con la que obraban también los periodistas del nacismo.
  7. En cuanto al culto a la personalidad, sobra enumerar y nombrar el egocentrismo y la idolatría que el nacismo sentía por Hitler. En Colombia, con Uribe pasa lo mismo, por ello no es raro que sus seguidores y conmilitones ataquen a jóvenes estudiantes cuando discrepan con él, los atacan, los humillan, y en buen paisa les arengan “Te quitas esa camiseta o te pelamos”. Como se dijo ya, si el Times nombró a Hitler el personaje del año en 1938, en Colombia por supuesta elección popular Uribe fue declarado el Gran Colombiano en 2013, cabría recordar qué es el Gran Hermano en la maravillosa obra de George Orwell en 1984. La Esvástica en Colombia equivale a la silueta de Uribe con la mano en el corazón. El Mein Kampf del uribismo es el odio al socialismo, al comunismo, al idealismo, al humanismo, mejor dicho, a todo lo que no sea el uribismo; la superioridad de la raza aria es reemplazada por la superioridad de lo que llaman “gente bien”; la democracia se utiliza para sus fines, por eso no importa ganar con fotocopias, se sabe que el pueblo elige en las urnas, pero la Registraduría decide en el conteo, como dijera Gaitán, también inmolado por las castas de entonces; la guerra es el baluarte para llegar a una sociedad, por eso Uribe posa como chalán, como capataz en el ubérrimo, por eso insulta a periodista y amenaza; Hitler no tuvo hijos, pero tuvo generales, a quienes favoreció tremendamente, Uribe hizo de sus dos hijos prósperos comerciantes, otorgándoles prebendas a sus amigos, nombrándoles amigos notarios, con tal de que las manillas, compradas a bajos precios a los indígenas colombianos, alcanzaran altos precios en las embajadas y consulados del país, con tal que las tierras compradas a bajos precios cambiaran de condición y de la noche a la mañana incrementaran sus precios en más del 500%, de extraditar a su antiguo socio DMG, con tal de no ponerlos ante el escarnio público. El Berghof de Uribe es el Ubérrimo, la humilde finca de más de 100 hectáreas en donde aparte de recrearse, recibe a ministros y mandatarios, pero aún más, en donde hace ruedas de prensa en las caballerizas, así como Hitler se hacía filmar en Berghof con sus perros.

Y prefiero no seguir, ya que sueño con una patria mejor, no solamente para nuestros hijos y nietos, sino para nosotros mismos, no bajo el engaño de una prosperidad medida en el éxito del caudillo, como lo hizo Hitler con los alemanes, ni mucho menos bajo la espera de que sean los aliados quienes vengan a rescatarnos, mi optimismo es mucho mayor y espero que pronto derrumbemos al ídolo con pies de barro y forjemos una patria en paz, con justicia social, sueño no de izquierdas, sino universal.

Mauricio Chaves-Bustos

Bogotá, febrero 22 de 2019.

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