Nada, absolutamente nada justifica el racismo en Nariño.

Por: Raúl Alejandro Delgado

Nada, absolutamente nada justifica el racismo, los comentarios oprobiosos y desear el mal a la población tumaqueña debido al avance del Covid-19 en esa ciudad. ¡Basta ya! Es cierto que debe implorarse para que se acaten las medidas de cuidado, pero eso no da ningún derecho a maltratar a los tumaqueños. Esta pandemia ha revelado con nitidez razones estructurales que explicarían la dificultad para controlar el virus y también ha quitado las máscaras a quienes siempre han tenido prejuicios y arribismo. Se creen con moral superior para juzgar así a los demás, pero se quedan con una mirada miope y cómoda que no logra entender la complejidad del asunto. El maltrato hacia la costa se ha manifestado históricamente y de múltiples maneras, pues de lo contrario no tendríamos esa marcada inequidad costa – sierra, con una deficiencia tan severa en servicios institucionales y desigualdad comparativa en todos los niveles de bienestar. El cimiento de la inequidad se llama racismo y tiene varias caras.
Pasto como capital del departamento, no solo puede recibir a enfermos por Coronavirus, sino que tiene el deber de hacerlo. ¿Acaso el Hospital Universitario Departamental, no es eso: “departamental” como su nombre lo indica? ¿Acaso atender a la población de la costa pacífica no es lo mínimo que se puede hacer ante la inequidad gestada desde hace tiempo? ¿solo funcionamos como departamento integrado para los votos o campañas publicitarias? En lugar de mal gastar su tiempo deseando lo peor a la gente de la costa, esos cibernautas deberían dedicarse por lo menos a exigir virtualmente a que se dote con camas UCI a los hospitales de Tumaco, que no existen en la actualidad. ¿No sería más útil cuestionar eso? ¿Por qué Bogotá si aumenta camas UCI y Tumaco, teniendo una tasa de contagios por cien mil habitantes más elevada y un proyecto listo para ser aprobado? ¿No se conmueven que todos los municipios de la costa tengan un índice de necesidades de salud en estado crítico?
Entiendo que cause indignación observar que buena parte de la población de Tumaco no está realizando la cuarentena, pero aquellos que denigran de estas personas ¿se han puesto a pensar que la mayoría de la gente depende la economía informal, mucho más que Pasto, por ejemplo? ¿su análisis es tan limitado que se dejan llevar únicamente por un video de jóvenes bailando y cantando en medio de un rito fúnebre? En vez de apelar al racismo y a los insultos, la persona que juzga así debería ponerse a pensar en las condiciones de violencia que provocan que el virus sea apenas un peligro entre otros para esos jóvenes. A su vez, le sería útil analizar la percepción particular de la muerte en la localidad (a mí, por ejemplo, comprender el sentido de la muerte en la costa hace varios años me cambió la vida para siempre). La indignación debería estar dirigida a la estructura política y económica (local, regional y nacional, internacional) que ha ocasionado que muchos de estos jóvenes tengan una expectativa de vida limitada, que no confíen para nada en la institucionalidad y sientan la muerte como una experiencia cercana en su cotidianidad. Probablemente ellos se sientan huérfanos de oportunidades y lo único que les queda son esos momentos de regocijo. A propósito, no solo para ellos, sino para la mayoría de tumaqueños, la alegría suele concebirse como una herramienta de respuesta ante las crisis, una forma de ver la vida o una estrategia de adaptación y supervivencia. Sin duda, esto riñe con las indicaciones de las autoridades sanitarias y no pretendo justificar o promover conductas que potencien los riesgos, pero si invitar a un análisis más amplio de lo que sucede.
No es lo mismo confinarse en una vivienda en Pasto que en Tumaco, donde hay mayor hacinamiento y suele compartirse mucho más las habitaciones o prevalecen las familias extensas que implican una dependencia, solidaridad y proximidad más acentuada entre sí. Al tiempo que un buen número de tumaqueños no hace la cuarentena, son muchas las familias que si están haciendo su máximo esfuerzo para confinarse y protegerse ¿Por qué no vemos eso? Gran parte de la población tumaqueña es crítica de su situación y desea que las cosas no empeoren! Sin embargo, lamento que no haya notado que alguna autoridad oficial (gobernación o alcaldías) esté haciendo algo para detener la avalancha de juicios egoístas y racistas. El racismo es penalizable y eso deberían advertirlo los entes gubernamentales, pues de nada sirve que el 21 de mayo saquen cualquier imagen instrumental o acto folclorizante celebrando el día de la afrocolombianidad, si al mismo tiempo dejan pasar este maltrato a la costa.
Se supone que este debería ser el momento de la solidaridad, por lo tanto, es más práctico dedicarse a exigir control de la frontera (que no solo es Rumichaca), pedagogía comunitaria, dotación de camas UCI, seguridad alimentaria, seguimiento a los casos de base comunitaria, fortalecimiento de la red hospitalaria, entrega de mercados a las familias que lo necesitan, y, ante todo, un cierre progresivo de las brechas de inequidad y combate al racismo. La deuda con la costa es enorme y no es el momento de dar la espalda, es momento de pagarla.

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