Nariño, linda por donde se mire – Tierra de Patrimonios culturales, naturales e inmateriales –

El confinamiento por la pandemia del Covid-19, voluntario o no, ha hecho que la dinámica del tiempo y el espacio cambien. Frente al tiempo, no como ese entramado abstracto del que hablan los físicos, sino como una realidad en las manecillas del reloj o en el movimiento digital del celular, ya que o las horas faltan o los segundos sobran, dependiendo de la actividad que se realice; y respecto al espacio, tampoco desde los postulados de la teoría de las cuerdas, sino el espacio donde se habita, ya que nos hemos visto abocados a minimizarlo, en razón al cuidado personal que cada quien quiera tener.

Lo cierto es que nuestra vida cambió, especialmente nuestros relacionamientos, ya que hemos tenido que ver a la familia por una pantalla de computador, zoom reemplazó el club social o la cafetería, la virtualidad es ahora nuestra normalidad. A nivel social, todo tipo de celebraciones se han visto afectadas, desde las familiares, como son los cumpleaños o las celebraciones de días especiales, como el de la madre y la no tan publicitada del padre; hasta las celebraciones colectivas, como son las fiestas y carnavales que se celebran en toda vereda, pueblo o ciudad de nuestro país, que superan de sobra el millar. De igual manera, muchos de los espacios donde se reúne la colectividad, han debido verse de manera diferente en el confinamiento, especialmente porque se restringe sus visitas o porque simplemente no tienen ya visitantes.

 

Muchos de esos espacios y de esas manifestaciones son declaradas patrimonio de la humanidad, bien sea bienes culturales y naturales o inmateriales. Frente a los bienes culturales, anota la UNESCO (1972), se consideran: los monumentos: obras  arquitectónicas,  de  escultura o de pintura  monumentales, elementos o estructuras de   carácter arqueológico, inscripciones, cavernas y grupos de elementos, que tengan un  valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia;  los  conjuntos: grupos de construcciones, aisladas o reunidas, cuya arquitectura, unidad e integración en el paisaje les dé un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia; los  lugares: obras del hombre u obras conjuntas del hombre y la naturaleza así como las zonas, incluidos los lugares arqueológicos que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista histórico, estético, etnológico o antropológico.

En cuanto a los bienes naturales: los monumentos naturales constituidos por formaciones físicas y biológicas o por grupos de esas formaciones que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista estético o científico; las formaciones geológicas y fisiográficas y las zonas estrictamente delimitadas que constituyan el hábitat de especies, animal y vegetal, amenazadas, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista estético o científico; los lugares naturales o las zonas naturales estrictamente  delimitadas, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista de la ciencia, de la conservación o de la belleza natural.

Así se inscribieron y declararon varios bienes culturales y naturales, en Colombia, entre otros: el puerto, fortalezas y conjunto monumental de Cartagena (1984), el Parque nacional de los Katíos (1994), el Parque Arqueológico de San Agustín (1995).

En 2003, la Unesco, ante el llamado de muchos países, de la sociedad civil y de algunas organizaciones, realiza una Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, el cual define así: “Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. A los efectos de la presente Convención, se tendrá en cuenta únicamente el patrimonio cultural inmaterial que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible”, el cual se manifiesta en los siguientes ámbitos, según la Unesco (2003): a) tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial; b) artes del espectáculo; c) usos sociales, rituales y actos festivos; d) conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo; e) técnicas artesanales tradicionales.

Además, entiende por salvaguardia: “las medidas encaminadas a garantizar la viabilidad del patrimonio cultural inmaterial, comprendidas la identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción, valorización, transmisión -básicamente a través de la enseñanza formal y no formal- y revitalización de este patrimonio en sus distintos aspectos”.

Dentro de estos, en Colombia están: Carnaval de Barranquilla (2008), Palenque de San Basilio (2008), las Procesiones de Semana Santa en Popayán (2009), entre otros.

A nivel de nuestro departamento de Nariño, el único que ha sido declarado como patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad es el Qhapaq Ñan, sistema vial andino, declarado en 2008, el cual comparte Colombia junto con Argentina, Chile, Bolivia, Perú y Ecuador, “Se trata de una vasta red viaria de unos 30.000 kilómetros construida a lo largo de varios siglos por los incas –aprovechando en parte infraestructuras preincaicas ya existentes– con vistas a facilitar las comunicaciones, los transportes y el comercio, y también con fines defensivos. Este extraordinario sistema de caminos se extiende por una de las zonas geográficas del mundo de mayores contrastes, desde las cumbres nevadas de los Andes que se yerguen a más de 6.000 metros de altitud hasta la costa del Pacífico, pasando por bosques tropicales húmedos, valles fértiles y desiertos de aridez absoluta. La red viaria alcanzó su máxima expansión en el siglo XV, llegando a extenderse por todo lo largo y ancho de la cordillera andina. El nuevo sitio del patrimonio mundial, que consta de 273 componentes y se extiende a lo largo de más de 5.000 kilómetros. Los componentes se han seleccionado para poner de relieve la importante función social y política de la red viaria; las obras maestras de arquitectura e ingeniería y las infraestructuras conexas dedicadas a las actividades mercantiles, el alojamiento y el almacenamiento de mercancías; y los sitios con un significado religioso” (UNESCO, 2008).

De tal manera que desde Rumichaca, en el municipio de Ipiales, pasando por Potosí, El Contadero, Gualmatán, Fúnes, Yacuanquer, hasta llegar a Tangua, el antiguo camino hecho por nuestros ancestros Pastos y Quillacingas, fue mejorado y perfeccionado por los Incas, buscando con ello fortalecer la zona más septentrional del Tawantinsuyo, que quiere decir las 4 partes del imperio, quedando demostrado de esta manera que, pese a que hubo resistencia de las comunidades originarias, los Incas llegaron a nuestra comarca, dejando un legado no solamente material, sino también espiritual, como se puede ver actualmente en la celebraciones del Inti Raymi, así como en algunas costumbres gastronómicas y culturales (Ver nuestro artículo El Quechua en el Sur de Colombia, Página 10). La Universidad de Nariño fue uno de los bastiones académicos para que se lograra esta declaratoria. Con grata recordación rememoramos durante nuestra niñez las caminatas que hacíamos por estos caminos con mis padres y mis hermanos, mientras mi padre nos iba indicando las ruinas que ahí existían, entonces en un estado de abandono muy lamentable.

En cuanto a los bienes inmateriales, en Nariño están: Carnaval de Negros y Blancos de Pasto (2009), “Surgido de tradiciones nativas andinas e hispánicas, el Carnaval de Negros y Blancos es un gran acontecimiento festivo que tiene lugar todos los años, desde el 28 de diciembre hasta el 6 de enero, en San Juan de Pasto, al sudoeste de Colombia. El primer día de las festividades se celebra el Carnaval del Agua, durante el cual se rocían calles y casas para crear una atmósfera lúdica. El 31 de diciembre tiene lugar el Desfile de Años Viejos, en el que los comparsas recorren las calles con monigotes satíricos que representan a personalidades y eventos de actualidad. Esta jornada finaliza con una cremación ritual del Año Viejo. Los dos últimos días del carnaval son los más importantes, cuando todos los participantes, sea cual sea su etnia, se maquillan de negro el primer día y de talco blanco el segundo para simbolizar así la igualdad y unir a todos los ciudadanos en una celebración común de la diferencia étnica y cultural. El Carnaval de Blancos y Negros es un periodo de convivencia intensa, en el que los hogares se convierten en talleres colectivos para la presentación y transmisión de las artes carnavalescas y en el que personas de todas clases se encuentran para expresar sus visiones de la vida. Esta fiesta reviste especial importancia como expresión del mutuo deseo que el futuro esté presidido por un espíritu de tolerancia y respeto” (UNESCO, 2009).

No sobra decir que el Carnaval de Negros y Blancos se juega en casi toda la sierra nariñense, algunos lugares del Cauca, Huila y Putumayo, inclusive hay vestigios de celebración en algunas comarcas del norte ecuatoriano. Cada municipio tiene sus particularidades; en Ipiales, por ejemplo, se celebra el Carnaval Multicolor de la Frontera, que es una oportunidad para encontrarse los 13 municipios que conformaron la Provincia de Obando, así como representantes del Ecuador, especialmente de la provincia de El Carchi. Imposible decir que uno es nariñense, serrano, y no mencionar nuestro carnaval, nuestra fiesta insigne, que viene desde Popayán, cuando las familias esclavistas daban un día de asueto a sus esclavos, en un intercambio de papeles que, de una u otra manera, rememora la aceptación de las otredades, por lo menos por un día, conocido como de Los Negritos, y que ha evolucionado en la fiesta que tenemos hoy en día.

Está también la Música de marimba y cantos y bailes tradicionales de la región colombiana del Pacífico Sur y de la provincia ecuatoriana de Esmeraldas (2010 y ampliada en 2015 al Ecuador) “La música de marimba y los cantos y bailes tradicionales son expresiones musicales que forman parte integrante del tejido social –familiar y comunitario– de la población descendiente de africanos asentada en la región colombiana del Pacífico Sur, así como en la provincia ecuatoriana de Esmeraldas. Los hombres y mujeres de esta comunidad cantan relatos y poemas, acompañando sus interpretaciones con movimientos rítmicos del cuerpo, en diversos eventos de carácter ritual, religioso o festivo para celebrar la vida, rendir culto a los santos o despedirse de los difuntos. La música de marimba se toca con un xilófono de madera de palma, equipado con tubos resonadores de bambú, y se acompaña con sones de tambores y maracas. Este elemento del patrimonio cultural inmaterial está profundamente arraigado en las familias, así como en las actividades de la vida diaria. Por eso, se considera que sus practicantes y depositarios son los miembros de la comunidad en su conjunto, sin distinción de sexo o edad. Las personas de mayor edad de la comunidad desempeñan el papel esencial de transmisores de las leyendas y narraciones de la tradición oral a las generaciones más jóvenes, mientras que los profesores de música supervisan la transmisión de los conocimientos musicales. La música de marimba y los cantos y danzas tradicionales propician los intercambios simbólicos, comprendidos los de alimentos y bebidas. También fomentan la integración a nivel familiar y colectivo, gracias a prácticas ancestrales que fortalecen el sentimiento de pertenencia a un grupo humano específico vinculado a un territorio y un pasado histórico comunes” (UNESCO, 2016).

En Colombia, la marimba está presente en todo el Pacífico, y en el caso de Nariño, desde Ricaurte, zona de pie de monte costero, de tal manera que hay una larga tradición de sonidos, cantos y bailes, que nos hermanan con la provincia de Esmeraldas en Ecuador, ya que las fronteras artificiosas no pudieron romper el legado cultural que se asentó en nuestro territorio desde el siglo XVI, cuando trajeron hombres y mujeres del África en condición de esclavos, quienes soterradamente mantuvieron sus rituales, sus creencias y las cultivaron en estos territorios que ahora se comparten con los indígenas ancestrales y con los mestizos que forjamos la raza cósmica. Cómo no recordar cuando, en nuestras vacaciones, estos territorios eran nuestro destino, y en Ricaurte ya aparecía el encantamiento de esa marimba de chonta, que era tocada por dos hombres con las baquetas forradas en caucho natural, logrando unos sonidos mágicos, los cuales aún hacen eco en nuestra memoria.

A nivel nacional, también hay unas declaratorias de reconocimiento de esos patrimonios, que han sido declarado bienes de interés cultural de Colombia, en Nariño tenemos:

– Reserva Arqueológica de Berruecos, Arboleda (1971) “En medio de una verde vegetación, como cabecera municipal de Arboleda, se encuentra el corregimiento de Berruecos, cuyo nombre significa lugar lleno de piedras,  reconocido como monumento nacional y de reserva arqueológico en 1.971, fecha en la que se descubrieron importantes petroglifos grabados en una enorme roca llamada por los nativos «Piedra de los Monos». También han sido hallados en este corregimiento lugares de asentamiento humano y de enterramiento, así como también materiales arqueológicos del periodo prehispánico, entre ellos, estatuas talladas en piedra, objetos en cerámica y restos óseos humanos” (Situr Nariño, 2020). En este sitio han sido encontrado petroglifos similares a los de San Agustín, cuya historia aún está por develar.

– Puente de los Arcos sobre el río Juanambú, Buesaco y Arboleda (2015);

– Puente El Socorro sobre el río Juanambú, Buesaco y Arboleda (2015); éste y el anterior fueron declarados a través de la Resolución 1941 del 3 de Julio 2015 del Ministerio de Cultura, junto a 14 puentes más, es decir 16 en total, por su valor histórico, todos puentes de arco construidos en ladrillo, ubicados en Valle, Cauca y Nariño.

– Puente El Tablón de Gómez, El Tablón (2000) “El Puente en el Cañón del Río Juanambú difícilmente encuentra su gemelo en el territorio nacional. Existen algunos que tienen gran similitud por las inclinaciones en la vía, por el material, por el arco,  etc.  Pero  ninguno,  hasta  donde  se  puede  determinar,  genera  una  tipología  y  morfología  con  características  que  se  aproximen a su composición, su longitud, ancho y sobre todo los  dos  arcos  de  diferente  proporción  que  le  dan  una  clara  diferencia con relación a los existentes” (Pasuy, 2001), un puente que, como los anteriores, permitieron el contacto entre el sur y el norte, el norte y el sur, Quito y Popayán, Lima y Santafé, por donde pasaron vencedores y vencidos; aunque datan de mediados del siglo XIX, parece que su configuración es anterior, constituyéndose en piezas únicas dentro del contexto nacional.

– Conjunto Puente Natural Rumichaca y Antigua Casa de Aduana de Ipiales (2006), sobre esta importante Casona y la declaratoria, hemos escrito ya (Ver: Sobre la Casa de Aduanas de Rumichaca en Ipiales, Página 10), sobre todo preocupados, ya que la Casona, inaugurada en 1932, y cuya estructura forma parte del Qhapaq Ñan, fue seriamente puesta en peligro por una absurda intervención que hizo la administración del alcalde Ricardo Jonás Romero Sánchez, al ubicar una marquesina y atentar contra todo este patrimonio de la Humanidad y Nacional. Estamos a la espera de que nuestras solicitudes ante el Ministerio de Cultura hayan dado efecto y se ordene el retiro de esta estructura lo antes posible.

– Santuario de Nuestra Señora de La Lajas, Ipiales (2006) “Ubicada a 7 k. del municipio de Ipiales, se encuentra esta iglesia de lenguaje Neogótico construida a comienzos del siglo XX, por Lucindo Espinosa y finalizada en 1952, colgada de las escarpadas rocas que forman el cauce del río Guáitara, donde se venera la imagen de Nuestra Señora de Las Lajas sosteniendo al Niño Jesús y, en la parte inferior, arrodillados a cada lado, Santo Domingo y San Francisco. La iglesia forma conjunto con un puente que cruza el río Guáitara y que hace las veces de atrio, con un basamento que llega hasta el nivel del lecho del río. El templo tiene tres naves, con la central de mayor altura que las laterales. Una torre localizada en la parte central de la fachada principal marca la nave central. La tipología de la Iglesia del Santuario de Las Lajas corresponde a la desarrollada en la región en la década de los años 50, caracterizada por el uso del arco como elemento arquitectónico y de la piedra laja, el hierro forjado y el ladrillo como materiales constructivos. El edificio principal mide 27.50m de fondo por l5m de ancho. En el actual inmueble se pueden diferenciar dos momentos de desarrollo constructivo: un primer momento delimitado en el primer y segundo nivel, en el cual se exhiben elementos arquitectónicos homogéneos, como son las arcadas de medio punto, con acabados enlucidos y pintados; y un segundo momento, correspondiente al: tercer nivel que, elaborado en ladrillo, se retrocede del paramento permitiendo la aparición de una terraza, En esta etapa es claro el lenguaje espacial y formal de la arquitectura religiosa de culto, diferenciable del programa espacial conventual que presentan los dos primeros niveles” (Ministerio de Cultura, 2006).

– Catedral de San Juan de Pasto (2000) “La arquitectura actual es de carácter clásico romántico, su fachada principal es de singular simetría y elegante estructura que la hace una de las iglesias más grandes y bellas de la ciudad. La Catedral, consta de 4 naves, una de ellas dedicada a la Santísima Trinidad. “Las dos torres gemelas alcanzan 42 metros de altura. La nave central es cubierta con una bóveda de cañón. El altar se ilumina a través de una gran cúpula. El interior se adorna con abundantes cuadros y pintura murales que representan escenas bíblicas y vidas de santos;  allí  se destacan obras de artistas pastusos como Isaac Santacruz, José Antonio Moreno, Miguel Astorquiza y el maestro ecuatoriano Rafael Troya” (Ojeda, Morales & Guerrero, 2012).

– Conjunto La Milagrosa. Antiguo Hospital San Pedro, Pasto (1988) “Este conjunto está integrado por la capilla de La Milagrosa, el colegio Pedagógico, los puentes, el parque Toledo, plazoleta, las fachadas de edificaciones y el espacio público que los enmarca, fue declarada Monumento Nacional por la Ley 163 de 1.959 y ratificado por decreto 264 de l.963. Ubicado en la carrera 26 No 22 – 225. Este conjunto se encuentra a pocas cuadras de la plaza principal de la ciudad de San Juan de Pasto, sin embargo es un sector poco concurrido y aislado de la ciudad” (Ojeda, Morales & Guerrero, 2012).

– Edificio de la Gobernación de Nariño, Pasto (1988) “La primera piedra del actual edificio fue colocada en 1.910 por el segundo gobernador del Departamento de Nariño, el General Gómez Jurado. El Palacio de Gobierno de Nariño es una obra de estilo neoclásico, caracterizado por los frontis, cornisas, balcones y columnas. Presenta una elegante fachada tallada en piedra. En su interior se destaca el patio y las escaleras en madera que conducen por sus tres niveles” (Ojeda, Morales & Guerrero, 2012).

– Museo Casa Taminango Pasto (1971) “La casona de Taminango data de 1.623 y por su valor histórico y arquitectónico fue declarada Monumento Nacional mediante el Decreto No. 2000 de 1.971. La Casona, totalmente restaurada, con la mayor autenticidad posible, fue entregada a la ciudad de Pasto, convertida en el Museo de Artes y Tradiciones Populares de Nariño el 14 de Julio de 1.989. El museo actualmente exhibe los procesos artesanales del mopa-mopa, o barniz de Pasto, escultura, talla y torno en madera, tejidos de lana, paja toquilla y cabuya, artículos en cuero, cacho y hueso, talla en piedra, gobelinos, muñequería, herrería y molino de piedra accionado por fuerza hidráulica” (Sinic, 2020). Recordamos con gran cariño a Pablo Morillo Cajiao, alma y nervio de esta iniciativa, con quien de su mano recorrimos ese bello espacio.

– Sector antiguo de la ciudad de San Juan de Pasto (2012) “El sector antiguo abarca las calles, plazas, plazoletas, inmuebles, incluidos casas y construcciones históricas, en los ejidos, muebles etc., incluidos en el perímetro que tenían estas poblaciones durante los Siglos XVI, XVII, XVIII . Ley 163 30-XII-1959” (Ministerio de Cultura, 2012).

– Teatro Imperial, Pasto (1998) “Los orígenes de este majestuoso lugar se remontan hacia los años veinte del siglo XX. La obra se desarrolló gracias al tesón de Don Rafael Villota Chávez. “La construcción se inicia en 1922 con planos del ingeniero Belisario Ruiz desarrollados por don Juan M Molina, constructor local de vasta experiencia. El interior del recinto es simple, se compone de 5 galerías superpuestas, soportadas con pilares de madera y orientadas en torno a un escenario. El sistema constructivo es el tradicional; la diferencia está en la disposición circular de las galerías y en el cubrimiento del patio central (platea) hecho varios años después de que comenzó a funcionar (1932)”. (Bastidas, J, 2000, p 232). La fachada de estilo republicano, es considerada como uno de los más hermosos ejemplos del arte constructivo Republicano” (Ojeda, Morales & Guerrero, 2012).

– Reserva arqueológica Pupiales (1975) “Gracias a los hallazgos arqueológicos de la tradición cultural de los pastos, se ha podido reconstruir los eventos de su glorioso pasado. Cerámica fue sobresaliente por su gran diversidad de formas, motivos y estilos. En su mayoría tienen buen colorido con dibujos geométricos o bien antropomorfos, zoomorfos y fitomorfos. Sin duda fue elaborada por grupos familiares especializados en la rama -En excavaciones practicadas en diferentes zonas del municipio de Pupiales (Miraflores, Cuas, Inchuchala, Pusialquer, El Espino Sur, Etc.). se han encontrado numerosos artefactos: Platos, ocarinas, urnas funerarias, cantaros, alcarrazas, copas, cuencos, ollas globulares, semiesféricas, gachas, ollas trípodes y diversidad de objetos de trabajo elaborados en piedra” (Tapia, 2006). La riqueza arqueológica de Pupiales, donde se muestra el avance y el desarrollo de los pueblos Pastos aquí asentados, constituye uno de los principales patrimonios de la nación, sin embargo sus tesoros están siendo expropiados y llevados al extranjero. Urge su conservación, ya que muchos particulares se han apropiado de ellos o han hecho donaciones a instituciones particulares, alejando de su pueblo este importante patrimonio.

– Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Sandoná (1999) “Esta majestuosa construcción de estilo gótico se compone de tres naves y cinco entradas, fue edificada con piedra sillar, plomo y cal, una obra que sus habitantes lograron realizando actividades para recaudar fondos y materiales. Esta Basílica alberga una obra excepcional tallada en madera de 6,50 metros, se cree que es la imagen de Cristo Crucificado más grande de Sudamérica, una imagen del Señor de los Milagros elaborada por Alfonso Zambrano, uno de los más reconocidos artistas pastusos” (Situr Nariño, 2020). La iniciativa fue del padre Luis Rodríguez, de Pasto, la cual fue secundada por todos los habitantes, quienes con sus contribuciones lograron levantar este majestuoso templo, construido entre 1946 y 1960. Como anécdota personal, quiero recordar que el Padre Rodríguez era cuñado de una sobrina de mi abuelita materna; en sus visitas a Ipiales, el padre se hospedaba en casa de mis abuelos, una mañana, se levantó, ofició misa en San Felipe, regresó a la casa y les manifestó que sentía mucho frio. Se recostó, mientras mis abuelitos le calentaban una aromática, al regresar, éste ya dormía el sueño eterno. Mis abuelos conservaban como reliquias algunos de sus elementos sacerdotales.

– Saberes asociados a la partería afro del Pacífico (2016) “Nuestros conocimientos, entendidos por nosotras como sabiduría ancestral5, guardan un vínculo con los contextos rurales y con el territorio en general, debido al uso curativo que hacemos de las plantas y a la relación que nosotras, y las comunidades a las que pertenecemos, hemos construido con estos territorios al reconocer en los elementos de la naturaleza un papel importante en el acontecer de la vida y entender su acción directa sobre diversos aspectos de la misma. Este vínculo con el territorio, unido al carácter religioso presente en los santos, santas y los rezos que acompañan el oficio de la partería, son elementos importantes de la espiritualidad que sustenta nuestros saberes. En este sentido, para las comunidades negras del Pacífico, el parto atendido por una partera funda y reafirma este vínculo con el territorio. El parto, así como el proceso de gestación y los primeros momentos que suceden al nacimiento del bebé, son concebidos como un acto de confianza, un acontecimiento único y vital de carácter colectivo que afianza los lazos de solidaridad, no sólo entre la familia del recién nacido, sino también entre este y la comunidad de la cual hará parte. El campo de acción de la partería no se restringe a los cuidados durante la gestación, el parto y el puerperio, sino que se extiende al tratamiento y cuidado de la mujer a lo largo de todo su ciclo vital y reproductivo, la fertilidad en la mujer y el hombre, los cuidados del recién nacido y el diagnóstico y tratamiento de diversas enfermedades. Las parteras, al ser conocedoras de las propiedades medicinales de las plantas y otros alimentos, también hemos brindado estos conocimientos para interpretar la salud y la enfermedad de todas las personas de la comunidad y nuestros servicios son una alternativa confiable, frente al sistema de salud, para la mujer y su familia. Asimismo, nuestra labor tiene una incidencia importante ante la baja cobertura de dicho sistema en diversas áreas del Pacífico colombiano” (Asoparupa, 2017).

Creemos, desde luego, que cada pueblo tiene sus propios patrimonios, aquellos lugares o manifestaciones que permiten el encuentro con su identidad y con su ancestralidad, no como piezas de museo, sino como un entramado que permite entender el legado cultural ancestral que es necesario resguardar. Sin embargo, al declararlos patrimonios, se destinan recursos, se organizan planes de salvaguarda, se crea una sinergia entre las instituciones y la sociedad civil para preservarlos y cuidarlos.

En tal razón, llama mucho la atención que, salvo los saberes de partería, que se comparte con Chocó, Valle y Cauca, ningún otro bien de interés cultural de la nación esté ubicado en el Pacífico nariñense, cuando es una verdad sabida que son verdaderos patrimonios: Manejo de la filigrana de Barbacoas; celebraciones religiosas Virgen de Atocha de Barbacoas y Fiestas del Nazareno de Magüi Payán; Iscuandé como baluarte de la Independencia; Reserva arqueológica de la Cultura Tumaco-La Tolita; Conjunto natural Sanquianga, municipios de La Tola, Mosquera, El Charco, Bocas de Satinga e Iscuandé; Arco del Morro y la peña de El Quesillo, en Tumaco; Gastronomía del Pacifico nariñense; Reserva arqueológica de Ricaurte y Mallama; lengua Awá Pit (comunidad Awá de Ricaurte y Barbacoas); lengua epérã pedée o Pede (comunidad Eperara Siapidara, municipio de El Charco y Olaya Herrera). Por mencionar algunos que debería contemplar el Ministerio de Cultura.

Y así, muchos más, en todas las regiones que conforman a Nariño, que en sí mismo es un patrimonio, ya que es el único departamento del país que en su territorio cuenta con Pacífico, Andes y Amazonía, los cuales esperamos cuidar como un espacio de vida actual y un legado para los futuros nariñenses.

Referencias

Asoparupa (2007). Plan especial de salvaguardia de los saberes asociados a la partería afro del Pacífico. Bogotá: Ministerio de Cultura.

Ministerio de Cultura, resoluciones declaratoria de patrimonio y bienes de interés cultural.

Ojeda, J; Morales, J; & Guerrero, E. (2012). El centro histórico de San Juan de Pasto y su patrimonio material inmueble. Trabajo de grado maestría en educación. Pasto: Universidad de Nariño.

Sinic (2020). Sistema Nacional de Información Cultural. Nariño. Consultado el 20 de junio de 2020, disponible en: http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&COLTEM=216&IdDep=52&SECID=8

Tapia, A (2006). Proyecto de mejoramiento de la competitividad del sector joyero Colombiano. Bogotá: Ministerio de Industria y Comercio.

Unesco (2003). El texto de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Consultado el 20 de junio de 2020, disponible en: https://ich.unesco.org/es/convenci%C3%B3n

Unesco (1972). Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural. Consultado el 20 de junio de 2020, disponible en: http://whc.unesco.org/archive/convention-es.pdf

Unesco. Resoluciones declaratoria patrimonios de la Humanidad – Colombia.

Comentarios

Comentarios