Nariño tipo exportación

Por: Aníbal Arévalo Rosero

 

Mucha tinta ha corrido, se han hecho discursos veintejulieros, promesas de campaña y poemas corajudos para resaltar las bondades de la gente del sur, pero todo parece quedar en buenas intenciones porque los resultados no están a la vista. Es bien cierto que los nariñenses somos gente bondadosa, trabajadora, honesta y estudiosa, entre otras cualidades que se podrían resaltar. Nos sentimos felices cuando un deportista nuestro se convierte en figura nacional o internacional, salimos a recibirlo en carro de bomberos a Chachagüí; festejamos al ritmo de La Guaneña los goles del Deportivo Pasto. Todos estos elementos contribuyen indudablemente a despertar el sentido de pertenencia por nuestra tierra.

 

Pero la realidad que vive nuestro departamento no es la mejor. Según el Dane, el producto interno bruto (PIB) de Nariño es de apenas el 1.5 por ciento del país; lo que quiere decir que de 100 pesos de la producción nacional, Nariño aporta apenas un peso con cincuenta centavos. Una cantidad muy pequeña que no nos vuelve competitivos frente a los demás departamentos.

 

En Pasto hicieron presencia inmigrantes alemanes y palestinos que contribuyeron a darle empuje al comercio, pero poco a poco han ido desapareciendo. Desafortunadamente la poca industria que había se liquidó o se fue, restando oportunidades laborales. Pero también la incursión de empresas multinacionales ha sido un factor que afecta la economía regional puesto que ellos fomentan un empleo mal pagado y las utilidades no se reinvierten sino que salen de la región.

 

A ello se suma que el departamento de Nariño ha sido uno de los más azotados por el narcotráfico, los grupos armados ilegales, las bandas delincuenciales, formas de economía ilegal, las pirámides y algunos factores económicos por ser zona de frontera. Toda una serie de flagelos que debilitan nuestra menguada economía.

 

Pero no podemos quedarnos cruzados de brazos ante esta situación, tenemos que buscar otras formas que contribuyan a generar empleo. En otras oportunidades hemos enfatizado en el tema de la promoción turística debido a los grandes recursos naturales que poseemos. Esta vez queremos echar una mirada sobre las tradiciones gastronómicas que son ricas y variadas.

 

El departamento del Valle está exportando hacia los Estados Unidos algunos productos de su gastronomía como el manjar blanco, el pandebono, el pan de yuca y repostería. Lo propio ocurre con el departamento del Huila que aprovecha muy bien la tradición para vender sus productos alimenticios elaborados con base en el almidón de achira, que se consumen en toda Colombia y se exportan al exterior.

 

Quiero citar dos países que tienen una gran connotación en la exportación de su gastronomía como son México y Perú. Los dos tienen un gran arraigo en su cultura ancestral con base en la cultura del maíz, y hoy por hoy han sabido aprovechar esa denominación de origen para generar grandes beneficios económicos. El primero exporta tortillas, arepas, burritos, tacos y una gran cantidad de golosinas elaboradas con chiles.

 

El Perú, por su parte, ha industrializado el maíz en una variedad de productos, recetas, bebidas y dulces como los elaborados a partir del maíz morado. Esto muy aparte de las importantes exportaciones pesqueras que hace a nivel mundial.

 

El departamento de Nariño tiene una tradición gastronómica muy importante representada en deliciosos manjares que se mantienen, pero que otros corren el riesgo de desaparecer con el paso de las generaciones. Cómo no exportar unas deliciosas rosquillas de El Tambo, las colaciones de azúcar, los suspiros, los alfajores, el dulce de leche, las allullas, el pan de maíz de Ipiales, las panuchas, las moncaibas y tantas delicias que contribuirían mejorar nuestra maltrecha economía.

 

Si lo soñamos, lo podemos hacer. Queda la inquietud en manos de los lectores para que enriquezcamos esta iniciativa.

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