¡Ni uno más!

Por: Carlos Eduardo Lagos Campos *

 

“Peregrinaremos junto a todas las resistencias para unir todos los fuegos. Seremos amor en medio del conflicto.”

Boris Delgado.

 

Desde que se firmaron los acuerdos de PAZ hasta la fecha, cada tres días se asesina a un líder social en Colombia. Según datos de la Defensoría del Pueblo hasta ayer eran 310 los lideres asesinados, hoy amanecimos con uno más, y pareciera que no hay quien detenga este holocausto de muerte y terror sin que el Estado y la sociedad se sorprendan o actúen para evitar tanta barbarie y tanta desesperanza en todas las regiones del país.

Pero adicionalmente a lo terrible de esta situación, lo más alarmante es que estos actos de intimidación, segregación y exterminio no tengan como respuesta una reacción efectiva por parte del Gobierno, la Fiscalía, la rama jurisdiccional, nuestras fuerzas militares y de la Policía. No es suficiente que el presidente en ejercicio y el electo, manifiesten públicamente que no están de acuerdo con ello, por supuesto que así debe ser; pero lo que el país necesita son acciones qué impidan que los actores de violencia impongan su voluntad a través del uso de la fuerza y del terror.

El país ya no aguanta más, miles de colombianos en su mayoría estudiantes se reunieron en las plazas públicas de todo el país, en una “VELATÓN” para protestar por las muertes de estos activistas ocurridas durante el posconflicto.

La apatía y el silencio de los colombianos y de nuestros dirigentes frente a estos hechos aumentan el hedor que producen los mismos.

Frente a esto, un minuto de silencio fue la respuesta que los colombianos realizaron para exigirle al estado qué cese la violencia y que se consolide la PAZ. ¿Pero cómo puede consolidarse una PAZ, sí desde el propio gobierno se despilfarran los recursos dispuestos para estos fines y en la propia ejecución de los acuerdos se han realizado toda clase de abusos y triquiñuelas, incluso, hasta en la elección de los magistrados de la jurisdicción especial?  La PAZ no es un documento, la PAZ se debe traducir en acciones concretas que garanticen su consolidación.

Que no sea esto el retorno de épocas donde predominó el dominio de fuerzas oscuras, que no sea esto el preámbulo de los discursos guerreristas de campaña materializados en estos hechos terribles, esperemos que no. Por lo pronto, no podemos afirmar que esto se deba a los resultados electorales; la realidad es que estos hechos se vienen presentando en las regiones, como una consecuencia de la ausencia del Estado, especialmente luego del retiro de las Farc en esas zona, en las cuales es común la lucha a muerte entre las bandas criminales, incluidas las disidencias de las FARC, quienes se enfrentan para hacerse al poder y a las rutas del narcotráfico. En ese escenario, cualquier LÍDER SOCIAL que aparezca se convierte en víctima fácil para estos actores de violencia. La pregunta de fondo es, ¿dónde está el Estado? No el entrante, sino el que se encuentra en ejercicio, el que tiene la responsabilidad en estos momentos de ocupar las área dejadas por las FARC. Si no lo hizo, perdimos todos los esfuerzos realizados en las negociaciones en procura de la estabilidad y seguridad del país.

Por supuesto que los discursos qué realizan o incentivan la violencia y la segregación tienen una lectura más profunda en las regiones donde se vive la violencia, en consecuencia es razonable afirmar que le asiste una gran responsabilidad a los líderes políticos por estos resultados; sobre todo cuando después de una masacre como la de los jóvenes de Soacha se escucharon expresiones como la de “De seguro, esos muchachos no estaban recogiendo café”

Desde esta tribuna alzamos nuestra voz de protesta frente a las autoridades y a quienes tienen la responsabilidad de prevenir, investigar y sancionar estos delitos, y a su vez nuestra voz de aliento a todos los líderes sociales y a sus familias para que continuemos luchando por la construcción de una nueva República.

*Abogado y Analista Político.

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