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No le den papaya a Petro

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Lo más disparatado que le puede ocurrir a una contienda electoral es que los candidatos presidenciales de la derecha en vez de dedicarse a hacer campaña por su ideario político se dediquen a lanzar falsas denuncias en contra de Gustavo Petro, acusándolo de comunista, castrochavista y de otros improperios que ha acuñado el uribismo y sus aliados en los medios de comunicación.

Son asuntos traídos de los cabellos. Para empezar, el señor Gustavo Petro nunca militó en una organización comunista como para ganarse ese rótulo. Si repasamos la historia reciente del país vemos que el M-19 nunca se declaró como comunista o marxista-leninista (ellos siempre fueron muy claros en eso); el surgimiento del M-19 corresponde a la inconformidad con el fraude de las elecciones del 19 de abril de 1970, en las que dieron como ganador a Misael Pastrana Borrero sobre el general Gustavo Rojas Pinilla.

Esta organización jamás dijo que pretendían cambiar el modelo económico en Colombia, sólo querían el restablecimiento de la democracia plena, puesto que liberales y conservadores se habían turnado en el poder con el llamado frente nacional. Y quienes detentaban el poder eran las familias más acomodadas del país. Por lo tanto, el M-19 surge de las entrañas de la Anapo, fundada por el mismísimo general Rojas Pinilla. Entonces, ¿Cómo se atreven a decir semejante disparate?

Pero, claro, como dicen por ahí, confunde y reinarás. Aun así, el tiro les ha salido por la culata, porque por todo cuanto juzgan a Petro, la prensa acude presurosa a entrevistarlo, y así mantenerlo en la primera línea del debate político. Se ha dicho que si Petro llega a la presidencia, nuestro país se volverá como Venezuela, pero nunca dicen que se puede volver como Brasil que potenció su economía, como Uruguay que tuvo un presidente con mucha sapiencia y humildad, como Ecuador que salió de una inestabilidad política de décadas o como Portugal que garantiza un buen nivel de vida para sus habitantes.

Todos estos países han sido gobernados por gobiernos de tendencia izquierdista y son exitosos en su economía y estabilidad política. Y Petro ha dicho que va a respetar la propiedad privada, no habrá expropiaciones como las que hizo Hugo Chávez en Venezuela. Antes por el contrario, ha dicho que él quiere una economía floreciente como la del Brasil e incluso un modelo empresarial como el de los Estados Unidos en materia tributaria.

No obstánte, a Petro se lo juzga –mientras fue alcalde de Bogotá- por el manejo de las empresas  públicas con el mantenimiento de esta categoría o su estatización, como ocurrió con la empresa Aguas de Bogotá, en la cual se beneficiaron más de 3.700 operarios y con mejores salarios de los que paga la empresa privada; pero también se beneficiaron los recicladores, puesto que los operadores privados no les daban la oportunidad de recuperar algunos materiales reciclables. Ahí está el disgusto que les queda, no darles la oportunidad a miles de familias que puedan obtener unas utilidades que les permita sobrevivir. Además de las sanciones que recibió por no subir las tarifas del sistema público de transporte.

Su vasto desempeño en la aplicación del programa de la Bogotá Humana permitió llevarles calidad de vida a amplios sectores de la capital que viven en condiciones precarias, llevándoles salud, educación, cultura, el mínimo vital de agua y obras de infraestructura que permitieron mejorar su calidad de vida.

La inteligencia y la expresividad de Petro son incomparables, tiene el mayor conocimiento del país en materia económica y social. Y como popularmente decimos los colombianos que “no hay que dar papaya”, él ha salido a darles sopa y seco a quienes con encono lo critican. Ha sabido revertir tanta infamia de políticos de derecha que sólo piensan en sus estómagos y el de los grandes empresarios, manteniendo el statu quo, pero nunca pensaron en los más pobres. Y no menos infames han resultado los periodistas al servicio de los grupos económicos, como la señora Vicky Dávila y Jaime Bayly.

Es la oportunidad para que un pueblo tome el camino de la verdadera democracia; hemos vivido más de 200 años gobernados por las mismas familias de criollos que hasta sus apellidos se repiten por generaciones. Petro encarna ese sentir de un gobierno con equidad. El pueblo tiene la palabra.

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